Aunque muchos acusen al algoritmo, el contenido tóxico no lo necesita para ganar popularidad
Las redes sociales nacieron con el objetivo de reducir las distancias físicas entre personas a través de formas de contacto directas. Así, el apogeo de Facebook dio pie a opciones como Instagram, Twitter y Snapchat que, de una forma u otra, consiguieron que muchos usuarios pudieran contactar al instante con otros que se encontraban a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, el odio y las malas praxis han proliferado en los últimos años y, como consecuencia directa de ello, hemos llegado a un punto de no retorno con las redes sociales.
Como señala Ars Technica, estas plataformas se han vuelto disfuncionales: en lugar de unir, generan cámaras de eco, desigualdad de atención y polarización. De esta forma, el problema no solo se debe a la imposición de algoritmos o la importancia del sesgo humano, sino a la propia estructura de las plataformas. Para analizar esta situación, unos investigadores de la Universidad de Ámsterdam utilizaron modelos basados en agentes e IA con la intención de simular comportamientos en redes, una visión que les llevó a descubrir una oscura verdad.
El problema de las redes sociales
Como indica la publicación original, los investigadores descubrieron que las dinámicas tóxicas surgen de manera natural en el modelo básico, razón por la que no es necesario añadir algoritmos de ningún tipo. Para ello, probaron hasta seis intervenciones (feeds cronológicos, mayor diversidad, algoritmos de puente u ocultar métricas sociales, entre otros), pero ninguna resolvió el problema de fondo. De hecho, algunas intervenciones incluso llegaron a empeorar la situación, ya que los investigadores vieron cómo la situación se salía de control.
Un ejemplo de ello podría ser la imposición de un feed cronológico que, a pesar de reducir la desigualdad de atención, potenció la aparición del contenido extremo. De esta forma, los resultados muestran que la toxicidad surge de la interacción entre estructura de red y conducta emocional, un aspecto que defienden a través de compartir publicaciones de indignación, odio o tristeza. Esto, a la postre, genera un bucle de retroalimentación tóxico, ya que los extremos ganan visibilidad y moldean la red al mismo tiempo que siguen reforzando estos mismos extremos.
De esta forma, el 1% de los usuarios concentra la mayor parte de la atención y, por ende, se construye una distribución de poder desigual. Como consecuencia directa de esto, se crea una percepción falsa de mayor polarización política de la que realmente existe, llegando a afectar a campos como el periodismo o la cultura. Por desgracia, el auge de los modelos de lenguaje y la IA ha agravado la situación, ya que sirven para generar contenido que propaga la desinformación y manipula datos políticos. Por ello, el futuro de las redes sociales pasa por un rediseño radical que podría llevarnos a la desaparición de los modelos actuales.
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En 3DJuegos | Una nueva ley en EEUU podría hacer que tus redes sociales decidan tu destino en el país norteamericano
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