Con sus 21.000 kilómetros, la Gran Muralla China tenía un defecto que ningún arquitecto vio: sus guardias fabricaban los enemigos que debían detener

Con sus 21.000 kilómetros, la Gran Muralla China tenía un defecto que ningún arquitecto vio: sus guardias fabricaban los enemigos que debían detener

Cierta práctica de los guardias de la Gran Muralla estaba erosionando el propósito por el que se construyó

Alberto Moral

Editor - Guías

La Gran Muralla China es probablemente la construcción defensiva más grande hecha por el ser humano. Durante cientos de años, esta frontera artificial de 21.000 kilómetros fue la que contuvo la mayor parte de los intentos de invasión de los enemigos de China, principalmente a los mongoles que intentaban penetrar en el país por el norte. 

Sin embargo, la muralla y el sistema que las dinastías chinas implementaron para dotarla de personal humano tuvieron un efecto contrario al esperado: en vez de reducir el número de amenazas externas lo potenciaron. Y el motivo no era tanto el querer demostrar que el muro era infranqueable, sino que sus guardias habían encontrado una suerte de "exploit" en el sistema para intentar cobrar más por el tiempo en el que estaban allí destinados. Es lo que se conoce como el Efecto Cobra, el sistema acaba consumiéndose a sí mismo, y esto conduce a que cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida, según la Ley de Goodhart.

Un exploit documentado, los guardias dela Muralla creando enemigos

Los guardias que estaban destinados en la Gran Muralla no tenían una vida fácil. Sus pagas muchas veces eran "redistribuidas" por los oficiales a los que estaban subordinados y en no pocas ocasiones tenían que pasar hambre porque los suministros destinados a centenares de soldados repartidos a lo largo de una frontera de 21.000 kilómetros no llegaban a todos por igual; los más alejados casi siempre eran los que menos recibían.

A todo esto, también tenían que cumplir con sus funciones de guardianes y su salario pivotaba en base a los enemigos que mataban o capturaban. Esta lógica parecía suficiente para mantener el sistema defensivo, y sobre el papel funcionó porque muy pocas -por no decir casi ninguna- de las incursiones para superar la muralla tuvieron éxito. Pero lo que no se tuvo en cuenta fue que los soldados podían explotar el sistema para compensar sus deplorables condiciones.

Capturar a un enemigo era más valioso que matarlo para los guardias, pero no por lo que podría pensarse -interrogarlo para conseguir información del grupo de enemigos al que pertenecía-, sino porque era "el pan de mañana". Después de informar a sus superiores que se había capturado a un enemigo, cuando se supone que debían confinarlo, lo liberaban. Habían aprendido que los enemigos de China eran persistentes y sus ataques no cesaban, y era perfectamente posible recapturar a alguien que liberaron anteriormente, con lo que en esencia estaban cobrando el doble de dinero por la misma captura, pero a la vez estaban erosionando un sistema que ya no era un medio para defender el país, era un objetivo.

El Efecto Cobra y la Ley de Goodhart, cuando un sistema se "autodestruye"

En realidad, este escenario de "perversión" o manipulación del sistema a favor del enriquecimiento de los soldados es una combinación de dos factores. Primero está el Efecto Cobra, que por querer solucionar un problema, lo que a veces se consigue es empeorar la situación, o como se dice popularmente, es peor el remedio que la enfermedad. Los soldados destacados en las 25.000 atalayas de la muralla de la época y su practica de "coger y soltar" para cobrar más dinero son un caso de manual; no solo no estaban reduciendo el número de enemigos potenciales, estaban dejando que aumentara de forma pasiva

Por su parte, la Ley de Goodhart (de Charles Goodhart, miembro del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra que postuló en 1975 el principio que lleva su nombre), expuso con ejemplos prácticamente idénticos a este que "cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida". Dicho coloquialmente, en el momento en que se decide medir algo y recompensarlo -en nuestro caso la eficiencia de los soldados para capturar enemigos con pagas mayores-, lo que se consigue es que lo que debería ser el incentivo se convierta en el objetivo, y todo se haga en base a ello.

Y no es tan descabellado o raro, lo vemos cada día. En las métricas, se llega a interpretar datos de forma manipulativa para justificar una decisión; en los videojuegos, consiste en encontrar un 'exploit' para obtener un beneficio mayor que el que se obtiene si seguimos las reglas. En ambos casos es una rotura del sistema. Y aunque esto no explique por qué la dinastía Ming cayó, sí ayuda a entender en qué estado se encontraba el sistema cuando lo hicieron: tan erosionado por dentro que sus propios defensores llevaban generaciones priorizando el beneficio personal sobre la defensa real.

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