El 60% de los profesores encuestados reconoce haber utilizado en algún momento una IA
Quienes la utilizan de forma recurrente se ahorran una media de 5,9 horas semanales
En la batalla por hacer de la semana de cuatro días laborales una realidad cada vez más plausible, la necesidad de sumar voces que certifiquen su viabilidad resulta crucial. Con los profesores convertidos en uno de los sectores del mercado laboral que aparentemente lo tienen más difícil que nadie para reducir horas, que ahora aparezca un estudio demostrando hasta qué punto han conseguido reducir 6 horas a su jornada laboral es un paso importantísimo.
Según apuntan desde una encuesta realizada entre más de 2.000 docentes de distintas escuelas públicas de Estados Unidos, el uso de la IA se ha convertido en una herramienta crucial para apoyar ese ahorro horario. Convirtiendo plataformas como ChatGPT o MagicSchool en parte de su día a día, quienes utilizan la inteligencia artificial de forma recurrente aseguran haberse ahorrado una media de 5,9 horas semanales.
El 60% de los profesores usa la IA
Tal y como recogían en Fortune, la profesora de matemáticas Ana Sepúlveda se planteó cómo podría hacer de las matemáticas una materia más divertida para sus alumnos. Agarrándose a la pasión por el fútbol de los muchachos, le preguntó a ChatGPT qué podría hacer para aplicar la materia al deporte. Apenas unos segundos después contaba con un plan de cinco páginas que adaptaba la geometría a todos los aspectos del fútbol, desde los campos y la pelota hasta el diseño de los estadios.
La realidad es que el uso de la IA está mucho más generalizado entre los profesores de lo que podríamos pensar. Frente a las continuas críticas sobre el uso de los alumnos para hacer trabajos, cada vez salen a la luz más casos en los que estos últimos se niegan a ceder, acudiendo a la hipocresía de que ellos no puedan valerse de la herramienta mientras sus tutores sí lo hacen.
Por su parte, los profesores creen que además de ahorrarles tiempo también mejoran su trabajo en forma de tareas administrativas o poder ofrecer un feedback más rápido a alumnos y padres. Según apunta el estudio, el 60% de los profesores encuestados reconoce haber utilizado en algún momento una IA durante el curso escolar 2024-2025.
Lo hacen no sólo para preparar clases, sino también para generar fichas, adaptar materiales, crear exámenes e incluso corregirlos o realizar informes de evaluación; lo que a la larga reduce el número de horas que dedican a tareas más repetitivas y les permite reinvertir ese tiempo en apoyar a los alumnos, diseñar actividades de forma más creativa, o poder tener más reuniones con los padres.
El colegio con clases de 4 días
Frente al miedo a cómo los docentes podrían terminar dependiendo en exceso de la IA, o hasta qué punto podrían terminar contagiando ese uso a sus alumnos en una pérdida de competencias que afectaría a ambos, aseguran que la IA es algo que va a transformar nuestra vida a todos los niveles, y que mirar hacia otro lado en vez de aprovecharlo sería absurdo: "Si estoy en la tribuna de 'la IA es mala y los niños se van a volver tontos', bueno, pues sí, ocurrirá si no les enseñamos cómo usar la herramienta. Siento que mi responsabilidad como adulto en la sala es ayudarlos a descubrir cómo navegar por este futuro".
La posibilidad de adentrarse en una semana de 4 días sigue una máxima similar. Si cada vez resulta más evidente que vamos enfocados en esa dirección a nivel laboral, hay que ver qué hacemos también con los colegios de los críos. A principios de año, un estudio con 1.600 escuelas rurales con jornadas lectivas de cuatro días sirvió para acercarse a sus beneficios y carencias.
Añadiendo 50 minutos adicionales cada día para compensar ese viernes libre, el estudio analizó a partir de qué punto una reducción en las horas semanales de los estudiantes terminaba afectando a su rendimiento. Lo que descubrieron fue que, mientras la semana se mantuviese en 32 horas, la diferencia respecto a escuelas con mayor horario lectivo desaparecía.
Apuntando a esa media y quedando siempre por encima de las 30 horas, el estudio veía de forma positiva el cambio de ese viernes libre, pero también apuntaba que las pruebas de rendimiento debían ser más exhaustivas para cerciorarse de que no había una caída. Además, ponían sobre la mesa la necesidad de, en aquellos supuestos en los que la conciliación familiar no fuese posible, los centros debían cubrir ese viernes libre con actividades adicionales y un apoyo alimentario que evitase problemas mayores entre el alumnado vulnerable.
Imagen | Spicyilgator en Midjourney
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