
Espacios como Final Fantasy XIV, Minecraft o Animal Crossing sirvieron para despedir a seres queridos
En abril de 2020, una pequeña comunidad de Final Fantasy XIV perdió a uno de sus miembros. Ferne Le’roy murió por complicaciones de la COVID-19 y sus amigos, confinados y dispersos, no podían reunirse para despedirla, así que convocaron un funeral en el servidor Zalera sin esperar que apareciera nadie más allá de su círculo. Poco después, se presentaron cientos de jugadores con avatares vestidos de negro, muchos sin haber conocido a Ferne en persona, y se unieron en el único espacio en el que podían coincidir.
Lo que ocurrió aquella noche no fue un caso aislado. Durante los meses siguientes, escenas similares se repitieron en Minecraft, Animal Crossing: New Horizons y otras plataformas. La pandemia había roto los rituales de despedida de una forma que ninguna generación había vivido: sin velatorios, sin entierros y sin el abrazo que estructura el duelo. La Generación Z, que creció construyendo vínculos reales en espacios digitales, encontró en esos mismos espacios una forma de sobrellevar lo que los rituales de duelo llevan milenios haciendo.
El ritual no necesita un lugar físico para funcionar
Los antropólogos llevan décadas estudiando por qué los rituales funerarios existen en todas las culturas. La conclusión es consistente: no se trata de honrar al muerto, sino de proteger al vivo. Los rituales reúnen a la comunidad, dan una estructura simbólica a la pérdida y crean un momento colectivo que permite procesar que algo ha cambiado de forma irreversible. Así, lo que los investigadores observaron en los funerales virtuales es que esas funciones se activaban igual independientemente de si el espacio era físico o digital.
Un estudio de 2021 en Omega: Journal of Death and Dying concluyó que los funerales virtuales cumplían las funciones centrales del ritual presencial. De forma paralela, terapeutas como Meghan Jackson empezaron a utilizar Minecraft como herramienta de duelo para niños, e incluso un ensayo clínico de 2023 documentó que los niños participantes tenían un 67% menos de probabilidades de desarrollar depresión clínica quince años después.
Lo que diferencia a la Generación Z no es haber inventado el duelo digital, sino haber llegado a él sin fricción. Para una generación que construyó amistades en servidores de Minecraft y lloró finales de serie en chats de grupo, la idea de que un espacio virtual no es legítimo para la emoción nunca tuvo sentido. Cuando la pandemia eliminó los rituales físicos, no buscaron un sustituto: usaron lo que ya habían hacer, así que los videojuegos dieron a los jugadores en duelo un espacio para explorar emociones y construir memoria.
La historia de Ferne Le’roy y los cientos de avatares de negro que aparecieron sin ser convocados dice algo que va más allá de la pandemia y los videojuegos. El duelo necesita comunidad y ritual, pero no un formato concreto para ser real. Los psicólogos no encontraron que los funerales virtuales fueran un sucedáneo inferior, encontraron que funcionaban porque respondían a las mismas necesidades de siempre. La plataforma cambió, la psicología no.
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