La NASA lleva 50 años explorando la parte más desconocida de la Tierra, y si sabemos tan poco no es por falta de tecnología sino de algo más humano

El presupuesto que se destina a la exploración de los mares es 150 menor que el que va a parar a la exploración aeroespacial

Nasa Exploracon Submarina
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Alberto Moral

Editor - Guías
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Alberto Moral

Editor - Guías

Cuando pensamos en la NASA, lo más normal es que automáticamente pensemos en la exploración aeroespacial. Es lo normal, el nombre de la organización ya lo dice todo: Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (National Aeronautics and Space Administration). Pero la rama gubernamental estadounidense que puso al ser humano sobre la Luna no solo ha mirado hacia afuera a la hora de realizar exploraciones e investigación, también lo ha hecho hacia la Tierra.

A lo largo de estos últimos 50 años, también ha estado explorando la región más inhóspita del planeta: los océanos. Pero hay un problema que ya te puedes estar imaginando. El presupuesto que recibe para realizar estas exploraciones es 150 veces menor que el que se destina a sus proyectos extra planetarios. Y no lo hace por recomendación de sus científicos.

El Efecto Mateo aplicado a los cohetes

En 1968 (un año antes de que Neil Armstrong pisara la Luna), el sociólogo Robert K. Merton publicó un artículo que explicaba lo que es el "Efecto Mateo" -derivado del Evangelio de Mateo, de ahí su nombre- para describir cómo los científicos ya reconocidos reciben más crédito y recursos que sus colegas menos conocidos, incluso cuando sus contribuciones son comparables. En esencia, es una reducción a lo absurdo de "los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres" pero con un enfoque aplicado a los campos de estudio de la ciencia.

Lo que Merton describió a escala de investigadores individuales opera exactamente igual a escala de disciplinas enteras. La exploración espacial tiene reputación acumulada, narrativa épica, héroes con nombre propio y décadas de gasto público que generan inercia presupuestaria.

La exploración oceánica profunda no tiene nada de eso (a pesar de la existencia de figuras como Jacques Cousteau, que dedicó su vida a la exploración marina y de su biología). Y por tanto, no recibe recursos proporcionales a su relevancia científica real. En pocas palabras, lo que tiene mejor marketing convence más para invertir en ello que lo que no tiene tanta visibilidad, aún cuando es más cercano científicamente (es evidente que nuestros mares están al lado, cuando Marte está "en el quinto pinto"), y nos afecta más directamente a nosotros: las mareas y los cambios climatológicos provocados por estas tienen un impacto contrastado y perceptible en la vida de la Tierra; lo que ocurre en Marte, no.

La NASA lo ha intentado, pero las métricas no dan

Esto se traduce en un dato contradictorio cuanto menos. ¿Cómo se entiende que hayamos mapeado prácticamente y con precisión la superficie de marte, y en cambio solo sepamos cual es la orografía de algo menos de un 30% de los océanos? Y que conste que la NASA ha querido pujar por explorar mejor esa enorme e inexplorada zona de nuestro planeta; su satélite SWOT ha permitido elevar el número de montes submarinos conocidos de 44.000 a cerca de 100.000. Y de nuevo no es un dato capcioso: esos montes regulan corrientes, concentran biodiversidad, y almacenan minerales críticos.

Otro dato: se estima que aún faltan por catalogar y clasificar el 91% de las formas de vida acuáticas del planeta...y en vez de eso teorizamos si en Marte hubo agua o no, cuando la probabilidad de encontrar allí formas de vida microscópicas sigue siendo, en el mejor de los casos, una hipótesis sin confirmar.

La explicación, por poner un ejemplo un poco friki, es la misma que le dieron a Woody -el personaje principal de Toy Story 2 interpretado por Tom Hanks- sobre por qué se canceló su serie de TV en los 50: el espacio vende más y llama más la atención que algo que tenemos "al lado" como los océanos, incluso si solo hemos explorado una fracción de estos.

Lo irónico es que para confirmar -o desmentir mejor dicho- que había descubrimientos que "impactarían la búsqueda de vida extraterrestre" (el anuncio de la NASA en 2010 resultó ser el hallazgo de una bacteria terrestre capaz de utilizar arsénico, no la detección de organismos marcianos de ningún tipo), se financiaron los proyectos destinados a ello con 150 veces más dinero que el que se necesita para encontrar los miles de formas de vida que hay ocultas en los mares del globo. Conclusión y como postulaba Merton: "Al que tiene se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene, se le quitará [lo poco de lo que dispone]".

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