En series como Dragon Ball o Jujutsu Kaisen el fanservice es una necesidad
Incluso animes más serios como Frieren recurren a ello como estrategia
En el manga y el anime llamamos fanservice a todos esos momentos en los que la historia hace algo destinado a complacer a los seguidores. Aunque puede apuntar en muchas direcciones, basta con pasearse por series como One Piece o Dragon Ball para entender que la idea casi siempre apunta a personajes con poca ropa por razones obvias.
Cuando éramos pequeños suponía algo mucho más difícil de entender: "si se está acabando el mundo o hay un peligro en ciernes, ¿qué hace toda esta gente pasando el día en la playa como si nada?". Con el tiempo, en cambio, lo terminamos acusando a la obsesión de Japón por sexualizar casi todo lo que toca. Pero cuando incluso animes más serios como Frieren caen en el fanservice, entiendes que hay aún más razones que no hemos alcanzado a ver.
El Fanservice como impuesto revolucionario
La idea detrás de los episodios especialmente enfocados al fanservice, como el típico episodio de playa en el que todos los protagonistas se relajan para jugar en el mar y estrechar lazos -a menudo con alguna escena de interés amoroso entre personajes, un ángulo de cámara especialmente sugerente, o directamente alguna muchacha que pierde el bañador por cualquier excusa-, va mucho más allá de la mente tórrida de los dibujantes y guionistas que están detrás de la serie.
La clave está en que crear un episodio de animación puede llegar a ser increíblemente caro, a menudo moviéndose entre los 150.000 y los 300.000 dólares, así que la industria busca rentabilizar ese trabajo de la mejor forma posible mediante el merchandising. La industria de las figuras, camisetas e incluso almohadas, representa cerca del 30% de todos los ingresos que un anime termina rascando cuando está en emisión y, cuando llega a su fin, termina yendo mucho más allá.
Si los personajes sólo vistieran los clásicos uniformes con los que los vemos aparecer capítulo tras capítulo, las opciones a la hora de crear esas figuras y merchandising serían limitadas, así que cualquier cambio que rompa con esa estética les permite apuntar a colecciones distintas. Que haya líneas de figuras especialmente centradas en colaboraciones de verano, casi siempre con personajes con poca ropa y en actitud sexualizada, supone una fuente de ingresos brutal para las compañías.
Aunque es una costumbre que hemos perdido cada vez más con la llegada del streaming, los episodios de fanservice suponían la excusa perfecta para vender más DVDs y Blu-rays con colecciones de temporadas. No sólo porque los usuarios podían encontrar en ellos ilustraciones exclusivas o la posibilidad de parar escenas en momentos concretos, sino también porque a menudo estos lanzamientos esquivaban lo que en televisión se había censurado de una forma u otra.
Que la figura de Frieren a cuatro patas mientras es mordida por un cofre mimic esté entre las más celebradas de la serie es un buen ejemplo de hasta qué punto el fanservice es una parte más de la industria. Cualquier momento es bueno para sacar tajada de ello aunque rompa con la solemnidad de todo lo demás. Sin embargo, sería absurdo limitar la lógica detrás de esa práctica y sus famosos episodios de playa a esas figuras y DVDs. Hay muchas más razones detrás de ello.
Las playas de anime como excusa para casi todo
Si te paras a analizar uno de esos episodios de playa, te encontrarás con una recopilación de paisajes y secuencias a cámara lenta que, a priori, parecen destinadas a que jóvenes imberbes y viejos verdes se queden embobados mientras una ola salpica a una muchacha en bikini. Menos evidente resulta que, en realidad, están rascando minutos a un capítulo mucho más fácil de dibujar y animar que una batalla.
Un fondo de mar y cielo, frames congelados, y conversaciones sin demasiados cambios más allá de boca y ojos, suponen un ahorro bestial para la producción de ese episodio. No sólo les va a servir para vender figuras a ese mismo público enamorado de un muñeco, también están rellenando metraje de forma barata para que esa veintena de capítulos resulte menos costosa.
Con el salto a temporadas más cortas e historias sin relleno, la oportunidad de los momentos fanservice no desaparece, sino que se reformula. En el caso de Frieren, los momentos en camisón, en baños termales, o con planos claramente enfocando a los pies en busca de un fetiche sutil pero evidente, están a la orden del día pese a esconderse detrás de un aura mucho más seria.
Convertidos en una parte más del anime, hay autores que han conseguido aprovechar el fanservice de los episodios de playa como trampa para su historia. Uno de los más famosos de los últimos años es el que, en Jujutsu Kaisen, aprovecha esa pausa entre bañadores y torsos al sol sólo para que el siguiente episodio y la tragedia que lo acompaña sea mucho más impactante para el espectador. La clásica calma antes de la tormenta.
Que los mangas también lidien con ello para mantener la popularidad de la serie cuando aún están en activo en la Weekly Shonen Jump, da buena cuenta de cómo el fanservice es, a su vez, una fuente de ingresos y una forma de abaratar la producción, a menudo dando alas a los autores para seguir adelante con la historia o descansar del endiablado ritmo de publicación que les piden las editoriales.
Cada vez hay menos episodios de playa porque las series más cortas no dejan hueco a relleno, pero ni siquiera eso impide que, más tarde o más temprano, la trama termine llevando a los personajes a algún lugar en el que tengan que quitarse la ropa. Unos segundos bastan para que el equipo de merchandising tenga la foto con la que ilustrar esa figura de 200 dólares que puede salvar el proyecto.
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