Los chefs japoneses no querían utilizar el salmón para el sushi
La tormenta perfecta creada por una nueva tecnología cambió las reglas
Pese a ser hoy el sushi preferido de los japoneses por excelencia, encabezando la lista de ingredientes más consumidos en los restaurantes durante 13 años consecutivos, hace apenas 40 años Japón no quería ver el salmón crudo ni en pintura. Como mucho, lo consumían cocinado o seco, pero la idea de sumarlo al sushi está lejos de ser una tradición milenaria. De hecho, ni siquiera fue una tendencia orquestada por los japoneses.
En 1986, el gobierno de Oslo se gastó una millonada para intentar solucionar una crisis. Sus piscifactorías tenían una sobreproducción de salmón tan grande en Noruega que no sabían cómo darle salida. Con el Proyecto Japón, enviaron a Tokio a un joven noruego con el objetivo de llegar a un acuerdo comercial con el país para venderles 5.000 toneladas de salmón. La respuesta japonesa fue que aquello no era un pescado válido para el sushi.
Cómo Noruega convenció a Japón para comer salmón
El principal escollo, al que se sumaba un color y olor que los japoneses detestaban, estaba en la seguridad alimentaria. Los salmones a los que tenían acceso en Japón, el salmón del Pacífico, era una peligrosa fuente de Anisakis, un conocido parásito que te deja el estómago hecho un festival y al que los nipones no estaban dispuestos a acercarse. Noruega tenía un problema.
Aunque lucharon por dar a conocer al público de Japón que el salmón de Noruega se criaba de forma controlada y estaba libre de parásitos, el intento no funcionó. Ni siquiera un cambio de nombre, del término japonés para el salmón a un "saamon", adaptando el nombre inglés, sirvió para hacerles cambiar de parecer.
Tras años chocándose contra un muro, en 1989 Noruega consigue convencer a una empresa de productos congelados japonesa para que comprara aquellas 5.000 toneladas a un precio irrisorio. Sin embargo, no fue el bajo precio del producto lo que encendió la chispa, sino los nuevos restaurantes que habían llegado a un acuerdo con aquella empresa.
La gran particularidad de dichos establecimientos es que habían ideado una llamativa forma de presentar el sushi a los comensales gracias al kaitenzushi, las cintas transportadoras que años después se convirtieron en un símbolo de este tipo de restaurantes japoneses. Aunque el público general seguía renegando del salmón como sushi, los niños que acudían a comer con su familia se volvían locos cada vez que veían el colorido salmón pasar por la cinta.
Conforme empezaban a crecer, el salmón fue ganando más y más terreno, ganándole la partida al atún rojo y a un pescado blanco que resultaba mucho menos llamativo a nivel visual. Gracias a aquella cinta transportadora y la falta de prejuicios de los críos, hoy Noruega exporta más de un millón de toneladas de salmón al año y, aquél Japón que renegaba de su producto, es hoy su principal mercado.
Imagen | Ashan en Midjourney
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