La psicología dice que los nacidos entre los años 80 y los 90 que crecieron viendo Dragon Ball han desarrollado una ambigüedad especial

  • Sin saberlo, Dragon Ball marcó la forma en la que los Millenials ven el mundo

  • Es el ejemplo perfecto de lo que la teoría del desarrollo moral de Kohlberg había 20 años antes

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Las generaciones anteriores siempre se vanaglorian de cómo su infancia era mejor, de cómo jugaban en vez de estar enganchadas al ordenador o la televisión. Sin embargo, para quienes crecimos en los 80 o en los 90, la psicología dice que hay algo que disfrutamos en nuestro desarrollo cognitivo que el resto no tuvo y nos da una gran ventaja: Dragon Ball. Aunque parezca absurdo, tiene más sentido de lo que parece.

Estudios cognitivos y psicológicos destacan que nuestro impacto con la ficción a ciertas edades moldea cómo vamos a enfrentarnos al mundo el día de mañana. Al enfrentarnos al mundo del anime de la mano de unas historias que jugaban con la ambigüedad moral, nuestra perspectiva ha terminado siendo mucho más compleja que la de generaciones anteriores a los Millenials. 

Cómo Dragon Ball marcó la forma en la que los Millenials ven el mundo

El mejor ejemplo de cómo Dragon Ball terminó marcando nuestra forma de desarrollar la empatía en edades tempranas está en personajes como Piccolo o Vegeta. Hablamos de protagonistas que van más allá del arco de redención clásico al que nos tenía acostumbrada la ficción hasta entonces. No eran malos que se volvían buenos, eran personajes que, bajo la premisa del antihéroe, nos obligaban a acercarnos a ellos bajo dos perspectivas completamente contradictorias. 

En esa moralidad gris, la que nos enseñaba a Vegeta destruyendo planetas para luego unir fuerzas con Goku, animes como Dragon Ball nos colocaron en una montaña rusa de emociones que abordaban un panorama social mucho más complejo que el que podía ofrecernos, qué sé yo, Disney, en aquella misma época. En cierto sentido, nos enfrentó a una rotura de las normas morales convencionales, obligándonos a saltar del odio a un personaje a vernos en la tesitura de tener que entender sus motivaciones. 

El mejor ejemplo de ello, en cualquier caso, no está en la idea de los villanos con una profundidad poco convencional, sino en Gohan. De pequeños vivimos cómo el crío se convertía en el mejor guerrero de la galaxia para, hacia el final de la serie, ver cómo abandonaba ese camino para dedicarse a estudiar y abandonar la lucha. La mera idea de plantearnos ese escenario, de elegir su propio destino y romper con lo que a priori era lo lógico, nos estaba empujando a replantear lo que significaba una posición de poder y cuestionar nuestro presente. 

Con todo, Dragon Ball es el perfecto ejemplo de lo que la teoría del desarrollo moral de Kohlberg había planteado dos décadas antes, el cómo enfocar la mente de críos de 9 años hasta la adolescencia podía resultar clave para empujarlos a una moralidad fuera de lo convencional porque, precisamente en esas etapas, es donde desarrollamos cómo vemos la sociedad en el futuro. 

Imagen | Lucas Lagos

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