
El Acorazado Potemkin buscaba promover la revolución bolchevique, y le dio a Hollywood el esquema de los blockbusters
Históricamente, no es raro que muchos avances y desarrollos soviéticos -de varios estratos- acabaran encontrando una salida "real" en países extranjeros, principalmente los EE.UU. Y culturalmente hubo un elemento "tránsfugo" de la U.R.S.S. hacia los Estados Unidos: su lenguaje visual para los films y que ha llegado hasta nuestros días como la plantilla con la que se crean escenas de acción de lo más complejas y espectaculares.
Lo irónico, es que el embrión de ese tipo de montajes nació dentro de uno de los films más conocidos de toda la historia del cinematógrafo, que a su vez es la película más famosa producida en Rusia: El Acorazado Potemkin, un film desarrollado por el gobierno soviético para celebrar el aniversario de la Revolución de 1905.
Las escaleras de Odessa, la escena más reconocible del cine soviético
El cineasta Sergei Eisenstein recibió en 1925 un encargo de las autoridades políticas soviéticas de filmar una película que conmemorase el vigésimo aniversario de la Revolución de 1905. Eisenstein concibió entonces el film El Acorazado Potemkin, un relato sobre cómo la tripulación del buque, hartos ya de los abusos de sus oficiales y de las pésimas condiciones de vida las que los sometían abordo, se amotinaron y desencadenaron una revuelta contra el régimen Zarista en la ciudad de Odessa.
En esencia, era una película propagandística -como muchas de la época, en muchos otros países, y bajo distintas formas de gobierno-, pero lo que tanto estudiosos del cine como espectadores recuerdan de ese film fue la famosa secuencia que más impacta de la película: las escaleras de Odessa. Fue el momento más sangriento de la cinta, pues en ella se ve a los soldados leales al Zar abriendo fuego contra una multitud de civiles desarmados en esa zona de la ciudad.
En vez de hacerlo con uno o dos planos para reflejar el hecho, Eisenstein desarrollo toda una secuencia de seis minutos en las que se ve a gente corriendo y cayendo abatida por disparos, primeros planos de rostros aterrados, fusiles disparando, y probablemente el fragmento más impactante: un cochecito de bebé cayendo por las empinadas escaleras en las que se veían los cuerpos sin vida de los civiles que murieron por los disparos de los soldados.
Ya sea por la morbosidad que transmite la escena, o por el ritmo que el cineasta ruso le imprimió al montarla (que por cierto, originalmente debía ser mucho más breve; Eisenstein la improvisó sobre la marcha), quedó grabada en la retina de los millones de aficionados al cine de todo el mundo. Y por supuesto, a Hollywood no le pasó desapercibida.
La escena que ves en muchas películas y no te das cuenta
Ya es sabido que durante los primeros años de la industria del cine como entretenimiento de masas, las películas usaban también para "adoctrinar" a las audiencias en los momentos más tensos del S.XX. Raro era el film producido en Norteamérica que no pusiera a Rusia o la U.R.S.S. como "la mala" o el origen de los males de muchas tramas, y no solo en los primeros films comerciales: Estación Polar Cebra, Amanecer Rojo, Rocky IV, Air Force One, El Pacificador... pero el denominador común de muchos de esos films va más allá de la idea de apuntar con el dedo a la Federación Rusa del pasado o el presente.
Irónicamente, las "armas" en forma de planos que Eisenstein usó en el Acorazado Potemkin se convirtieron en la base de muchísimas de las grandes escenas de acción que más recordamos de Hollywood. Entre los mejores "alumnos" de la película hay directores como Alfred Hitchcock con Corresponsal Extranjero o Psicosis; Francis Ford Coppola con en El Padrino, Terry Gilliam con Brazil, y hasta Woody Allen con Bananas. Sus películas incluyen muchos de los elementos fílmicos de esa secuencia de seis minutos; no tanto en imaginería como en ritmo y sucesión de planos.
Pero también hay casos de conocidos films que directamente homenajean de forma más seria o más paródica esa parte del Acorazado Potemkin. El ejemplo más obvio es Brian de Palma, con la escena del tiroteo en la estación de trenes en la película Los Intocables. El público cuando la vio en 1987 no sabía que estaba viendo un calco de la secuencia más impactante del film Ruso, casi fotograma a fotograma (aunque mucho menos sangrienta y representando un altercado entre criminales y fuerzas de la ley).
El caso es que lo que la U.R.S.S. diseñó como un estilo de lenguaje visual pensado para ensalzar los valores revolucionarios y del comunismo, acabó siendo contra utilizado por Hollywood hasta nuestros días como una forma de contar cualquier historia de acción, de cualquier ideología y en casi cualquier contexto. Una técnica de montaje soviético conquistó el mundo completamente desligada de la ideología que la había creado. Las escaleras de Odessa aparecen en thrillers de gánsteres, comedias de Woody Allen y hasta en parodias como en Agárralo como Puedas. La revolución estética sobrevivió, pero el experimento político que la financió, no.
Imagen de portada: Odessa International Film Festival (Wikimedia Commons CC BY-SA 3.0)
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