Alcanzó el tercer puesto de la taquilla mundial sólo por detrás de Avatar y Zootopia 2
A los sectores rusos más conservadores no les ha hecho ninguna gracia
Navegando entre un oso y un ratón, parece difícil distinguir qué es realmente Cheburashka más allá de una evidente copia rusa del fenómeno Mickey Mouse. Tras convertirse en héroe de la Unión Soviética a finales de los 60, ahora el personaje ha vuelto a ganarse el cariño de Rusia con dos películas que han catapultado la nostalgia del personaje hasta las nuevas generaciones.
Conseguir 37 millones en los primeros cinco días de estreno no es una cifra al alcance de cualquier película, pero para un icono como Cheburashka, alcanzar el tercer puesto de la taquilla mundial sólo por detrás de Avatar y Zootopia 2 es coser y cantar. Para buena parte de los sectores rusos más conservadores, sin embargo, ese éxito es un problema a atajar.
El Mickey Mouse soviético que ha dividido a Rusia
Pese a que la lógica debería empujarnos a un escenario en el que Rusia celebra el éxito de una producción propia, especialmente en un momento en el que el aislamiento y las sanciones impiden a su población asomarse a los éxitos de Hollywood, Cheburashka no se ha metido en el bolsillo a los más extremistas del país. Creen que el oso es una distracción peligrosa.
Nacida de tres creativos judíos -lo que en sí ya es un problema para la Rusia actual- la historia de Cheburashka sigue en cierto sentido sus pasos, la de tres personas ajenas al sistema soviético que tuvieron que tirar de empatía y la búsqueda de la amistad para hacerse un hueco en aquél escenario de los 60. En cierto sentido, lo que hace el bichejo es apuntar a esos mismos valores en sus películas.
Pero para una Rusia en plena campaña bélica, la idea de una criatura torpe y bobalicona que empuja a la gente a ser más empática, en vez de a mantener la maquinaria de propaganda de guerra a pleno rendimiento, las voces en el Kremlin que claman por censura y frenar este tipo de producciones no han dejado de crecer.
Convertido en símbolo y talismán del patriotismo ruso durante el inicio de la guerra de Ucrania, ver a aquella figura nostálgica soviética transformada en otra cosa está lejos de resultar ideal para ese sector. Lo que apuntan los expertos desde fuera de Rusia es que, si Cheburashka ha alcanzado ese éxito, es precisamente por lo mucho que tiene que ver con esa rotura del discurso belicista y patriótico con el que llevan años lidiando.
Imagen | The Protsenko Family
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