
En Tierra Hostil fue una de las sorpresas de los Óscars 2010, tanto por su poquísimo presupuesto como por su competencia
Lo bueno del cine bélico es que puede abarcar prácticamente todo tipo de conceptos: desde el drama hasta el romance, pasando por el terror, como ya hizo Overlord en 2018, o el humor y el amor por el arte, como The Monuments Men, con George Clooney y Matt Damon. Sin embargo, hoy ponemos el foco en la guerra de Irak desde una perspectiva única: la de los artificieros. En tierra hostil, el largometraje de Kathryn Bigelow protagonizado por Jeremy Renner, se convirtió en una de las grandes sorpresas de los Oscar de 2010 al imponerse a Avatar, de James Cameron, y ahora tiene los días contados en Netflix.
Según ha especificado la compañía, la cinta abandonará el catálogo de la plataforma el próximo 24 de octubre. Tras esa fecha, solo estará disponible en Movistar Plus+, tanto en el paquete general como en Ficción Total. Por ahora, no hay información sobre qué otra plataforma de streaming podría acoger la película.
Una película bélica que pudo rivalizar con Avatar
Ambientada durante la guerra de Irak, la película se sitúa en el caos bélico de la región en 2004, pero pone el foco en un equipo de artificieros del Ejército estadounidense que debe desactivar explosivos improvisados en un entorno donde cualquier calle, vehículo o edificio puede esconder una amenaza mortal. Tras la muerte del sargento al que interpreta Guy Pearce, William James, al que da vida Jeremy Renner, toma el mando de la unidad. El actor aún no había dado el salto a Marvel y, de hecho, esta película supuso un trampolín decisivo para su carrera antes de interpretar a Ojo de Halcón. El problema es que a James le importa poco su propia vida, y sus acciones temerarias, casi suicidas, lo enfrentan a sus compañeros y superiores.
Más allá del drama humano, En tierra hostil funciona como un thriller bélico por la tensión que genera durante las operaciones de desactivación de explosivos en Faluya, más que por los tiroteos. De hecho, parte de esa sensación de autenticidad se debe a Mark Boal, quien, además de escribir el guion, trabajó como periodista y acompañó a un equipo real de desactivación de explosivos en Irak en 2004. A partir de sus experiencias, Boal construyó una historia ficticia que busca recrear con precisión los procedimientos, la presión y los materiales utilizados por los artificieros a comienzos del milenio.
Bigelow, por su parte, apostó en gran medida por las cámaras al hombro, los planos cercanos y una puesta en escena sobria, sin artificios, para que la tensión se concentrara en el proceso de desactivación y no tanto en lo que ocurría alrededor. La película, sin embargo, no estuvo exenta de críticas por parte de quienes conocían de primera mano el trabajo de los artificieros. Algunos militares y veteranos de Irak cuestionaron la actitud temeraria de los especialistas que aparecen en pantalla. Guy Marot, antiguo especialista británico en desactivación de explosivos, criticó decisiones como manipular munición pesada con el traje de protección puesto o intervenir sin recurrir a robots y otros procedimientos habituales.
Sea como sea, con un presupuesto modesto de unos 15 millones de dólares, la recaudación de En tierra hostil en los cines superó ampliamente su inversión inicial, un logro que llegó acompañado de aplausos y premios. Su reconocimiento culminó en la ceremonia de los Oscar de 2010, donde la película obtuvo nueve nominaciones, entre ellas las de mejor película, mejor dirección, mejor actor y mejor banda sonora; de las cuales se llevó seis premios. Aquella edición fue especialmente reñida, con Bigelow compitiendo contra cineastas como Quentin Tarantino, James Cameron y Jason Reitman. Finalmente, fue ella quien se alzó con el premio a mejor dirección. Curiosamente, Bigelow y Cameron habían sido pareja en los años noventa, y la directora terminó arrebatándole el Oscar a la Avatar de su expareja, que llevaba diez años sin ganar uno. Una pena.
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