Ya he visto The Punisher: One Last Kill y es, de largo, lo peor que he visto de Marvel

Cuando eres un martillo, todo son clavos, y Frank Castle es el mejor de los martillos

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Lo primero que aparece en pantalla cuando arranca The Punisher: One Last Kill es una advertencia: el contenido puede herir sensibilidades. Conviene tomarla en serio, porque rara vez Marvel se ha mostrado tan dispuesta a cumplir una amenaza. El especial llega en exclusiva a Disney+ el 13 de mayo, dirigido por Reinaldo Marcus Green (el director de El método Williams) y escrito por el propio Green junto a Jon Bernthal, en lo que es la tercera Special Presentation del UCM después de Werewolf by Night y el especial de Navidad de los Guardianes de la Galaxia. Cuarenta y cuatro minutos sin créditos. Cuarenta y cuatro minutos que se me han hecho eternos e incómodos como una periodoncia.

Antes de seguir, dejadme poner las cartas sobre la mesa: como sabéis, El Castigador no es precisamente mi personaje preferido de Marvel. Pero como buen marvelita reconozco que he disfrutado War Journal y, sobre todo, con el Punisher que Garth Ennis firmó dentro del sello MAX, una de las cumbres absolutas del cómic adulto de los 2000. Son las excepciones que confirman la regla. La regla, en mi caso, dice que el personaje no es para mí, que su lectura simplista del mundo me cansa y que su parafernalia paramilitar me incomoda cada vez que la veo veo a alguien en el metro con un parche con su logo. La excepción dice que cuando alguien lo aborda con inteligencia, capas y oficio, puede salir algo memorable. No es el caso.

El especial apela directamente a tu lado gymbro

Desde el minuto uno queda meridianamente claro a quién está hablando este producto. Si tu perfil de Instagram parece 300 de Zack Snyder pasada fotograma a fotograma, si gritas mucho mientras haces dominadas, si te miras al espejo con una mezcla de odio y reverencia que no acabas de entender ni tú mismo, y si tienes algún que otro problemilla de gestión de la ira que prefieres no mirar de frente, enhorabuena: One Last Kill ha sido fabricada con tu ADN emocional en mente. La estética del cuerpo como arma, la mandíbula apretada como filosofía, el gruñido macarra como sustituto del pensamiento. Todo está ahí, perfectamente calibrado para activar resortes muy concretos en un perfil de espectador muy concreto.

El envoltorio físico, la intensidad actoral y la pulcritud audiovisual están al servicio de un mensaje que no se complica la vida. No hay ironía, no hay distancia, no hay mensaje

Lo curioso es que la cosa funciona en términos puramente técnicos. Bernthal es un actor tremendo, especializado ya a estas alturas en su papel de bruto sensible con traumita, y el personaje le viene como anillo al dedo. Hay momentos en los que su cara dice tres páginas de guión sin pronunciar una sola palabra. El problema es que el envoltorio físico, la intensidad actoral y la pulcritud audiovisual están al servicio de un mensaje que no se complica la vida. No hay ironía, no hay distancia, no hay mensaje. La cámara ama a Frank Castle de una manera que da pudor, y ese amor incondicional acaba siendo un verdadero problema del especial.

Si Daredevil: Born Again ha hecho en su segunda temporada, contra todo pronóstico, una llamada bastante explícita a la resistencia frente al auge del fascismo y la extrema derecha, con un Wilson Fisk convertido en autoritario electo que cualquier espectador medianamente despierto sabía leer. One Last Kill, en cambio, va exactamente en dirección contraria. El especial señala casi de pasada, a señalar a agentes culturales de izquierdas (con una referencia bastante reconocible a Banksy) como elementos peligrosos y subversivos que medran en el caos. No es un alegato articulado, ni mucho menos una tesis. Es simpelmente una foto, pero ahí está.  Lo paradójico es que ni siquiera hace falta enarbolar grandes pancartas para entender qué bandera está ondeando aquí. La única que se ve flameando con claridad en todo el metraje es la de la violencia gratuita y la venganza por la venganza.  Tampoco es que el especial quiera convencerte de nada, no quiere debatir contigo, no quiere contarte gran cosa. Solo quiere mostrar violencia física. Y lo consigue. Vaya si lo consigue, sin una distancia ética que el guión se moleste en desarrollar.

El escenario que dibuja One Last Kill es, conceptualmente, fascinante en su desagrado. Tras la limpieza ejecutada por Castle sobre los capos de la familia Gnucci en el pasado reciente, el barrio de Little Sicily ha degenerado en una epidemia de caos sin pies ni cabeza. Criminales y delincuentes campan a sus anchas, como si el hampa pudiera autorregularse sola, igual que dicen algunos que hace el mercado. El subtexto es es de lo más extraño ¿más vale malo conocido que bueno por conocer? ¿Aunque ese malo conocido sea un criminal con kilómetros de cadáveres a la espalda? El especial no se anda con medias tintas, y me preocupa el mensaje que creo que defiende..

Aquí está el verdadero problema, que no es técnico sino moral. El escenario es desagradable, sí, pero no demasiado alejado de cómo está el patio en muchas partes del mundo ahora mismo, con discursos públicos que coquetean abiertamente con la idea de que el orden, sea cual sea, es preferible a la incertidumbre. Ya sabéis, la imposición del control frente a la amenaza del miedo, al precio de la libertad. La diferencia es que en la realidad existen mecanismos democráticos, instituciones, debate público y herramientas culturales para procesar esa angustia colectiva. En One Last Kill solo existe una respuesta posible al problema: más violencia. Una violencia mejor administrada, más eficaz, más estilizada, pero violencia al fin y al cabo. Toneladas de violencia. Es exactamente el mismo razonamiento que ha justificado históricamente los regímenes de mano dura, desde los grupos parapoliciales hasta las milicias urbanas. La ficción no inventa estas ideas, pero las pone a circular disfrazada de Frank Castle.

Cuando el martillo se da cuenta de que no quedan clavos

A nivel psicológico, este Castle está completamente ido, desequilibrado, psicótico. Más de lo normal, quiero decir. Cuando le viste dándose de hostias con Daredevil en la temporada pasada de Born Again, su discurso todavía mantenía una cierta coherencia interna, una lógica trágica que se podía discutir aunque no se compartiera. Aquí ha cruzado un par de líneas más. Lo que queda es un hombre roto al que el guión observa con una mezcla de fascinación y compasión que, de tan exagerado, no termina de cuajar. Tal vez, y esto lo digo medio en broma medio en serio, lo que el especial está intentando contarnos sin querer es una llamada de atención sobre la salud mental: si tienes ganas de pegar a la gente por la calle y crees que un día de estos no vas a poder controlarte, lo suyo es que busques ayuda, porque tienes un problema.

La pregunta que sobrevuela todo el metraje es, ¿qué le queda al Castigador cuando ya no queda nadie a quien castigar? Y la respuesta que ofrece la trama es desoladora en su simplicidad: cuando eres un martillo, todo son clavos. Y Frank Castle es el mejor martillo de Marvel, sin discusión. "Se acabó. No queda nada por hacer. Pobre Frank". La cita podría servir de epitafio del personaje, pero también de diagnóstico del propio especial, atrapado en una identidad de la que no sabe salir. Tampoco lo intenta, me parece. Aquí no hay un personaje que evoluciona; hay un personaje que se reafirma. Y reafirmarse, cuando lo que sostienes es esto, no es exactamente una virtud narrativa o moral.

Hay una línea en el especial que se me ha clavado, y no precisamente por bonita. En un momento determinado, el guion deja caer, con cierta solemnidad, que ser un marine de reconocimiento es un honor.  Es la clase de afirmación que pasa desapercibida si no estás atento, pero que arrastra un peso ideológico considerable. La tradición de los grupos de operaciones especiales estadounidenses incluye un historial bien documentado de actuaciones en escenarios bélicos (y, lo que es peor, en escenarios sin declaración formal de guerra) que en algunas ocasiones dejan mucho que desear a nivel ético. Llamar a eso "honor" sin matices es, como mínimo, una decisión política. Y One Last Kill la toma sin pestañear.

En One Last Kill solo existe una respuesta posible al problema: más violencia. Toneladas de violencia

Esto enlaza con una tradición narrativa que en Estados Unidos tiene raíces muy profundas: la del vigilante que se erige como única autoridad legítima cuando las instituciones fallan, una figura que arrastra ecos del linchamiento decimonónico, del pistolero del Far West y de toda esa épica fundacional que el cine de Hollywood lleva un siglo reciclando con resultados desiguales. El problema no es que el especial conecte con esa tradición; es que la abraza sin distancia crítica, sin un solo plano que la cuestione, sin un solo personaje que ponga en duda el marco. Y eso, en 2026, con el contexto geopolítico que tenemos encima, no es una decisión neutral (incluso irresponsable) por mucho que se vista de entretenimiento.

Todos contra Frank Castle

Hay una incongruencia argumental que me ha llamado especialmente la atención y conviene señalar porque supone el grueso del metraje de este espacial. La golosina del especial es que media ciudad quiere matar a Castle, que hay todo tipo de pirados dispuestos a cobrar la recompensa por su cabeza. Hasta aquí, todo en orden. El problema es que, llegado el momento de la acción, esos mismos mercenarios, sicarios y locos homicidas se dedican mayoritariamente a aterrorizar a la comunidad de vecinos del bloque de viviendas de Castle sin venir demasiado a cuento, dejando a Frank en un segundo plano. Vamos, que casi parece que Frank pasa por allí por casualidad no que han ido a por él. Es como si el guión necesitara que el barrio sufriera para justificar la intervención del protagonista, y resolviera la papeleta, claro, porque si The Punisher no se dedica a defender y proteger a los inocentes, aunque solo sea un poquito, ¿qué le distingue del resto de pirados armados de la historia?.

Si The Punisher no se dedica a defender y proteger a los inocentes, aunque solo sea un poquito, ¿qué le distingue del resto de pirados armados de la historia?

El resto del desarrollo argumental (que no es mucho, todo sea dicho) existe principalmente para justificar algo más de veinte minutos de violencia extrema continuada, los últimos del especial. Es la parte que más han celebrado las primeras reacciones internacionales, algo que a lo mejor habría que mirarse como sociedad, comparándola con John Wick y The Raid. Y entiendo el entusiasmo técnico, porque coreográficamente la cosa funciona. Pero entender el entusiasmo no es lo mismo que compartirlo. Hay una diferencia importante entre filmar bien la violencia y filmarla con criterio, y One Last Kill se queda mucho rato en el primer escalón sin asomarse al segundo. Bonus track desagradable: el especial se permite el lujo de exhibir uno de los peores efectos digitales de la historia de Marvel, si no el peor sin discusión. Cuando lo veas, lo reconocerás: habrá memes.

Una apología pornográfica de la violencia que no justifica ni su propia existencia

Creo que merece la pena decir esto: The Punisher: One Last Kill es completamente innecesaria. Es una apología pornográfica de la violencia, en el sentido más literal y menos metafórico del término: usa los mismos mecanismos formales que la pornografía (la insistencia, la repetición, la ausencia de contexto, el placer aislado del propósito) aplicados al sufrimiento corporal en lugar de al sexo. Y, lo que es peor, ni siquiera consigue cumplir la única función narrativa que parecía justificar su existencia. Porque sí, este especial existe sobre todo para confirmar que Frank Castle sigue vivo y operativo en el UCM antes de su salto al cine. "Pero eso ya lo sabíamos, Chema", me diréis. Y tenéis razón. Es que ni para eso sirve.

Nunca nada de Marvel me había decepcionado tanto. Y mira que llevo años. Es una producción extrema, profundamente desagradable, técnicamente impecable y conceptualmente vacía. Una de esas obras que te hacen preguntarte para quién se ha hecho exactamente esto, y sobre todo, por qué; y qué dice del estado actual de nuestro mundo que estemos en un punto en el que un personaje así pasearse por una franquicia familiar como la que viene. Porque ahora mismo, sinceramente, no tengo ni la más remota idea de cómo este animal salvaje y rabioso va a encajar en una película como Spider-Man: Brand New Day, que se estrena el 31 de julio. Lo mismo te costaría explicar qué hacían Charles Manson o John Wayne Gacy en tu primera comunión. Marvel ha decidido que el Castigador es parte de su familia de cara al gran público. Allá ellos con la conciliación. Yo, por mi parte, salgo del especial con la sensación de haber visto algo que preferiría no haber visto, y que no me ha dado nada a cambio. Quizás esa también sea una forma de decir algo.

¿Y tú qué opinas? ¿Eres fan de Frank Castle y estás deseando ver este especial? ¿Has visto ya The Punisher: One Last Kill, qué te ha parecido? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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