El descubridor del naufragio más conocido se enfrenta a una carrera contra el tiempo para localizar buques hundidos en la Segunda Guerra Mundial
Hay un nombre y un naufragio que cambiaron la historia de la Arqueología Submarina: Robert Ballard y el H.M.S. Titanic. Gracias a él conocemos la última morada del transatlántico más conocido con el destino más infame de cuantos existieron: hundirse en su viaje inaugural pese a su fama de insumergible. Pero el oceanógrafo norteamericano no se quedó de brazos cruzados viviendo de la renta de haber localizado el pecio más famoso del mundo.
Los cuarenta años que han seguido a su descubrimiento de 1985 los ha dedicado a encontrar otros pecios, de barcos y aeronaves, y todos comparten algo en común. Están localizados en la misma zona y algunos de ellos se hundieron con pocos dias de diferencia: 13 navíos militares que participaron en la Campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial y que descansan en lo que hoy se conoce como el Iron Bottom Sound.
El mayor cementerio submarino del mundo
Cuando Ballard solicitó ayuda económica a la Marina de los EE.UU para localizar el Titanic, estos le pusieron una condición: que primero localizase dos submarinos nucleares desaparecidos durante la Guerra Fría. Lo hizo, y con los recursos de la armada norteamericana y sus avanzados sumergibles, Ballard localizó el Titanic, pero lejos de romper lazos con la marina y seguir su camino, continuo colaborando con ellos en diversos proyectos de rescate submarino.
En 2025 se embarcó en su proyecto más ambicioso -en la que participaron expertos de los EE.UU, Japón, Australia o Nueva Zelanda-: la localización y registro de los pecios de algunos de los 111 navíos hundidos y las mas de 1.450 aeronaves perdidas en el Iron Bottom Sound: el estrecho situado entre Guadalcanal, Savo y Nggela; uno de los puntos calientes de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.
Este estrecho originalmente era conocido con el nombre de Sealark Sound, pero su nueva nomenclatura fue asignada por los marineros aliados a medida que tanto barcos norteamericanos como japoneses y algunos de la ABDACOM (el Comando Estadounidense-Británico-Neerlandés-Australiano compuesto por flotas de dichos países) eran hundidos en la zona. El problema para este proyecto es que la mayoría de batallas que tuvieron en esta zona se libraban durante la noche, mediante torpedos, y el tiempo de hundimiento desde el impacto hasta que el barco atacado se iba a pique, era de minutos; no hubo tiempo en la inmensa mayoría de los casos de transmitir un S.O.S con las coordenadas como si lo hizo el Titanic.
La otra dificultad era que el lecho marino del Iron Bottom es muy irregular, lleno de montañas submarinas y simas que superan los 1.000 metros de profundidad. Si bien para los sumergibles DriX, o los ROV del Nautilus (el buque desde el que Ballard ha dirigido sus expediciones a lo largo de su carrera) no es una profundad que no puedan tolerar, la zona en sí era mucho más extensa: 1.000 kilometros cuadrados desde la localidad de Honiara.
Solo 13 barcos de 111 localizados, y el reloj corre
Iniciada en 2025, la expedición consiguió mapear el terreno antes mencionado y localizar los restos de 13 navíos militares. Uno de los más destacados fue el crucero USS New Orleans (hundido el 30 de noviembre de 1942 durante la batalla de Tassafaronga). Aunque previamente se había localizado su quilla, la proa y una de sus torretas se desprendieron debido al impacto de un torpedo que seccionó el buque y provocó que sus restos quedaran esparcidos.
Casi opuesto al del destructor de escolta de la clase Akizuki IJN Teruzuki. Esta nave era el buque insignia del contralmirante Raizō Tanaka, un oficial japonés conocido y respetado por sus compatriotas y enemigos y que se había ganado el apodo de "Tenacious Tanaka" por su pericia al realizar ataques nocturnos con dicho buque. En el caso del Teruzuki, su pecio fue hallado mayormente intacto, con su popa solo a 200 metros del casco. Ambos barcos se hundieron con menos de un mes de diferencia el uno de otro.
El problema es que junto a estos dos Ballard y su expedición solo consiguieron hallar otros 11 buques y algunas aeronaves derribadas en las contiendas aéreas de la zona. No obstante, y pese a que Ballard tiene ya 83 años no descarta volver a esta zona en el futuro para intentar localizar más buques. No solo por la memoria de los más de 20.000 marineros de todas las naciones que perdieron la vida en esos naufragios. La corrosión propia de los pecios bajo el agua hará que en unas cuantas décadas sean imposibles de identificar, algo que ya le está ocurriendo al Titanic, y que Ballard espera que alguien continúe en el futuro.
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