
La arqueología ha encontrado pruebas que podrían resolver uno de los grandes misterios de los primeros faraones
No había que ser ningún lince para entender que, detrás de los ritos funerarios de los egipcios, había algo que olía tremendamente mal. Mucho antes de que empezasen a levantar pirámides, los primeros faraones de hace más de 5.000 años ya daban forma a grandes tumbas y necrópolis en las que, como probablemente ya sabes, no estaban solos.
Descubiertas en 1920, entre todas aquellas tumbas que acompañaban al faraón de turno había más gente. No necesariamente familiares, sino sirvientes, artesanos y miembros de su corte que, o habían muerto a la vez, o habían formado parte de algún sacrificio. Ante la falta de pruebas que certificasen esto último, lo más lógico parecía pensar que los habían enterrado vivos. Ahora eso ha cambiado.
Lo que los arqueólogos no supieron reconocer
Sin muestras de heridas que indicasen una muerte forzada y violenta, los sacrificios quedaban relegados a la voluntad de los sirvientes de acompañar a su amo (sospechoso, cuando menos) o que les hubiesen forzado a ser sepultados en vida. El problema era que, en realidad, no estábamos mirando con los ojos adecuados.
Gracias a los avances en tecnología forense, la Universidad de Cambridge ha descubierto en una excavación que, si analizamos 18 de los 46 cráneos encontrados cuentan con heridas potencialmente mortales. Aunque cuando en 1920 los arqueólogos encontraron aquellos cráneos las heridas ya estaban ahí, parecían ser desperfectos del paso del tiempo o, en el peor de los casos, eran tan sutiles que resultaban imperceptibles.
Además de heridas con objetos cortantes, se han encontrado muestras de golpes contundentes contra alguna superficie. Puede que no fuesen suficientes para crear una herida más visible, pero desde luego eran capaces de provocar hemorragias internas que derivarían en la muerte del sujeto.
Aunque entre los primeros faraones la práctica era bastante habitual, una forma de llevárselos a la otra vida para que le siguieran sirviendo, los egipcios terminaron abandonándola porque, probablemente, matar a cientos de trabajadores atados a la familia dejaba a su descendencia entre desconocidos sin experiencia o, de la forma más comprensible posible, gente que prefería morir por su cuenta en vez de seguir esclavizado toda su vida y parte de la siguiente.
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