Hay quienes creen que Ulises hizo una parada en Mallorca durante la Odisea, pero no por turismo

Teorías recientes sobre el viaje del astuto protagonista de la Odisea apuntan a que pudo pasar por la principal isla de las Baleares

Ulises Mallorca Circe
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Alberto Moral

Editor - Guías
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Alberto Moral

Editor - Guías

Desde que Schliemann descubriera las ruinas de la mítica ciudad de Troya valiéndose principalmente del poema épico clásico de la Ilíada de Homero, muchos otros estudiosos han tratado de replicar su "método" para localizar otras importantes ruinas de la Humanidad en varias partes del mundo. Sin embargo, la capital del imperio que se cree que fue precursora de Roma no es el único lugar que puede investigarse si leemos de forma un poco más analítica lo que el autor griego escribió entre el 750 y el 700 a.C.

El viaje de Ulises (La Odisea) para regresar a Ítaca estuvo marcado por muchos contratiempos y desvíos, y de hecho ha sido posible rastrear alguna de sus posibles paradas gracias al detallismo con el que Homero describía los lugares que visitaba. Tradicionalmente, siempre se ha situado esos lugares en las costas más occidentales de la península itálica. Pero un curioso gráfico publicado por la revista Archaeology Magazine ha apuntado a que el navegante griego pudo llegar hasta la costa catalana o incluso el archipiélago de las Islas Baleares; donde tuvo su encuentro con la hechicera Circe.

Mallorca ¿la Aeaea de Homero?

El grafico que la publicación digital tiene para ilustrar el artículo de "El Inesperado Mundo de Homero" revela varios detalles interesantes. No sólo que, por abordar el tema con un poco de humor, el pobre Ulises diera más vueltas que una peonza para regresar con su familia, sino que muchos de los lugares que visito estaban considerados por los navegantes griegos de la época como el fin del mundo. Hace 3.500 años la navegación por el Mediterráneo era una empresa arriesgada (es uno de los mares más traicioneros en cuanto a meteorología del mundo), y de ahí que no muchos marinos griegos se atrevieran a alejarse de sus costas. 

Sin embargo, la existencia de tierras más allá de las costas griegas o italianas era conocida por varios comerciantes, y a través del contacto con otras culturas del Mediterráneo. Y es precisamente en esa parte más alejada y desconocida del mapa donde Homero sitúa uno de los episodios más célebres de la Odisea: el encuentro de Ulises con Circe, la hechicera que vivió en la isla de Aeaea.

Mapa Mallorca Ulises Imagen: Archaeology Magazine

Ulises llegó a Aeaea con su exhausta tripulación. La isla en sí era boscosa y de horizonte mayormente plano. La mitad de los hombres se adentraron en el interior y encontraron un palacio en el que la hechicera Circe y sus sirvientas, los recibieron con comida y bebida. Pero el festín era una trampa para transformarlos en cerdos, despojándolos de la forma humana, el habla o la razón. Ulises acude a rescatarlos protegido por la hierba moly, que le entregó el dios Hermes, enfrentó a Circe y la obligó a devolver a sus hombres su forma humana.

 En cualquier caso, la tripulación disfrutó de un año de descanso en la isla. Ahora ¿por qué podría ser que, en efecto, Mallorca sea Aeaea no solo en lo geográfico sino también en la trama? La respuesta se encuentra en la propia Odisea y en los escritos de un estudioso griego posterior a Homero, Estrabón.

El duro rito de madurez en las Baleares

Ya hemos visto que Homero describe la isla como un lugar de horizonte bajo y vegetación densa, alejada de cualquier ruta de navegación conocida por los griegos. La Mallorca prerromana, antes de siglos de deforestación agrícola, era exactamente eso, una isla que cuadra con esa descripción en lo que se conocía por los griegos como "el fin del mundo". Mayormente plana en horizonte -las dos sierras, la de Tramuntana y de Llevant que la flanquean por el norte y el sur respectivamente, son tan modestas en altura que desde el mar apenas rompen la línea del horizonte- y cubierta de pinares y encinares que llegaban casi hasta la costa. No es una coincidencia forzada: es una descripción que encaja.

Pero la geografía sola no basta. Entra en escena Estrabón con su Libro III de Geografía. El erudito griego describe una costumbre de los habitantes de las Baleares que, leída junto al episodio de Circe, tiene ciertas similitudes en el fondo de su idea. Cuando los jóvenes baleares estaban cerca de alcanzar la mayoría de edad, los padres baleares los sometían a una dura prueba: no les daban de comer  hasta que no hubieran derribado con una honda la comida colgada en lo alto de un palo o sobre un árbol. Sin excepciones. 

El niño que fallaba, no comía, ni era considerado parte de la tribu (o si aplicamos un filtro más homérico, considerados humanos de pleno derecho). Era un rito de paso y de madurez y que solo superaban quienes demostraran la habilidad que definía a su pueblo.

La estructura y fin de esta costumbre es muy parecida a la "alegoría" del capítulo que transcurre en Aeaea. En la isla de Circe, los hombres de Ulises son despojados de lo más básico, su propia humanidad, hasta que alguien con la capacidad correcta los rescata. El que ya ha sido puesto a prueba por la vida, Ulises, no cae. Los demás, sí. La isla no era una trampa: era el umbral de una prueba.

¿Y cómo pudo Homero conocer este rito? Pues lógicamente gracias a otras culturas mediterráneas como la fenicia. Estos también llevaban siglos navegando hasta las Baleares (que geográficamente las tenían mucho mas cerca que Grecia). Probablemente, cuando Homero compuso su obra más conocida, los relatos de tierras lejanas compartidos por comerciantes, viajeros, o marineros fenicios en general se transmitieron de boca a boca a los griegos; es factible que muchos fuesen testigos de este duro ritual al que los jóvenes mallorquines debían enfrentarse, y eso diera pie a que Homero -o a los bardos que construyeron el poema durante generaciones- aprovechara ese material para moldear uno de los episodios más memorables de la literatura occidental. Al fin y al cabo, es un relato mitológico, y la mitología es la explicación literaria y metafórica de las costumbres y creencias de culturas antiguas. 

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