Llevo un mes con el Razer BlackWidow V4 Tenkeyless HyperSpeed y es una pasada, un nivel por encima de lo que asumimos como "premium"
Después de años probando periféricos que prometen la luna y se quedan en simples luces de colores, por fin he dado con algo que me ha dejado descolocado. Porque, en materia de teclados gaming, la rueda de la innovación no se detiene, pero tampoco se puede ir mucho más allá de lo establecido. No obstante, el Razer BlackWidow V4 Tenkeyless HyperSpeed apuesta por no mejorar con el progreso en mente, es decir, ofreciendo más y más opciones, sino perfilando su interior para conseguir alzarse como el periférico más completo del mercado, o al menos el más completo que ha pasado por mi escritorio.
Y es que llevo ya cerca de un mes con el nuevo cacharro de Razer, uno que, como bien dice su nombre, busca llevar un paso más allá la cuarta versión de la gama BlackWidow de la marca californiana. Pero antes de lanzarme a los elogios, tengo que sacarme una espinita: si os soy sincero, para mí el formato TKL es lo único "malo" de este teclado. Cuando toca lanzarme a uno de estos dispositivos, soy de los que echa de menos el bloque numérico para introducir datos o simplemente por costumbre, y ese espacio extra que ganas en el escritorio a veces me parece un sacrificio demasiado grande. Es una manía personal, lo sé, y os aseguro que no afecta a la valoración general, porque lo que ha hecho Razer es envidiable.
El teclado más completo que he probado se lo lleva Razer
Aclarado ese “pero”, lo que queda es pura ingeniería de la buena. Entrando en la arquitectura del dispositivo, su chasis destaca por una placa superior fabricada en aleación de aluminio 5052; no es un juguete, y menos aún es liviano. En total, hablamos de más de un kilogramo (1.080 gramos, para ser exactos), lo que deja claro que es un teclado que no vamos a llevarnos de viaje, y menos aún para trabajar fuera de casa. Sin embargo, lo que consigue Razer es un producto que se siente premium nada más sacarlo de la caja. Eso sí, quizá habría redondeado el producto con un reposamuñecas. Hablamos de 38 milímetros de altura, con dos patas que podemos ajustar en dos posiciones, por lo que no es excesivamente alto, pero sí habría mejorado el aspecto general del producto.
Aun así, estamos ante un periférico que cumple con lo que promete, y promete mucho. Las teclas PBT de doble inyección tienen un acabado ligeramente rugoso que evita que los dedos resbalen, algo perfecto para el verano. De hecho, y aunque es cierto que no ha hecho mucho calor, su simple textura ya deja claro que no vamos a ver los clásicos borrones en las teclas pasado un tiempo por acción del sudor.
No obstante, el verdadero corazón de esta máquina son sus switches mecánicos de perfil bajo. Los interruptores táctiles de Razer ofrecen un recorrido mucho más corto que los teclados mecánicos tradicionales, lo que se traduce en una velocidad de reacción alta aunque conllevará cierta adaptación. En este aspecto, uno de los puntos donde este modelo se distancia de la competencia es su tratamiento acústico interno. Razer ha implementado una placa de FR4 (un compuesto de fibra de vidrio y resina epoxi), junto con dos capas de espuma amortiguadora y estabilizadores lubricados con Krytox o lubricantes similares de alto rendimiento. El resultado es la eliminación del "eco" y del tintineo metálico al pulsar las teclas, lo que ofrece una sensación mucho más agradable cuando llevas horas escribiendo.
Además, por fin han escuchado nuestras plegarias con el tema de los interruptores intercambiables o hot-swap. El modelo incluye los Razer Orange Tactile de tercera generación, aunque para mí el punto perfecto entre respuesta física y sonido son los Green Clicky Switch de Generación 3 con ese sonidito tan satisfactorio —gracias a Razer por enviar varios switches para probar con el teclado—; pero debéis saber que podéis cambiarlos en cualquier momento sin tocar un soldador, algo que da una tranquilidad enorme. Es un teclado diseñado para durar años, no para ser reemplazado a la primera de cambio si un switch falla o simplemente cuando te apetece probar un tacto diferente.
En cuanto a conectividad, la tecnología HyperSpeed de 2,4 GHz es, en una palabra, impecable. No hay lag, punto. He estado jugando a títulos competitivos y no noto, ni notaréis, diferencia alguna con el cable. Eso sí, aunque soy una persona que apenas se mueve de su espacio de trabajo, la versatilidad es otro punto a favor. Puedes emparejarlo con tres dispositivos por Bluetooth y alternar entre ellos con un simple comando de teclas, o seleccionar el uso por cable con un botón en la parte trasera si así lo queremos.
La autonomía es otro de sus grandes argumentos para decidirte a tenerlo en casa o, al menos, planteártelo. Aunque las especificaciones citan un máximo de 1.000 horas, esto es sin iluminación RGB y con las funciones limitadas, es decir, en modo de ahorro. No obstante, esta cifra no refleja la realidad, aunque el cable podréis guardarlo unos días en el cajón. En total, con iluminación dinámica y más de una decena de horas diarias de uso a pleno rendimiento, el teclado puede durarte en torno a cinco días, quizá algo menos, con una carga de unas dos horas y media para llegar al 100 %.
¿Y a qué me refiero con "sin usar todas sus funciones"? Simple: el teclado incluye funciones para parar un tren; no por nada lo considero el teclado más completo que he tenido. Para empezar, no necesitas tener instalado ningún software de Razer para que funcione. Prueba de ello es que incluye un botón que indica el estado de la batería mediante la iluminación de las teclas —e incluso, si lo mantienes pulsado, entrará en modo de ahorro de energía—. Por otro lado, tenemos las clásicas teclas de silencio, suspensión del PC y la rueda de volumen.
Asimismo, hay dos añadidos tremendamente curiosos que acaban por cerrar el círculo. Para empezar, contamos con una tecla doble, es decir, con dos funciones, para Razer Snap Tap, una tecnología que mejora el uso en entornos competitivos al priorizar la última tecla opuesta pulsada, evitando tener que levantar los dedos. Esto se traduce en que, si estás manteniendo pulsada la tecla A para moverte a la izquierda y, sin soltarla del todo, presionas D para moverte en la dirección opuesta, el teclado interpreta inmediatamente el nuevo input y cancela el anterior, evitando micro-retardos. Por último, el Razer BlackWidow V4 puede registrar varios perfiles completos en su memoria interna, incluyendo asignaciones de teclas, macros, efectos de iluminación y ajustes específicos como modos de juego o funciones avanzadas, lo que permite alternar entre ellos sin necesidad de reconfigurar nada cada vez. En la práctica, esto facilita tener un perfil para juegos competitivos, otro para trabajo o escritura y un tercero para lo que quieras.
Razer BlackWidow V4 Tenkeyless HyperSpeed Low Profile - Teclado Gaming inalámbrico con tecnología “Hot Swap” - HyperSpeed y BT - Rueda multifunción - Orange Switch | QWERTY ES Diseño
Así, después de pasar horas tecleando en él, mi veredicto es sencillo: es el mejor teclado que he probado nunca, a pesar de que no es especialmente barato: tiene un precio de 169,99 euros. Sé que la calidad se paga y que la satisfacción de cada pulsación, así como la limpieza visual que aporta a un escritorio un teclado con un acabado como este, lo valen, pero no hablamos de un periférico para todos los bolsillos. Aun así, si eres de los que prefieren gastar un poco más en un producto completo que no va a cambiar en años gracias a su versatilidad, el BlackWidow V4 Tenkeyless HyperSpeed debería estar en tu setup.
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