Cada vez pasamos más tiempo leyendo opiniones para comprar, viajar o comer fuera. Los expertos en psicología advierten que ese hábito está arruinando nuestras vidas

Cada Vez Pasamos Mas Tiempo Leyendo Opiniones Para Comprar Viajar O Comer Fuera Los Expertos En Psicologia Advierten Que Ese Habito Tiene Un Limite
  • La Generación Z recurre a al menos una plataforma de opiniones antes de elegir

  • Las reseñas de todo lo que hacemos arruina nuestra casa, nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Las reseñas de la película antes de ir al cine, las valoraciones de clientes antes de acudir a un restaurante, las opiniones de otros compradores sobre esa aspiradora que debería acabar con los sábados de zafarrancho, lo que dice Reddit, YouTube o tu web favorita sobre algo que ya lleva 10 minutos en el carrito esperando al último clic… Vivimos sepultados por opiniones y pese a ello, vivimos constantemente pensando en si hemos hecho la elección adecuada. 

Tras preguntar a sus usuarios, Yelp publicaba recientemente que grupos como la Generación Z recurren a al menos una plataforma de opiniones antes de elegir en qué restaurante van a comer, o a qué gimnasio o centro de belleza van a acudir. Creen que la sabiduría de toda esa multitud que anduvo esos mismos pasos antes que ellos les van a servir de algo cuando, según expertos en psicología, esa falsa sensación de control ha generado un problema en nuestra sociedad. 

La Paradoja de la Elección está completamente rota

La clave parece estar en un abanico de opciones lo suficientemente grande para ahogarnos entre dudas al que, por aquello de sumar un escaloncito más porque nunca tenemos bastante, hemos sumado otro abanico de opciones en forma de opiniones. Incluso ante elecciones aparentemente triviales, si acudo a este bar o a este otro en un sitio que no conozco, revisar esas opiniones terminan restando satisfacción en la elección. 

No es algo nuevo que nos haya caído del cielo con internet, ojo, es algo que el mundo del marketing lleva estudiando desde que la Paradoja de la Elección se convirtiese en fenómeno allá por el año 2000 con el experimento de las mermeladas. El estudio marcaba que ante un expositor con 6 mermeladas distintas, las compras ascendían a un 30% de los clientes. Ante uno con 24 variedades diferentes, el número de clientes que acudían hasta allí era mucho mayor, pero sólo compraban el 3%. 

No es menos cierto que el experimento se ha vuelto a replicar y planteaba serias dudas a la hora de definir esa sobrecarga de elección, pero tampoco hay que ser un lince para entender su significado. Basta con plantarse ante esas noches frente a la apabullante selección de Netflix para comprobar de primera mano que estar ante una sobredosis de opciones termina bloqueándonos mentalmente pese a ser aparentemente algo mejor. 

De rebote, ahí toca sumar otro fenómeno similar que ayuda más bien poco, lo mucho que nos gusta criticar y hasta qué punto nos cuesta horrores dar una palmadita en la espalda al trabajo bien hecho. Es fácil que quienes salen contentos de una experiencia, ya sea en un restaurante o frente a la compra de la citada aspiradora, salgan de ahí con la sensación de haber hecho un buen trabajo en su elección y la cosa se quede ahí. 

Lo que los expertos llaman distribución en J dice que, en cualquier caso, los entusiastas también entregan sus cinco estrellas, pero a la hora de leerlas siempre terminan pesando más otras. Las del indignado, que pierde el culo por acudir a la plataforma de turno a decir lo poco que le ha gustado esto o esto otro, son las que terminan pesándonos más a nivel mental. Y por si alguien aún no se ha enterado, de estos pegas una patada a una piedra y salen a "muchillones", lo que nos lleva al siguiente problema de raíz que empieza a enquistarse. 

Por si el problema fuera poco

Si ahora acudes a Google en busca de reseñas y opiniones, lo más probable no es que te salga yo, como persona y profesional, contándote lo mucho que me ha gustado un videojuego, sino una IA encargada de aglutinar cuantas más opiniones mejor para intentar montar el cóctel perfecto. Si no hay paradoja de elección, no hay problema, ¿no? Aquello de muerto el perro se acabó la rabia. Pues no. 

Lo que está recogiendo esa premisa es a esa turba de indignados que a menudo confunden la timidez de un camarero con mala educación, o de un tendero que puede tener los mejores productos del lugar pero que no nació con el don del carisma. Es un coche escoba que va empujando opiniones de las peores calañas mientras se deja por el camino lo más importante, el contexto de cada una de ellas

Que la inteligencia artificial trate a todas las reseñas por igual tampoco ayuda, y ya no sólo porque ese mercado negro de reseñas falsas sea una realidad a la que pocas veces le damos la importancia que merece, sino porque en esa dualidad entre recoger las opiniones de una aspiradora y un restaurante, el menor de los problemas no es que sólo haya opiniones o de entusiastas o de haters.

A la aspiradora hay pocas vueltas que darle, o aspira bien o no, pero frente al restaurante el número de variables implicadas es tan grande que ese resumen es un flaco favor. Que ya se haya demostrado que la IA puede empujar la intención de compra en electrónica y que no mueva absolutamente nada la aguja en experiencias como restaurantes y hoteles lo deja bastante claro. Sin ser conscientes de ello, vamos sumando cada vez más escalones a un problema más que considerable que ya traíamos de casa. 

Imagen | Maquechoux en Midjourney

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