No todos los fans de Warhammer estarán dispuestos a aceptar que tiene una parte ridícula e infantil, pero sin ella no habría llegado tan lejos

El universo 'grimdark' de Games Workshop es exagerado, absurdo y con personalidad; solo podía terminar encajando en el mundillo

Mario Gómez

Editor Senior

A Games Workshop se le atribuye la creación del término 'grimdark', en honor al lema de Warhammer 40.000 —"en el despiadado universo [grim darkness] del futuro, solo hay guerra". Es difícil delimitarlo como subgénero literario, pero al menos estamos de acuerdo en que engloba realidades distópicas en las que una vorágine de horror y violencia absolutas oprimen cualquier atisbo de esperanza. Si suena terrible, es porque lo es: el conflicto que rodea al Imperio del Hombre es uno de vísceras, posesiones, traiciones, mutaciones, brujería y espanto. De alguna manera, sin embargo, es también (dicho con un cariño infinito) bobalicón.

No es una crítica, ojo. Te hablo desde la perspectiva de un entusiasta acérrimo de Warhammer 40.000 en todas sus vertientes y formas de expresión. Es un mundo apasionante que le recomendaría encarecidamente a cualquier curioso, si bien el tiempo me demostrado que la marca estrella de GW se disfruta más y rinde mejor a nivel comercial cuando aceptamos que tiene un componente de absurdez que es una parte inherente de su magia y su personalidad. 

Caricaturesco, y querido como ninguno

Recuerdo haber leído hilos de Reddit en los que la comunidad discute cómo de fuertes son realmente los Astartes, o cuál es la escala de tamaño verdadera de un titán Warlord. En casos como estos, la respuesta es encogerse de hombros porque al final del día —esta es la clave para entenderlo todo— 40K no es una historia, sino una ambientación; una definida, para más inri, por múltiples autores a lo largo del tiempo y cada uno de ellos da su propia interpretación de los mismos hechos. No es una dinámica firme ni seria. Es como un crío retorciendo la escala de poder de sus juguetes (señores de la guerra, todos ellos) como parte de algún conflicto épico que se desarrolla en su imaginación. 

"Es un universo diseñado mediante la regla de lo guay, y la gente debería entender eso" —Cormag778 (Reddit)

Porque eso es literalmente lo que está pasando ahí: la compañía que lleva las riendas de la IP Warhammer es un fabricante de kits de modelismo de plástico. El producto final al que te conducen esas espectaculares batallas ficticias, sea para jugar o para conmemorar lo que ves en los libros y los videojuegos, es a efectos prácticos un juguete indistinguible de los que compramos a nuestros sobrinos e hijos cuando se presenta la oportunidad. 

La imagen más pura y auténtica de 40K es una visión retorcida, pero también superficial, del Imperio romano; que abre deliberadamente las puertas a infinitas permutaciones comunitarias. Siendo un hobby creativo, su universo y sus reglas se amoldan a esa imaginación infantil de la que hablábamos antes: los capítulos de los marines espaciales no son más que puertas de entrada a la fantasía que más te guste a ti —vikingos, templarios, mogoles en moto y más— con hueco para justificar a nivel canónico cualquier otro posible ejército que te inventes.

En una industria obsesionada con la profundidad y la madurez, WH es exagerado, directo y libre. ¡Bien por ello!

Paradójicamente, esto es a su vez un signo inequívoco de madurez. Warhammer es conformista: no se esconde. Sabe que lo que ofrece es violencia para todos los gustos en su círculo sencillo de frikerío y no se pasa de pretencioso. Su producto es artístico y cualquiera tiene libertad absoluta para hacer con él lo que le parece. A unos les gusta una versión más realista, desaturada y sucia; mientras que otros prefieren los colores vivos al estilo de 'Eavy Metal que ven en las portadas de las cajas de sus vampiros y brujos espaciales. 

A nivel demográfico, creo que Warhammer ha encontrado un sentido único de la madurez. Los chavales que durante la década de 1980 se criaron con esto pasaron hace años cualquier posible humillación: cualquiera te dirá "sí, son básicamente juguetes" sin despeinarse ni perder un ápice de pasión por su hobby. Es algo que llega naturalmente con la edad. Uno acepta, y al aceptar valida, que sus héroes son hombretones de proporciones cómicas batallando y aullando por el mero hecho de que la ficción bélica es divertida y queda bien. 

Y calculo que la creciente popularidad de Warhammer viene en parte por ahí también, a medida que la era de la información desviaba la mirada de los ídolos de la tele a los gustos y opiniones de otros internautas de carne y hueso. Cualquier adulto tiene interiorizado y normalizado ver cine de animación de sus superhéroes favoritos, como también la cultura de los memes confieren encanto y dignidad a ese lado absurdo del hobby. Es un mundo más digno porque la gente empatiza más con su absurdez, quizá más aún cuando la fantasía oscura tiene un alcance tremendo y la mayoría de obras que nos llegan se desviven por madurar y querer desligarse de lo que son después de todo: guerreros chulos.

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