Este clásico de Tim Curry, se ha mantenido en cartelera de forma ininterrumpida más de 50 años y no es solo una gamberrada: es el mejor manifiesto de ciencia ficción que hemos tenido

Este clásico de Tim Curry, se ha mantenido en cartelera de forma ininterrumpida más de 50 años y no es solo una gamberrada: es el mejor manifiesto de ciencia ficción que hemos tenido

50 años después sigue siendo la película más inteligente disfrazada de la más tonta, y hoy comprendo lo que siempre fue: un consejo que no supimos entender

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Este clásico arranca recitando los títulos de las mejores pelis de la serie B, un guiño a la cultura pop tras el que se esconde lo que siempre se esconde detrás de la ciencia ficción: un mensaje, en la mayoría de ocasiones, un mensaje de advertencia. Antes de que aparezca un solo personaje, unos brillantes labios rojos flotantes repasan a Michael Rennie en Ultimátum a la Tierra, a Flash Gordon, a Claude Rains haciendo de hombre invisible, a Fay Wray sufriendo con King Kong, y de ahí sigue con Doctor X, con Anne Francis en Planeta prohibido, con Leo G. Carroll y su Tarantula, con Janette Scott peleándose con los trífidos y con Dana Andrews en La noche del demonio. La lista es larga y de categoría, pero no explica nada. O te suenan los nombres o no te suenan, pero si los conoces genera en el espectador un extraño efecto de camaradería, de estar entre amigos que manejan tus mismos referentes. Sin embargo, nada te prepara para lo que vas a ver

Esa manera de empezar tiene más pedigrí del que parece, es un truco que la Ilíada ya usaba con su catálogo de naves, y funciona por lo mismo: el que reconoce los nombres se siente parte del grupo, y el que no, se apunta a seguir escuchando intrigado por semejante acumulación de enigmáticos referentes. Richard O'Brien no solo estaba homenajeando a la serie B, estaba estableciendo un idioma común con el espectador, ese código compartido que separa a los que lo pillan de los que no, empieza formalmente aquí y es algo que 50 años después describe perfectamente esta loca película: The Rocky Horror Picture Show

Dioses, monstruos, travestis, aliens y rockeros

Hay una anécdota de The Rocky Horror Picture Show que dice mucho sobre su espíritu: el rodaje ocupó ocho semanas en los estudios Bray a partir de finales de octubre de 1974, y se reaprovecharon atrezo y piezas de decorado de las famosas pelis de terror de la Hammer, algo que encaja con el nivel de presupuesto que manejaban. Pero también con esa idea de crear el heredero definitivo, y bizarro, de una serie B cinematográfica de escasos recursos pero mucha personalidad que mientras nos hablaba de Frankenstein, Drácula o Sherlock Holmes, en realidad señalaban otras cosas más serias. No hay parodia posible más honesta que rodar la parodia usando las herramientas de tu referente original original.

Los espectadores empezaron a acudir disfrazados, responder a los diálogos, cantar, bailar y representar las escenas frente a la pantalla

El estudio era un cuchitril precioso y helado. Ni Oakley Court ni Bray tenían calefacción ni baños, y Susan Sarandon, eterna protagonista de este festival erotico alienígena musical, terminó el rodaje con una neumonía. Una película pequeña, humilde, y extraña que estaba llamada a escandalizar y cambiar el mundo. O al menos, a intentarlo con mucho entusiasmo y un par de tremendos temazos. La película que hoy asociamos al exceso y al purpurina se hizo sin apenas dinero y la verdad es que gusta más así. Os lo cuento porque si no conocéis The Rocky Horror Picture Show a lo mejor, de primeras, os parece algo infame. Tienes razón, era infame, y esa es su intención.

The Rocky Horror Picture Show cuenta la historia de Brad y Janet, una joven pareja que, después de sufrir una avería en su coche durante una noche de tormenta, acaba refugiándose en la misteriosa mansión del doctor Frank-N-Furter, un extravagante científico que está a punto de presentarles a Rocky, su particular creación. A partir de ahí, ambos quedan atrapados en un universo de canciones, deseo, transgresión y personajes que desafían las convenciones sociales de la época. La película fue dirigida por Jim Sharman y escrita por Sharman junto a Richard O'Brien, autor del musical teatral The Rocky Horror Show, que había triunfado en Londres desde 1973.

El mundo estaba cambiando, se estaba transformando en aquel lejano 1975, le pesara a quien le pesara. E iba a ser un mundo mejor, si le dejaban

La peli de 20th Century Fox trasladó buena parte del reparto original al cine, con Tim Curry como Frank-N-Furter, Susan Sarandon como Janet, Barry Bostwick como Brad, Richard O'Brien como Riff Raff, Patricia Quinn como Magenta, Little Nell como Columbia y Meat Loaf como Eddie. Su estreno en 1975 fuede lo más discreto: recibió críticas tibias o directamente negativas y funcionó mal en taquilla, hasta el punto de ser retirada de muchas salas. Y no es solo que la película resultara extraña para la época, es que muchos espectadores se sintieron ofendidos.

Curiosamente la peli se convirtió en un fenómeno de culto cuando comenzó a proyectarse de madrugada, especialmente en Nueva York a partir de 1976, y los espectadores empezaron a acudir disfrazados, responder a los diálogos, cantar, bailar y representar las escenas frente a la pantalla. Aquella forma de participación convirtió una película inicialmente considerada un fracaso en un evento contracultural y en uno de los grandes referentes del cine como espectáculo metatextual, especialmente para públicos queer y espectadores que encontraban en su celebración de la libertad sexual y la identidad un espacio de expresión.

Todo el mundo recuerda el corsé, y casi nadie recuerda que esto termina en una invasión alienígena

Aquí está lo que llevo años queriendo escribir, y el fallecimiento del tremendo Tim Curry, gran estrella de The Rocky Horror Picture Show en el papel del Dr. Frank-N-Furter me ofrece la oportunidad perfecta. Sirva este texto de homenaje a él y a todos los profesionales raros y valientes que dieron forma a esta locura. Rocky Horror se vende como terror gótico musical, y durante hora y media lo es, con su tormenta, su castillo, su científico loco y su criatura nacida en un laboratorio. Pero claro, hay mucho más. Para empezar, hay purpurina, rimel, lentejuelas, carmín, corsé, medias y  Riff Raff y canciones pegadizas. La película que empieza como referencia a Frankenstein termina pareciéndose a Flash Gordon, y lo hace como cabaret clandestino. Es una mezcla rara, lo sé, pero estos géneros comparten en mayor o menor medida el ser espectáculos frecuentemente asociados históricamente a espacios de resistencia o lucrativos subterráneos durante buena parte del Siglo XX, bajo denominaciones judiciales/policiales como "saraos" o reuniones de "vagos y maleantes".

 The Rocky Horror Picture Show es el estreno con la carrera comercial más larga de la historia del cine

Ese mezcla es el corazón de esta peli y suele quedar tapado por lo que tiene de caricaturesco, de extraño, de provocativo, de osado y de extravagante. La ciencia ficción no es el decorado de la trama (completamente estúpida, obviamente), es la excusa para hablar de otros temas mucho más importantes. De primeras lo normal es que te quedes con la imagen de un imponente Tim Curry con medias de rejilla, pero en realidad es la historia del personaje la que hace una llamada de atención a una realidad que, como la propia peli, tuvo que hacer frente: el mundo estaba cambiando, se estaba transformando en aquel lejano 1975, le pesara a quien le pesara. E iba a ser un mundo mejor, si le dejaban.

Siguiendo con esta idea, ni la propia distribuidora sabía muy bien qué hacer con The Rocky Horror Picture Show. Obviamente era una película para adultos, pero también era un musical. Aunque parecía una peli de ciencia ficción. La solución fue estrenarla de tapadillo y promocionarla lo menos posible. El primer pase de medianoche fue el 1 de abril de 1976 en el Waverly Theatre de Greenwich Village. No la vio casi nadie, claro, pero el boca a boca a boca entre pequeños colectivos comenzó a reunir a diferentes grupos de espectadores que acudían semanalmente a ver la película, disfrazados como los protagonistas, y con las canciones y las coreografías ya aprendidas.

Según J. Hoberman en el libro Midnight Movies, unos cinco meses después de arrancar aquellos pases ya se había establecido la costumbre de que los espectadores más motivados interpretaran la peli delante de la pantalla, lo que a su vez no solo atraía a otros amantes de la película, si no a curiosos que tenían más interés en el espectáculo de los aficionados en directo que en la propia película. Hoy es el estreno con la carrera comercial más larga de la historia del cine: se ha mantenido en cartelera de forma ininterrumpida desde su estreno hace más de 50 años. Nadie pensó que pudiera pasar eso. 

La primera vez que la vi no me gustó nada, y hoy me parece que la necesitábamos más de lo que supimos ver

Voy a ser honesto con vosotros. La primera vez que vi Rocky Horror no me gustó absolutamente nada. Claro, ¿cómo me iba a gustar? La culpa fue del videojuego. Yo tenía la versión de Spectrum que se dictó en 1985, y no tenía ningún referente de la peli. El juego te ponía a correr por el castillo buscando piezas de la máquina Medusa antes de que la mansión se transformara en nave y despegara. Para mí estaba clarísimo que esto era una peli de marcianos, no un espectáculo musical de travestis. Cuando vi por fin la peli, ya en la adolescencia, era demasiado joven para entenderla como la entiendo ahora, que es como una película necesaria. Me faltaban años, me faltaban lecturas y sobre todo me faltaba haber visto lo suficiente para reconocer que The Rocky Horror Picture Show no era ninguna tontería, sino una propuesta muy seria sobre cómo vivir. 

Su mensaje no consiste tanto en decir que todo vale, sino en invitar al espectador a perder el miedo al juicio ajeno

Ha sido ya de adulto cuando he entendido que The Rocky Horror Picture Show es, en el fondo, una celebración de la libertad para ser uno mismo frente a las normas que dicta la sociedad. Bajo su apariencia de musical extravagante la película cuestiona la represión sexual, los prejuicios sobre la identidad y el miedo a expresar el deseo, utilizando a Frank-N-Furter como símbolo de una forma de vivir ajena a las convenciones sociales. La propia peli fue ajena a las convenciones sociales de la industria del cine, también. Su mensaje no consiste tanto en decir que todo vale, sino en invitar al espectador a perder el miedo al juicio ajeno y descubrir quién es realmente, aunque ese proceso resulte incómodo, caótico o incluso liberador. Tiene una vertiente claramente sexual, es obvia, pero que cada cual se lo lleve a su terreno y que vea que no hay nada malo ser diferente, ya seas ornitólogo o transformista. En mi caso, se trataba de asumir que a mí me gustaban los cómics, los videojuegos y el cine a una edad en el que a los chavales parecía que solo debía gustarles el fútbol. Sé que parece una tontería, pero para mí era importante: en realidad se trata de vivir feliz siendo quien eres.

"It's just a jump to the left... And then a step to the right". Si no has bailado el Time Warp, no sabes lo que te pierdes

Haber estado siego a eso durante tantos años me da rabia me da rabia. La película no pedía gran cosa: proponía que el deseo no es un delito y que uno puede decidir en qué se convierte. A mí me gusta mucho decir que "el corazón quiere lo que el corazón quiere". Cincuenta años después seguimos discutiendo eso mismo en el Congreso y en la puerta de los colegios, y hay bastante gente cobrando un sueldo por convencernos de que un tío con corsé constituye una amenaza. Si le hubiéramos hecho caso en 1975 quizá hoy viviríamos en un mundo un poco más alegre

Ya sé que hay quien piensa que esto es cargarle a una comedia de medio pelo un peso cultural y social que no le corresponde, y lo entiendo perfectamente, porque la película es lo bastante gamberra como para resistirse a cualquier lectura seria. Con eso quiero decir que creo que la peli es malísima, pero su mensaje es buenísimo

Tim Curryha fallecido este 25 de agosto catorce años después del ictus de 2012 que lo dejó en silla de ruedas y un año después de publicar sus memorias. Se fue con tres nominaciones al Tony, con un Emmy por poner voz al Capitán Garfio y con cincuenta años de gente disfrazándose de su personaje más icónico los sábados a medianoche. Yo no entendía a Frank-N-Furter al principio, pero quiero pensar que ahora somos muchos los que hemos entendido lo que este científico loco quería decirnos, y que con eso, somos más felices siendo quienes somos y que así hacemos del mundo un sitio mejor. 

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