Casi un 98 % menos de concentración de partículas en 13 años
Aunque si ahora miras al cielo puede parecer que hace eones de aquello, en 2013 Pekín alcanzó un récord de contaminación al mantener un promedio de casi 60 días de polución extrema. Por aquella época, el nivel de concentración de partículas PM2.5 era de 89,5 µg/m³ de media. Ahora, China ha conseguido que esa cifra caiga hasta los 27 µg/m³.
La clave de ese cambio está en que el gobierno chino le vio las orejas al lobo hace 13 años. O echaban el freno al planteamiento industrial y de transporte que estaban manteniendo, o Pekín estaba a las puertas de convertirse en una catástrofe de salud. Es la primera vez que una ciudad consigue alcanzar un cambio tan radical en tan poco tiempo y, en gran medida, se lo deben a su giro hacia el coche eléctrico.
Casi un 98 % menos de concentración de partículas en 13 años
La caída de casi un 98 % menos de concentración de partículas en poco más de 10 años que ha experimentado China es más que relevante. Las partículas PM2.5 son, según la OMS, el indicador que marca hasta qué punto el aire que respiramos en una ciudad es más o menos sano. El nombre hace referencia a aquellas partículas contaminantes que, por ser de menos de 2,5 micrómetros de diámetro, unas 30 veces más finitas que un cabello humano, son capaces de colarse por cualquier lado.
Lamentablemente para quienes tenemos que vivir cerca de una gran ciudad plagada de coches y fábricas, eso no sólo implica colarse por la nariz, sino también por los pulmones, los alvéolos pulmonares y, pensando en por qué iban a detenerse ahí pudiendo ir un poco más lejos, también en el torrente sanguíneo.
El resultado es una de las mayores causas de enfermedades respiratorias y cáncer de pulmón de nuestra época, así que lo de tener más o menos µg/m³ se ha convertido en un índice al que perseguir con lupa. Digamos que, más allá de que un cielo contaminado queda muy feo por la tele o cuando te asomas por la ventana, también es el detonante de un gasto público en salud que no todos los bolsillos pueden permitirse.
La facilidad de China para poner sus planteamientos e infraestructuras patas arriba, por aquello de estar lejos de los sistemas democráticos europeos y tener un partido único que no tiene que convencer a nadie para tomar ciertas medidas, hicieron que Pekín pusiera en marcha un plan que le diese la vuelta a la situación.
La solución China fue el coche eléctrico
Impulsar las renovables, exigir una fabricación de coches menos contaminantes, y quitar de sus calles los coches más viejos mientras restringía el tráfico en base a los números de la matrícula, fue el primer paso. De rebote, el coche eléctrico se convirtió en la única solución a la que podían agarrarse quienes querían seguir moviéndose por allí sin mirar si su matrícula era par o impar.
De los coches vendidos hace apenas 6 años, sólo el 5% eran híbridos o eléctricos enchufables. Hoy, en cambio, los datos apuntan a más del 50%. Ahora suma cambiar flotas enteras de autobuses públicos, de taxis, o incluso la posibilidad de cerrar fábricas por decreto o, en el mejor de los casos, obligar a las empresas a que se la lleven a otro lado. Con todo eso en mente, es fácil que los números empiecen a salir.
Más allá de lo encomiable del logro, no hay que perder de perspectiva no sólo que la diferencia entre las regulaciones de China y las nuestras han permitido un salto así, también que esos 27 µg/m³ de Pekín están muy lejos de la media que solemos tener en ciudades como Madrid con entre 5 y 15 µg/m³ de media.
Tampoco hay que olvidar que lo que dicta la OMS es estar por debajo de 5 µg/m³, que sería el máximo recomendable, y que lejos de Pekín los niveles de contaminación están notablemente peor. En resumen, que olé por el cambio, pero aún hay mucho trabajo por hacer.
Imagen | VCG
En 3DJuegos | Cuando pensábamos que China no podía ser más ciencia ficción, 15 robots policía se han desplegado en las calles de Hangzhou
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 1 Comentario