Dispatch es Crepúsculo para hombres

Además de ganarse por derecho propio el ser uno de los mejores juegos de 2025, Dispatch ha sabido jugar a la perfección una carta que no hemos visto venir

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Lo recordamos como uno de los mejores juegos de 2025, pero durante los últimos tiempos Dispatch ha vuelto al debate público por otra razón, la teoría de que es una copia de Crepúsculo para hombres. El cambio de los vampiros y los hombres lobo romanticones a un grupo de superhéroes descerebrado y canallita nos empuja a creer que la comparación está a kilómetros de ser viable. Pero… la verdad es que no va desencaminada. 

Aunque la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer nos queda ya algo lejos, la fantasía romántica de Bella Swan de finales de los 2000 supo convertirse en fenómeno explotando la idea de que cualquier mujer pudiese sentirse identificada con su protagonista. 

A Dispatch lo vemos como algo completamente distinto. Porque además de contar una historia es un juego de gestión, porque su narrativa quiere ser más madura, porque las decisiones sobre cómo se comporta su protagonista las tomamos nosotros... Podemos autoengañarnos todo lo que queramos. Sigue siendo Crepúsculo para tíos

Robert Robertson es Bella Swan

Cualquiera que tuviese que soportar el desafío de ir al cine a ver alguna de las películas de la saga -puede que por gusto, puede que acompañando a su pareja en aquella época-, estará de acuerdo en que Bella Swan es un personaje insulso a más no poder. Es aburrida, tiene el carisma de un mejillón cerrado, y está lejos de ser la femme fatale que el cine nos había acostumbrado a ver rodeada de maromos en celo. 

No es casualidad, es a conciencia. La intención es que Bella sea un personaje lo suficientemente plano para que cualquier mujer pueda verse reflejada en el personaje. No destaca en nada porque, de hacerlo, rompería esa magia del "yo podría ser ella". Que de buenas a primeras dos seres fantásticos se sientan irracionalmente atraídos por ella, y que sean capaces de romper sus propias reglas y las de la sociedad para captar su atención, es precisamente el tipo de fantasía romántica que condujo a Crepúsculo a su éxito. 

Ahora detengámonos a mirar a Robert Robertson con la misma frialdad incómoda. No tiene el cuerpazo de un "gigachad", no ha salvado el mundo, y compensa con cinismo un principio de depresión por lo solo que se siente y lo mal que le ha tratado la vida pese a haberse esforzado al máximo. Su carisma parece centrarse en saber colar chistes en el momento adecuado, pero más allá de eso está lejos de ser un héroe convencional. Sólo es un hombre normal y corriente en un mundo que se desmorona. 

Pero pese a estar cerca de la mediocridad, tanto como superhéroe sin poderes como miembro de la sociedad, dos heroínas fuera de su liga se enamoran de él. No ha hecho nada para ganarse esa atención más allá de existir, pero tan pronto entra en escena el mundo parece empezar a girar alrededor de él. Su historia previa a la trama de Dispatch, sus traumas personales, su brújula moral… Nada de eso forma parte de la dinámica que lleva a dos mujeres a sentirse atraídas por él. Simplemente ocurre. Y si Robert Robertson no es un hombre normal, si tú no te sientes como él, el drama romántico se cae. 

Dispatch es Crepúsculo para hombres

Las similitudes no acaban ahí y, pese a que hablamos de épocas muy distintas, la romantización del acoso y el voyeurismo que veíamos en Crepúsculo también se repiten en Dispatch, la dicotomía entre la figura dominante y protectora frente a salvaje e incontrolable, la premisa de un enemigo alejándose del mal porque perdona a Robert vuelve a incidir en su magnetismo, y la idea de lo normal como irremediablemente atractivo, incluso cuando tienes a una diosa en la Tierra delante o una villana indomable, mantiene esa misma fantasía. 

Robert podrías ser tú o podría ser yo en una época en la que la masculinidad se ha alejado completamente de la idea del héroe. Vive en un apartamento vacío y cochambroso, está en quiebra, no tiene amigos con los que quedar después del trabajo y, por supuesto, odia lidiar con la necesidad de tener uno pese a que no aporte nada a la hora de cambiar ese escenario. 

Un hombre amargado con la época y el momento que le ha tocado vivir frente al que, en una situación socioeconómica y laboral que nos plantea un escenario similar, nos vemos reflejados aunque no pensemos en ello hasta que alguien pone las cartas sobre la mesa. Somos tan Robert Robertson ahora como las mujeres de los 2000 podían ser Bella Swan.

Y pese a que de alguna forma pueda parecerlo, en realidad ser un Crepúsculo para tíos no lo convierte en un juego peor, sino todo lo contrario. 

De forma intencionada -o de pura casualidad-, Dispatch ha conseguido colarnos por toda la escuadra una fantasía romántica de manual. El canto a un anhelo que comparte buena parte de la población masculina en la que un mindundi cualquiera pueda ser salvado. Que además lo haya conseguido sin que nos demos cuenta es, como mínimo, otro hito del juego digno de aplaudir.

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