
El bueno, el feo y el malo está llena de momentos para el recuerdo, y uno de los más citados nació de una ocurrencia que ni siquiera estaba en el guion.
Estos días Madrid está empapelado con los carteles de una campaña publicitaria que juega con las miradas torvas de Clint Eastwood en los westerns de Sergio Leone, así que me ha hecho gracia tropezarme con este reportaje de mis compañeros de Filmstarts. Lo de los carteles tiene su miga, porque buena parte de Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari) se rodó aquí al lado, en Hoyo de Manzanares. El caso es que el artículo recupera una anécdota de El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo), la obra maestra de Sergio Leone, y es que una de sus frases más citadas y conocidas de la peli no la dijo el Rubio, a pesar de lo que mucha gente cree. Hasta la radio pública NPR tuvo que publicar una rectificación en 2012 porque en uno de sus reportajes se la atribuían a él.
La trilogía del dólar fue repartiendo el protagonismo poco a poco entre sus estrellas principales. En Por un puñado de dólares todo giraba alrededor de Eastwood, en La muerte tenía un precio ya cabalgaba junto a Lee Van Cleef, y en la tercera, la más larga, Eastwood le tocó compartir cartel con dos pesos pesados de la interpretación. Van Cleef repetía como Sentencia, el malo, y si su cara os suena sin haber visto un solo western suyo (hizo bastantes, os recomiendo la saga de Sabata), es porque su aspecto sirvió de modelo para Revolver Ocelot en Metal Gear Solid. El feo, Tuco, fue cosa del genial Eli Wallach, en el que probablemente sea el papel de su vida. Eastwood seguirá siendo la cara de la saga, pero Wallach le roba esta peli de calle.
Leone se había fijado en él por Los siete magníficos (The Magnificent Seven) y La conquista del Oeste (How the West Was Won). Según le contó el propio Wallach al historiador Christopher Frayling, aquella llamada le pilló a contrapié, porque no había oído hablar de un western italiano en su vida. Leone apenas hablaba inglés, así que se entendieron en francés, y para convencerle le enseñó un fragmento de La muerte tenía un precio. A Wallach le bastaron los títulos de crédito para querer firmar con ese loco italiano. Ya en el rodaje, Leone le dio carta blanca y una confianza absoluta.
La mejor frase de Tuco no estaba en el guion
Wallach construyó a Tuco casi a su antojo. Escogió buena parte del vestuario, incluido ese desastroso sombrero de paja inseparable del personaje, e improvisó gestos como santiguarse a toda prisa dos o tres veces seguidas, porque le parecía gracioso. Y entonces llega la escena de la bañera, una de mis preferidas de la peli. Tuco está en remojo cuando se le planta delante un pistolero manco que viene a vengarse y se entretiene soltando un discursito. Tuco le responde a tiros con el revólver que escondía bajo la espuma.
Lo que viene después os lo sabéis de memoria. En versión original suena "When you have to shoot, shoot, don't talk", "si tienes que disparar, dispara, no hables", y según relataba Wallach la escena no tenía diálogo previsto para él. Se le ocurrió sobre la marcha, y a Leone y al resto del equipo les hizo tanta gracia que la frase se quedó en el montaje. Por eso, cada vez que me cruzo con esos carteles de ojos entornados, pienso en que si esa peli es tan buena en parte se debe al actor menos recordado del trío principal, el bueno de Wallach, que era el feo. Y como no quiero que Tuco me pille hablando de más, aquí lo dejo.
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