El problema no está en no saber leer Cumbres Borrascosas, la clave está en entender por qué los jóvenes quieren hacerlo en vez de mirar TikTok

  • La película de Margot Robbie y Jacob Elordi ha puesto de moda leer Cumbres Borrascosas

  • Una joven de la Generación Z ha reconocido no entender el vocabulario del libro

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Durante las últimas horas las redes sociales se han convertido en un hervidero de críticas hacia una misma diana: un vídeo en el que una creadora de contenido reconocía haber empezado a leer Cumbres Borrascosas pero no entendía muchas de las palabras que aparecían en él. 

Aunque el nivel de los comentarios del tuitero medio se mueve en ambas direcciones, la mayoría se lleva las manos a la cabeza para denunciar cómo es posible que una joven de 25 años no sepa qué significa "antonomasia" o tenga problemas para seguir el ritmo de su construcción de frases. 

El problema es que, con sus críticas, el debate no está abriendo sólo un melón, sino varios. Desde la valoración del sistema educativo actual hasta cómo los jóvenes Gen Z hacen gala de un léxico cada vez más pobre que les impide gozar de una comprensión lectora eficiente, el ejemplo de la chica que no sabe leer Cumbres Borrascosas resulta mucho más complicado de lo que parece a simple vista. 

La Generación Z que no entiende un libro de 1847

Que la novela de Emily Brontë publicada por primera vez en 1847 vuelva a estar de moda tiene mucho que ver con su salto al cine de la mano de Margot Robbie y Jacob Elordi. La idea de un drama romántico en plena época victoriana es más que suficiente para que, aquellos fanáticos de la ficción con toques de lujuria, se hayan querido acercar ahora tanto a la película como al libro. 

Mientras se atasca al leer y se muestra desconcertada por ciertas palabras, la creadora de contenido estilo BookTok, Barbara Bulnes, empieza a repasar ante la cámara el extracto que se le ha cruzado y que sirve para evidenciar su problema: 

"Un limen nos condujo directamente a la sala de estar porque no había recibidor ni pasillo introductorio. Aquí, por antonomasia, se denominaba a esta pieza la casa. Suele incluir cocina y sala, pero creo que en Cumbres Borrascosas, el personal de la cocina ha tenido que batirse en retirada a otra dependencia". 

Tras terminar el párrafo apunta: "¿Cómo me voy a leer el libro si no entiendo la mitad del vocabulario?".

Lo que pone sobre la mesa su crítica es un debate que, en primer lugar, rompe la pasión por la lectura en dos grupos muy definidos. A un lado están los que mantienen que esa profundidad léxica y estilística es parte de la inmersión en la lectura. Que acercarse al cómo escribían hace 200 años nos hace más ricos no sólo intelectualmente, sino que también amplía y preserva un vocabulario que, pese a estar en desuso a nivel vocal, resulta imprescindible desde una óptica literaria. 

Frente a quienes creen que el problema se soluciona leyendo más y mejor, incluso si es con un diccionario en las manos, está un segundo grupo que defiende que no pueden ponerse barreras léxicas o sintácticas a la lectura. Que el consumo de literatura está cambiando porque también lo hacen las generaciones y que, si los libros no resultan más accesibles, dejan de ser atractivos. Frente a ese choque de opiniones podríamos limitarnos a decir que ambos tienen parte de razón, pero la fina línea que separa la democratización de la lectura de la pérdida de cultura nos pone en un aprieto. 

El estado del castellano en la era de TikTok

En uno de los últimos estudios sobre el estado del castellano en la era digital, la muestra arrojaba lo que hoy todos deducimos del citado vídeo. Nos enfrentamos a un más que evidente retroceso en el vocabulario y la ortografía de los jóvenes de entre 18 y 25 años. Algo que va mucho más allá de utilizar el "bro" como coletilla.

El 73% reconocía no utilizar tildes a la hora de escribir, el 61% se saltaba los signos de apertura de exclamación e interrogación como si escribieran en inglés, y el 41% consideraba que cerrar un mensaje con un punto podía sonar demasiado seco para su interlocutor. En concreto, el vocabulario utilizado entre los jóvenes había descendido un 27% si lo comparábamos con grupos de la misma edad de 1990. 

Aquí sería fácil caer en la educación como fuente del problema, pero si algo ha demostrado la neurociencia es que su origen es otro. Leer no sólo afecta a qué y cómo leemos, sino también cómo procesamos la información. Si nuestro cerebro está habituado a contenidos rápidos, lecturas fugaces y multitarea, las conexiones neuronales se adaptan a ello para mejorar la velocidad y la eficiencia. Por el camino, sin embargo, se atrofian los que facilitan una lectura profunda y sosegada. 

La irrupción del lenguaje neutro y accesible de la IA en los jóvenes promete agravar aún más el problema

Si las fuentes de entretenimiento navegan entre vídeos de TikTok, tuits de menos de 150 caracteres, y películas de Netflix que repiten una vez tras otra la trama para que nadie se pierda mientras miran el móvil, el cerebro inevitablemente se adapta a eso. Si en la ecuación entra el uso de pantallas desde una temprana edad y no se fomenta el hábito de lectura en casa -no como norma, sino dando ejemplo-, esas conexiones neuronales chocan de frente con el reto de una lectura clásica traducida hace varias décadas. 

Lo más preocupante de esa situación es que no tardaremos mucho en volver a entonar un "de aquellos polvos, estos lodos". La irrupción de la IA de la mano de ChatGPT y Gemini en la vida de los estudiantes promete acelerar aún más esa pérdida de lenguaje. Con un español neutro y accesible, los textos con estilo, ambigüedades y palabros, seguirán desvaneciéndose por una simple cuestión de estadística.

Si no lo entiendo, no leo

El "¿y qué hacemos?" resultante está en el centro de todas las miradas. Frente a ese panorama la respuesta más lógica parece ser que hay que potenciar desde la educación ese retorno a los textos más densos y complejos para evitar que este conflicto se lleve por delante al lenguaje. Que a las aulas vuelvan Fortunata y Jacinta, Lazarillo de Tormes y La Celestina, y que sea la docencia la que se encargue de acompañar a los jóvenes en su más que previsible choque lingüístico. 

La realidad del sistema educativo actual es que, sin una adaptación que intente pescar lectores ya desde el principio, los estudiantes pierden esa pasión por el camino. La idea de abrazar obras adaptadas que respeten la trama pero simplifiquen su léxico y su sintaxis parte, precisamente, de intentar que los jóvenes se sientan atraídos por la lectura y no se queden atrás. De aficionarlos a una forma de entretenimiento y cultura que poco o nada tiene que ver con la que están acostumbrados a consumir. 

Se ha perdido el padre comprando el diario y trayendo a casa la lectura del dominical para niños. Se ha perdido el sentarse frente a una televisión con un lenguaje en vertical, adaptado en forma de dibujos animados y complejo ante el telediario. Con el salto al entretenimiento digital debemos admitir que se ha perdido -o se ha transformado- una forma de entender el entretenimiento que nos ha acompañado durante décadas. 

El que disfruta ahora esa Generación Z se limita a un lenguaje horizontal. Lees lo que escriben otros jóvenes con el mismo léxico que tú, y ves lo que dicen otros jóvenes que mantienen tu mismo vocabulario. Un escenario en el que, en un lado y en otro, los anglicismos han desplazado al arcaísmo. 

La clave del problema la recoge la misma muchacha hacia el final del vídeo afirmando que, por su tamaño, tenía intención de leerse Cumbres Borrascosas en una sentada. Nos hemos perdido en un debate sobre el léxico cuando el verdadero problema es que cada vez resulta menos común que los jóvenes quieran acercarse a un libro. A querer leer por el mero hecho de disfrutar la lectura, en vez de perderse entre vídeos de TikTok como hacen la mayoría de los jóvenes de su generación. 

Una vez superado ese desafío, podremos entrar a valorar hasta qué punto estamos perdiendo vocabulario y cómo resolverlo. Pero en ese mismo debate también tendremos que puntualizar que, aunque nos sorprenda que la muchacha no sepa lo que significa "antonomasia", muchos de nosotros también hemos tenido que buscar qué narices significa "limen". 

Del lat. limen. | m. poét. umbral (parte inferior o escalón de una puerta o entrada). | m. Paso primero o entrada al conocimiento de una materia.

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