Aunque Francis Ford Coppola se basó en un libro, todo se lo debe a Antonino Giammona
Él fue el creador de una organización criminal antes de que existiese la palabra mafia
Cuando los estudios sobre la cultura popular se han acercado a discernir cuál es la película favorita de todos los tiempos, El Padrino suele colocarse en la más elegida entre los hombres por encima de otros clásicos como Star Wars o Cadena Perpetua. Pero aunque el 91% del público masculino tienen a la cinta de Francis Ford Coppola, no todos saben que le deben esa historia sobre la lealtad, el poder y la familia a un niño de 10 años.
La clave está en que, mucho antes de que Frank Costello y Lucky Luciano se convirtieran en el germen de la historia de Vito Corleone, la historia de un crío en la Italia de mediados del 1800 sirvió para que naciese el concepto de la mafia tal y como hoy lo conocemos. Sin Antonino Giammona y su precoz inicio delictivo, no existiría El Padrino ni ninguna de las películas sobre mafiosos que vinieron después.
El niño que se convirtió en El Padrino
Convertido en el jefe del clan Uditore de Palermo, en Sicilia, a Antonino Giammona se le considera el capo de los capos. Él fue el primer delincuente que consiguió dar forma a una organización criminal a gran escala capaz de colarse hasta las más altas esferas italianas para controlarlas a través del chantaje y la extorsión, antes incluso de que la palabra mafia apareciera en el diccionario.
Criado en un entorno minero de gran pobreza en el que los niños eran mercadeados como herramienta de trabajo, Giammona no tardó en sumarse a un negocio mucho más lucrativo que jugarse la vida en las minas: el limón. En una época en la que la necesidad de estos cítricos era crucial para luchar contra el escorbuto en alta mar, los campos de limones requerían vigilancia constante.
Giammona entendió rápido que quienes controlasen el agua y la vigilancia de esos limoneros, controlaría el dinero de la región, así que empezó a organizarse con otros críos para vigilar los campos y cobrar pequeñas cuotas a través de la extorsión. Si no querías que tus limoneros amaneciesen cortados o los pozos secos, debías contratar sus servicios.
Cuando llegó la Revolución de Italia, Giammona se sumó a la Guardia Nacional para obtener aún más poder y acceso a armas, lo que le permitió hacer crecer aún más su negocio delictivo y ganarse la amistad de los políticos de la época. Lo que hizo Lucky Luciano al llegar a Nueva York y dar forma a la mafia que nos entregaría El Padrino fue, simple y llanamente, seguir los pasos que años antes había marcado Giammona.
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