
GigaAI quiere probar su SeeLight S1 en hogares de Wuhan en 2027
Las casas son entornos mucho más imprevisibles que una fábrica
Tras ver cómo realizan bailes, dan volteretas y saludan a ministros en ferias de tecnología, hay quienes creen que ha llegado el siguiente paso para los robots, el de saltar a las casas y empezar a lavar platos, planchar camisas y tirar pañales a la basura. En China -dónde si no-, ese salto ocurrirá este mismo mes, pero con una ristra de letras pequeñas que conviene mencionar.
Acompañado de un nuevo vídeo de demostración que muestra a sus robots, friendo huevos, cortando verduras, haciendo camas y poniendo lavadoras, la startup china GigaAI ha presentado el SeeLight S1, el primer robot humanoide doméstico. Lejos de ser un simple prototipo, llegará a 100 casas de China a finales de este mes para ponerse a trabajar.
El robot que hace lavadoras ya está en China
¿Cualquiera puede hacerse con un robot humanoide que doble calcetines? No exactamente, justo ahí es donde empiezan las muchas líneas de letra pequeña que arrastra la noticia. En primer lugar, esas 100 unidades se enviarán en un programa piloto a hogares para empleados de sectores tecnológicos. Es decir, público afín a la marca, bajo el paraguas de Huawei, que servirá de conejillo de indias.
Tras ello, durante la primera mitad de 2027, la empresa ofrecerá pruebas gratuitas a hogares de Wuhan que cuenten en su núcleo con ancianos, niños o mascotas. ¿Y luego qué? ¿Cuándo viene a mi casa a pintarme la humedad del techo de la ducha? Pues cuando pagues los 25.281 euros que cuesta el robot al cambio actual, unos 200.000 yuanes.
El CEO de GigaAI confía, en cualquier caso, que antes de junio de 2027 el precio del hardware permita a la compañía bajar esas cifras hasta los 100.000 yuanes, unos 12.640 euros que tampoco quedan mucho más cerca de nuestro presupuesto actual, la verdad. El problema, en cualquier caso, no es sólo que los precios de este tipo de robots sigan siendo prohibitivos, es que tampoco aseguran una eficiencia perfecta.
Aunque la idea de ver a un robot en una fábrica realizando procesos repetitivos y mecánicos -la palabra no es casualidad- pueda parecer algo relativamente viable, una casa no es una fábrica, y los problemas que entraña meter a un robot en una tampoco son los mismos. Por razones que todos comprendemos a la primera y sin demasiadas explicaciones, al titular de "robot aplasta el brazo de un trabajador" llevamos años acostumbrados. Lo de meter niños, ancianos y perros en la ecuación resulta bastante más complejo.
El desafío de los robots humanoides caseros
Mientras que en la fábrica hablamos de piezas normalmente fijas y duras que se manipulan en espacios controlados y optimizados, trabajar en una casa resulta bastante más complejo. Las cosas no siempre están donde deberían, la manipulación de ciertos objetos puede llegar a romperlos si no se hace con cuidado, y la posibilidad de que el perro se cruce entre medio cuando estás llevando la jarra de cristal con agua hasta la mesa es, por experiencia propia, más habitual de lo que nos gustaría.
Si bien es cierto que todas esas volteretas y bailes de breakdance nos muestran a robots con un cerebelo cada vez más desarrollado y mejor entrenado, el cerebro no va a la par. Que puedan moverse por el mundo no necesariamente significa que puedan prever qué va a ocurrir en él, o que tengan la capacidad de adelantarse a las posibles consecuencias, o incluso pensar fuera de la caja para descubrir dónde puede estar ese calcetín que le falta.
Precisamente por eso, porque tener un robot en casa es bastante más difícil que hacer que sea útil en una fábrica, o descargar toda la información de internet sobre un modelo de lenguaje, pruebas piloto como la que planean para este próximo resultan tan importantes. Antes de llegar a los hogares definitivos, esos robots tienen mucho por aprender en entornos completamente descontrolados.
Lo que sí resulta evidente, y es algo que ni la lejanía de China ni esos astronómicos precios consiguen rebajar con agua, es que la realidad de los robots humanoides haciendo las tareas de casa están muy lejos de ser algo relegado a la ciencia ficción. No sólo ya están aquí, están a apenas unos pasos de superar la frontera que les suponga entender realmente qué significa vivir entre humanos.
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