
DC entierra dos de sus series más esperadas y Disney cancela a los Power Rangers en la misma semana: no sé qué me da más pena
Llevo unos días con la sensación de estar leyendo siempre malas noticias en relación a proyectos cancelados, y no solo en videojuegos. Un estudio de la talla de Warner o Disney anuncia con fanfarrias una serie basada en una propiedad intelectual que todos reconocemos, pasan dos o tres años de silencio, y un buen día aparece un titular en un medio especializado explicando que aquello nunca llegó a existir realmente. Esta semana han caído tres de golpe, y encima de franquicias que me importan bastante. Warner ha decidido apartar del desarrollo prioritario dos de las series que sostenían el papel del nuevo DCU, mientras Disney+ hacía lo propio con el regreso de los Power Rangers. Sospecho que a estas alturas ya nos hemos acostumbrado tanto a este tipo de noticias que apenas nos detenemos a pensar en lo que significan.
Más de 3 años años en desarollo para nada
Cuando James Gunn y Peter Safran presentaron en enero de 2023 el famoso "Chapter One: Gods and Monsters", la lista de seis series parecía la parte más sólida del plan. Ahí estaba Waller, con Viola Davis retomando a la funcionaria más despiadada del universo DC después de su paso por Escuadrón Suicida, Peacemaker y Creature Commandos. Y estaba también Paradise Lost, una precuela ambientada en Themyscira y la mitología de Wonder Woman que se vendió con la etiqueta de "el Juego de Tronos de DC", esa fórmula de marketing a la que nadie se resiste desde 2019. Según ha adelantado Variety y ha matizado después TheWrap (y mis compañeros de Espinof), ninguna de las dos sigue en desarrollo prioritario. Paradise Lost pasó por varios cambios de guionista sin encontrar nunca la versión que convenciera a la dirección, y simplemente se quedó en un limbo creativo.
El recuento de bajas resultante deja el plan de futuro de DC bastante más flaco de lo que se anunció. De aquellas seis series, dos han llegado a emitirse, una llega este mismo domingo con Lanterns en HBO Max, otra sigue en el aire con junto al Booster Gold que perdió a David Jenkins por el camino y ahora se rehace con equipo nuevo, y queda también la serie de Jimmy Olsen con Skyler Gisondo y Jimmy Tatro, que se anunció a rebufo de la peli de Superman de James Gunn y que no formaba parte de los planes iniciales. Vamos, un lío: una fase uno que se está terminando de escribir sobre la marcha, y tras la que no parece que haya un plan maestro por mucho que diga James Gunn; Gunn, por cierto, ha defendido públicamente que varios de esos proyectos siguen vivos en algún cajón, y probablemente sea verdad, pero un cajón no es una fecha de estreno.
Supergirl no ha hundido el DCU, aunque sí ha cambiado las cosas
Claro, esto es un negocio y la raiz de todo este problema es el de siempre: los números. Supergirl costó unos 170 millones de dólares de producción más otros 120 largos de campaña, abrió con 38 millones en Estados Unidos y apunta a cerrar en el entorno de los 200 o 210 millones mundiales, cuando el punto de equilibrio estaba situado por encima de los 300. Las estimaciones que circulan hablan de pérdidas de entre 80 y 125 millones según quién haga la cuenta y cómo la haga. Safran ha respondido con la fórmula habitual, reconociendo que la película no cumplió expectativas y recordando que forma parte de una estrategia más amplia en la que siguen confiando. Tal vez el problema es que el verano anterior Superman había recaudado 618 millones y toda la planificación posterior se construyó asumiendo que ese sería el suelo y no el techo de las siguientes recaudaciones. O que la película, simplemente, no ha gustado.
Cuando una película así se queda corta, lo primero que se resiente nunca es la película siguiente, sino la lista de proyectos que todavía están en desarrollo. En un universo hiperconectado como el que está tratando de establecer DC al estilo de Marvel Studios se hacen muy evidentes lor problemas, ya que acumula apenas un puñado de estrenos y de momento hay más patinazos que taquillazos, y es una pena. En ese esquema los proyectos son la parte más fácil de recortar porque no tienen contratos firmados, ni sets construidos, ni fecha comprometida con nadie y las pérdidas son asumibles. Por eso caen Waller y Paradise Lost y no caen Lanterns ni la próxima película de la Wonder Woman, que ya están demasiado avanzadas para dar marcha atrás. Muy mal se tiene que dar la cosa para que DC tenga que echar un freno con la reinvención de Wonder Woman y Batman en un proyecto que hasta ahora lidera un solitario Superman y en el que se ha demostrado que otros personajes más secundarios como Supergirl no son igual de atractivos para los espectadores Es una lógica contable perfectamente comprensible.
Los Power Rangers y Buffy han muerto por el mismo motivo
No solo en Warner cuecen habas. Lo de Disney+ me ha dolido más de lo que esperaba, la verdad. La nueva serie de imagen real de los Power Rangers llevaba más de dieciocho meses en desarrollo con 20th Television y Hasbro, y la firmaban Jonathan E. Steinberg y Dan Shotz, es decir, los responsables de que la adaptación de Percy Jackson y los dioses del Olimpo funcionase razonablemente bien cuando nadie apostaba un duro por ella. Algo pasa con esta licencia, porque antes de Disney fue Netflix la que canceló otro proyecto. El caso es que yo tenía curiosidad por ver qué hacían en Disney con un material que siempre ha vivido en la frontera entre la epopeya adolescente y el disparate autoconsciente. Según Deadline, el proyecto no sigue adelante por "decisiones de negocio", que es la manera elegante de decir que las cuentas, de nuevo, no salían.
Y es exactamente la misma historia que ya vivimos el pasado mes marzo con el reboot de Buffy, donde Hulu decidió no continuar después de ver el piloto que había dirigido nada menos que la oscarizada Chloé Zhao, con Sarah Michelle Gellar de vuelta y una nueva cazadora llamada Nova. El regreso de dos series legendarias canceladas en la misma casa, en el mismo año. Lo que más me inquieta no es que se cancelen proyectos, porque eso ha pasado siempre y seguirá pasando. Es que los estudios hayan descubierto que anunciar una serie sale gratis y cancelarla también. Ellos nos lanzan la ideas, sacan el aplausómetros, miden las reacciones públicas de los fans y espectadores, comparan los resultados con sus propias cuentas, y si no salen las cuentas, si te he visto I don’t remember. Lo de confiar en el proyecto o lass ideas es ya algo muy secundario, parece, ahora todo es un concurso de popularidad que se mide en el plano social incluso mucho antes del estreno. Alguna vez habrá que preguntarse cuántas veces estamos dispuestos a ilusionarnos con anuncios que nadie va a llegar a rodar.
Me quedo con una sensación rara al escribir todo esto. Cuando murió Jason David Frank, el Power Ranger verde, en 2022, mucha gente de mi generación se dio cuenta de golpe de cuánto significaba aquella serie para nosotros. Depositar esperanzas en un Universo Cinematográfico de DC sólido y estructurado en estos momentos también parece complicado. Es comprensible que las grandes productoras miren por sus beneficios, que para eso son empresas, con sus inversores y toda la pesca, pero me queda la sensación que dentro de una nueva mentalidad cortoplacista, en la que se piensa en un beneficio inmediato y no en planes de largo recorrido a 10 años vista, se desconfía enormemente de los proyectos que se presentan, como si el hecho de haberles dado luz verde internamente ya no significara absolutamente nada contra la opinión pública de unos espectadores cada vez más desencantados y desilusionados, y con razón. El hambre y las ganas de comer.
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