Hay cierta psicología detrás de la compra de juegos que nos vincula un poquito más a las plataformas donde hemos comprado ya
Esta semana, me vi a mí mismo echando gustosamente un vistazo a las rebajas de Steam con motivo del Black Friday, cuando pensé "Mario, criatura del averno, tienes mil quinientos y pico juegos cogiendo polvo en la biblioteca ahora mismo; no te los vas a acabar en la vida, ¿qué haces gastando aún más dinero?" En realidad, no estaba pensando en gastar nada: lo hago por costumbre. Como llevo haciendo desde hace muchos años. Y deduzco que eso le viene bien a Valve.
Quiero decir, ahora no se nota tanto, pero hace unos diez o quince años, las rebajas de Steam eran un acontecimiento enorme. Los precios base de los juegos eran más bajos que los de ahora, los lanzamientos triple-A abundaban —tenían una mejor relación entre riesgos y presupuestos— y la plataforma de Valve ofrecía descuentos súper agresivos. Era habitual hacerse colecciones enteras de juegos grandes por muy poco. ¿BioShock? ¿Mass Effect? ¿Crysis? Todo a precios ridículos.
Uno entraba en las rebajas y siempre encontraba al menos tres o cuatro juegos ilusionantes por los que merecía la pena pagar. Al final, uno desarrollaba la costumbre de sacar a pasear la tarjeta de crédito. Con mucho gusto, de hecho. Tanto, que incluso en pleno 2025 continúo visitando esas rebajas. De Steam, específicamente; aunque no compre nada al final. Es una costumbre.
La psicología tras la tarjeta de crédito
Ahora veo un panorama muy distinto: tengo una sobre abundancia de juegos. Epic Games regala unos cuantos todas las semanas para hacerte una colección decente que te empuje a entrar allí de manera rutinaria, pero también tengo los que vienen con las suscripciones de Humble Choice o Twitch; más una pila casi infinita de títulos free-to-play entre los que elegir para casi cualquier género imaginable.
Ya ni siquiera canjeo los regalos de EGS todas las semanas: solo lo hago cuando me acuerdo, si tengo unos minutos muertos. El problema ya no está en conseguir acceso a juegos, sino en conseguir tiempo para jugarlos; porque así es como funciona la vida adulta. Y cuando se trata de dedicar tiempo, por defecto vas al juego que te has comprado en oferta en 30 euros antes que a otro que dieron gratis la semana pasada y que canjeaste sencillamente porque era gratis.
Valve amasó su comunidad de esa manera. Por supuesto, a la hora de comparar launchers, Steam gana por goleada a sus competidores; pero de forma realista, ¿qué porcentaje de su base de usuarios saca partido real a sus funcionalidades únicas? Cosas como las retransmisiones, la personalización de Steam Input o la herramienta de grabación; esa clase de cosas. Imagino que pocos. Pero son muchos los que bajan Steam para jugar a tal o cual juego.
Yo formo parte de aquella generación que se hizo una biblioteca respetable durante las rebajas, pero seguro que conoces a alguien menos 'gamer' que se descargó Steam solo para poder jugar a Phasmophobia, Lethal Company o Helldivers 2 con su grupo de amigos. Todos esos juegos son de pago, y son los que realmente hacen que sientas apego por una plataforma.
Te gastas el dinero, que es "peor" que jugar gratis; pero lo haces con la ilusión de jugar a algo, y ya solo por eso tienes un vínculo especial con el sitio donde lo has comprado. Los juegos gratis están muy bien, pero no me van a afianzar como algo que busco de manera activa y donde gasto el dinero por defecto.
Imagen: Deniszizen vía Deviantart
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