Disney la enterró como un desastre histórico, pero John Carter esconde una épica clásica y un respeto por la ciencia ficción que hoy casi ha desaparecido
John Carter es una película a la que tengo un cariño especial. La vi en su estreno y, más allá de ser fan del trasnochado origen literario del personaje, me conquistó por sí misma. Su reinvención de la historia me atrapó, su imaginativo universo marciano me fascinó y, de manera casi irónica, cuantas más críticas injustas (en mi opinión) recibía, más me gustaba. ¿A quién no le despierta ternura un perro apaleado? Aunque en este caso, el perro tenga seis patas y se llame Woola.
John Carter: una defensa necesaria de un gigante incomprendido
Esta admiración personal se ha visto reforzada por las recientes declaraciones de Andrew Stanton, director de John Carter, recogidas por GamesRadar. Durante un AMA en Reddit, Stanton compartió su experiencia al frente de la película y aseguró que "amó cada segundo de hacer esta película" y que "no cambiaría nada" de ella. Estas palabras demuestran una mezcla de orgullo y sinceridad, propias a un cineasta que no solo defiende su trabajo y el de su equipo, sino que transmiten con un respeto profundo hacia el legado literario que adaptaba. No es habitual escuchar a un director de Hollywood hablar con tanta convicción sobre un proyecto que, a ojos del gran público, fue un fracaso monumental. La franqueza de Stanton subraya la pasión y la dedicación con la que esta producción abordó un material que, aunque ha envejecido muy mal, sigue siendo fundamental en la historia de la ciencia ficción.
Más allá de la defensa personal de Stanton, sus declaraciones invitan a reflexionar sobre cómo juzgamos las películas y, en particular, sobre cómo el contexto comercial puede ensombrecer la calidad artística de una obra. Reconocer que John Carter podría funcionar mejor como serie de streaming no es una renuncia, sino una constatación de que algunas historias necesitan un espacio más amplio para desplegar su riqueza. A mí me encantaría ver la saga de John Carter convertida en una serie. Esta idea refuerza mi convicción de que la película merece ser reivindicada: no se trata solo de nostalgia o de afinidad personal, sino de reconocer un ejemplo de cine de aventuras y ciencia ficción que fue injustamente vilipendiado. Esto también me vale para la magnífica y accidentada peli de Han Solo en solitario, de la que hablaremos otro día. Stanton nos recuerda que detrás del fracaso comercial hay un proyecto lleno de imaginación, valentía narrativa y amor por el material original de Edgar Rice Burroughs, un legado que merece ser redescubierto por nuevas generaciones.
Por qué fracasó John Carter en taquilla
Uno de los factores más evidentes de su fracaso fue la campaña de promoción. Originalmente titulada John Carter of Mars (John Carter de Marte), Disney decidió recortar el nombre a un genérico "John Carter", eliminando cualquier referencia al planeta o a la ciencia ficción, elementos fundamentales del relato. La compañía temía que "Marte" evocara el fracaso de Marte Necesita Madres (2011), lo que llevó a un marketing confuso y sin identidad clara. no creo que fuera un factor determinante, pero sí creo que lo fueron los primeros tráileres, que mezclaban western, fantasía y romance, sin dejar claro que se trataba de una epopeya espacial, y acabaron generando más desconcierto que expectación entre un público potencial que no estaba familiarizado con el personaje..
El desconocimiento general del personaje fuera de círculos de aficionados también jugó en contra de la película. John Carter no es un Tarzán (también creación de Burroughs) o un Superman: el gran público no tenía ningún lazo emocional previo. Disney asumió erróneamente que el nombre por sí solo atraería a los espectadores, sin ofrecer ningún "gancho" reconocible, y el resultado fue un estreno tibio y deslucido, eclipsado incluso por películas familiares como Lorax. En busca de la trúfula perdida.
El coste final de la producción superó los 250 millones de dólares, con algunas estimaciones acercándose a los 307 millones. La película debía convertirse en una saga rentable, pero la inversión excesiva y los retrasos en efectos visuales y producción incrementaron los riesgos económicos. Giant Freakin Robot señala que estos cambios de dirección y el proceso de postproducción contribuyeron a inflar el presupuesto, haciendo que incluso una recaudación de 284 millones de dólares mundialmente se quedara corta para cubrir costes. El fracaso de esta supuesta primera entrega dio al traste con los planes de establecer una franquicia en un momento en el que Disney plegaba velas con Piratas del Caribe y empezaba a explorar nuevas propiedades intelectuales como El Llanero solitario, que también salió rana.
Además, John Carter se estrenó en un año cargado de grandes lanzamientos. Disney estaba concentrada en lanzar Los Vengadores, que empezaba a convertirse en un fenómenos imparable, mientras que Universal y otros estudios estrenaban éxitos como Los Juegos del Hambre. Esto relegó a John Carter a un segundo plano promocional, limitando su visibilidad entre una gran saturación de estrenos dirigidos a un sector similar de la población y condenando la película antes de que muchos espectadores tuvieran siquiera la oportunidad de verla en los cines.
El público general, en muchos casos, percibió la película como derivativa, sin saber que Burroughs había escrito sus historias un siglo antes que Star Wars, Dune o Avatar. Irónicamente, John Carter fue acusado de copiar ideas que, en realidad, le deben su existencia. Esta falta de contexto histórico fue determinante para que la cinta fuera injustamente criticada y catalogada como un fracaso, a pesar de su ambición y riqueza visual.
Por qué John Carter merece ser reivindicada
La película captura el espíritu de la ciencia ficción de principios del siglo XX: mundos exóticos, criaturas imposibles, héroes románticos y civilizaciones decadentes. Su diseño de producción, la recreación de Barsoom y la mezcla de aventura clásica con épica moderna la convierten en una rareza dentro del cine contemporáneo. Stanton mantuvo un respeto profundo por el material original, integrando de manera coherente el exotismo marciano y la visión heroica de John Carter, lo que la hace única en su género, una película que sinceramente considero la mar de defendible y reivindicable dada su personalidad, ritmos y espectacularidad.
A diferencia de muchas superproducciones actuales que recurren al cinismo o a la ironía, John Carter apuesta por la aventura sincera. Su tono recuerda a clásicos de la space opera como Flash Gordon, los mundos fantásticos de Ray Harryhausen o las novelas de aventuras victorianas. Este sentido de la maravilla, en pleno siglo XXI, es poco común y le otorga un valor especial que trasciende la simple etiqueta de "película fallida". Tal vez no era el tono que la gente buscaba en los cines en aquel momento. Stanton, con su experiencia en Pixar, trató el universo de Burroughs con reverencia y trato de actualizar el material original de 1917 en una aventura accesible para todos los públicos. No le salió bien la jugada, por desgracia, pero insisto en que no creo que fuera culpa suya o de la película. Conserva la mezcla de ciencia y fantasía, la estructura de romance heroico y la idea de Marte como un mundo moribundo lleno de culturas en conflicto, princesas, clanes guerreros y enormes gorilas albinos.
Edgar Rice Burroughs: el arquitecto oculto de la ciencia ficción moderna
Para entender la magnitud de John Carter, y en consecuencia de fracaso, es indispensable comprender la influencia de Edgar Rice Burroughs. Publicado en 1912, Bajo las Lunas de Marte, fuen relato que serviría de base para la primera novela de la saga publicada algunos años después: Un Princesa de Marte, donde introduce conceptos que serían pilares de la ciencia ficción moderna: planetas habitados con ecosistemas complejos, civilizaciones alienígenas detalladas, héroes humanos trasladados a otros mundos y tecnologías futuristas primitivas. Burroughs no solo creó un personaje icónico, sino que inventó un subgénero completo: el planetary romance.
Burroughs dejó una huella indeleble en la ciencia ficción. el legendario Ray Bradbury lo reconoció como inspiración para convertirse en escritor, Carl Sagan citó sus novelas como una fascinación científica temprana, y George Lucas admitió que Star Wars comparte múltiples paralelismos con Barsoom. Incluso James Cameron ha señalado que Avatar recuerda estructural y tonalmente a las aventuras marcianas de Burroughs. Burroughs anticipó conceptos que después definirían la space opera moderna, siin su trabajo, obras como Dune, Hyperion o The Left Hand of Darkness serían impensables. John Carter, tanto en literatura como en cine, es un legado vivo de esta tradición.
Termino siendo muy claro: creo que John Carter no fracasó por falta de calidad, sino por una combinación de errores estratégicos por parte de Disney.. Vista hoy, la película destaca por su ambición, su belleza visual y su fidelidad espiritual a uno de los padres fundadores de la ciencia ficción. Stanton no cambiaría nada, y yo le aplaudo por ello. Reivindicarla no es solo hacer justicia a una obra maltratada, sino reconocer la importancia de Edgar Rice Burroughs y su influencia en todo lo que vino después. Quizá algún día Disney vuelva a dar a este héroe marciano la oportunidad que merece, en pantalla grande o como serie de streaming. Mientras tanto, John Carter sigue siendo un monumento al riesgo creativo, un recordatorio de que la grandeza a veces tarda en ser comprendida y que los fracasos comerciales no siempre reflejan el valor artístico: "Och ohem och tay wyees… Barsoom."
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