Cuando un cable submarino se rompe en África, sólo hay una solución: llamar al único barco que lleva más de una década reparándolos

Es el único barco que está siempre disponible para reparar los cables submarinos en África

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Siempre me ha resultado de lo más curioso cómo un mundo sumido en tecnologías de vanguardia como la inteligencia artificial, la encriptación cuántica o el streaming satelital de Netflix, se mantiene con unos frágiles cables que alguien decidió tirar en medio del mar y que están en peligro cada dos por tres. Pese a que hay decenas de barcos velando por ellos por todo el mundo, si uno de esos cables submarinos se rompe en África, sólo hay un barco capaz de solucionarlo. 

Se llama Léon Thévenin y, aunque por el mundo hay repartidos 62 barcos dedicados al cuidado y reparación de esta infraestructura de internet tan crítica que nos hemos inventado, para toda África sólo puedes acudir a él. Con 40 años a sus espaldas desde su construcción, no es porque sea tan bueno que no necesite más ayuda, es que no hay nada más a lo que agarrarse.

40 años de misiones submarinas

Tras incendiarse hace 14 años el barco que se encargaba de ello, este barco militar pasó a quedar en manos de Orange Marine, la subsidiaria de la compañía de telecomunicaciones francesa que se encarga de instalar y mantener los cables de internet submarinos. Con 60 personas a bordo, sale desde Ciudad del Cabo cada vez que una emergencia pone en riesgo la conectividad del continente africano. Un problema que, además, ocurre más de lo que cabría esperar. 

En esa colección de sabias decisiones sobre cómo darle forma a nuestra infraestructura de internet, los cables que conectan con África se colocaron junto al Cañón del Congo, probablemente una de las grietas submarinas más grandes del planeta y, de rebote, también de las más activas geológicamente hablando. 

Con una capacidad de respuesta tan escasa como un único barco, y una exagerada concentración de cables que dificulta esa mastodóntica tarea en ciertas zonas, los corrimientos de tierra submarinos como los provocados por los sedimentos del río Congo se ceban con la infraestructura cada dos por tres. 

Que pongan más barcos, estará pensando ahora más de uno. El tema es que reparar los cables requiere de conocimientos muy específicos y equipamiento muy avanzado, como robots submarinos que bajan a kilómetros de profundidad, capaces de cortar secciones y sustituirlas por nuevas de forma remota. Vamos, que son decenas de millones de dólares anuales que las operadoras más pequeñas no se pueden permitir.

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