Esta joya indie convierte la escalada en un desafío soberbio para Steam y PS5 que, además, guarda inesperadas sorpresas en su montaña
Un juego sobre escalar. Sí, de los de poner una manita en esta roca y la otra en esa grieta. Mentiría si dijese que Cairn no es precisamente eso porque, de hecho, tras probar su demo hace unos meses es justo a lo que venía, a revivir un hobby de mi adolescencia que he ido perdiendo con el tiempo. Pero tampoco os sería totalmente sinceros si me quedase sólo ahí. No es sólo eso lo que me ha hecho llegar a los créditos de esta nueva joya indie con ganas de levantarme de la silla, soltar el mando sobre la mesa y empezar a aplaudir.
Si Cairn es uno de los primeros melocotonazos de 2026 -uno que no hemos visto venir ni de lejos-, es por cómo es capaz de ir más allá de ofrecer un escenario, unas mecánicas, y un bucle jugable absolutamente soberbios. Porque detrás de esa primera capa, la que te empuja a probarlo, te tira para atrás, o hace que hayas saltado de leer el titular a arquear una ceja, es el alma que tiene detrás. Todo lo que, oculto a simple vista, hace que sea el primer juego imprescindible de este año.
Cairn convierte la escalada en un glorioso desafío
No hace falta ser el mejor detective a este lado del charco para entender qué es lo que ofrece. Al menos de primeras. Tal y como decía, Cairn es un juego sobre escalar una montaña. Uno en el que ir moviendo manos y pies de forma aislada para encontrar el mejor punto de sujeción que nos permita seguir subiendo.
Si lo colocamos en una pared completamente plana, es fácil que perdamos el equilibrio. Si lo hacemos en un agujero, grieta o superficie que resulte cómoda, tendremos el suficiente apoyo para mover cualquiera de las otras tres extremidades en busca de una altura más. Pasito a pasito para ver cómo ese pico inalcanzable está cada vez más cerca.
El juego hace un papel fantástico al conseguir que, lejos de ser un proceso lento y farragoso, ese movimiento continuo se traduzca en algo lo más natural posible. Tan pronto te agarres con una extremidad, el control saltará de forma automática a que puedas mover la que contaba con un apoyo más frágil o, como alternativa, la que llevaba menos tiempo sin un cambio de posición.
También puedes modificar en todo momento el sistema de control para que, a golpe de botón, puedas saltar a la mano o pie que realmente crees que te va a ser más útil en ese momento. Pero reconozco que sólo ha sido una necesidad a la que me he agarrado durante el último tramo de la ascensión, principalmente por lo cómodo que resultaba seguir el flow que proponía el juego.
Tras un tutorial inicial en un rocódromo en el que tardas apenas unos segundos en cogerle el truco al asunto, salir de esa zona escalando la pared que sirve como presentación de sus mecánicas básicas hace que el juego eche a rodar. Una vez arriba, sales al aire libre para que puedas conocer a la que será tu gran compañera durante las próximas horas. Una inmensa montaña que sirve como mundo abierto y se convierte en nuestro objetivo de escalada. Es justo ahí cuando Cairn empieza a demostrar que, tal vez, aquí hay algo más de lo que esperabas.
Una montaña que da gusto explorar
Llegados a este punto es donde el juego puede parecerte más o menos interesante dependiendo de lo que te llame la atención, pero es muy probable que sigas sin entender a qué viene tanto entusiasmo. Vayamos echándole sustancia a la sopa hasta convertirla en algo más contundente. Añadamos, por ejemplo, hasta qué punto consigue convertirse en un desafío semejante a un free solo.
La idea de estar ante un mundo abierto implica que, aunque desde el principio tienes claro tu objetivo -y al acercarte a las paredes puedes ver rutas más o menos fáciles-, eres tú el que decide en todo momento por dónde quieres subir. A menudo lo harás por pura intuición, porque es la pared que tienes delante. En otras, buscarás una vía alternativa explorando el entorno a pie para ver si hay algo más asequible o, provocado por ese propio paseo, porque has encontrado lo que parece ser una zona especial.
Lejos de ser un juego en el que te mueves de una pared a otra, buena parte de la gracia es que es una montaña plagada de historia. Desde una zona abandonada que antaño fue un teleférico, hasta una cueva perdida en la que algún animal salvaje se ha dado un festín con uno de los escaladores que pasaron por allí antes que tú.
Explorar uno de esos recovecos puede suponer dar con la mochila de un antiguo montañista que portaba objetos que ya no va a necesitar y que a ti. Objetos destinados a facilitar la escalada de forma puntual o recurrente que te van a venir de perlas. ¿Una botella de agua que admite más sorbos? Bienvenida sea.
Pudiendo acampar en zonas controladas para guardar partida, al montar tu tienda podrás mejorar tus posibilidades frente al siguiente tramo de escalada. Puedes vendarte los dedos para mejorar tu agarre, cocinar para mejorar tu resistencia al frío o al cansancio, o incluso reciclar anclajes rotos para crear otros nuevos. Lo que se presenta como un gimmick simpático, algo para aportar un poco de variedad al asunto, pronto demuestran ser un elemento esencial del juego.
Que Cairn no te engañe
Pese a lo poco que lo vende su amalgama de colores pastel y simpático estilo, Cairn es un juego jodido. Muy jodido. Con un total de seis anclajes que podrás utilizar en cada ascensión hasta volver a pisar tierra firme, deberás ir enganchándolos a la pared para que caer desde cierta altura no te mande al último punto de guardado. Cuando una vía se complica, y lo hace muy a menudo, agradecerás haber reservado los anclajes.
El problema está en esa tensión y comodidad a la hora de apoyar las extremidades que comentábamos al principio. De forma muy visual, con miembros temblando por el peso y con la pantalla oscureciéndose cada vez más, el juego te dejará muy claro cuando tu personaje está al límite. Llegado ese momento, sólo conseguir el apoyo necesario o anclarte a la pared te salvarán de una caída que puede ser fatal.
Tirar de magnesio para las manos, o de comidas que te den un chute de energía, termina siendo primordial para superar esas zonas en las que parece que no hay agarres suficientes, pero mentiría si no dijera que en alguna ocasión he tenido que tirar de hacer rápel para volver a una zona anterior y retomar el camino por otro lado.
Por suerte, esa voluntaria pero recomendable exploración puede ponértelo más fácil. A veces con cartas que explican por dónde subió una expedición y no volvió. En otras, con dibujos hechos a mano por otros escaladores para explicar dónde han encontrado la vía más segura para continuar el ascenso hasta la cumbre.
La atención al detalle es finísima, pero donde se corona es con una tensión generada que, incluso cuando te vienen las cosas de cara, me ha llegado a provocar la sensación de tener las manos agarrotadas. Hasta aquí, una experiencia de lo más recomendable, ¿no? Pero ni siquiera con ese trabajazo por parte de sus creadores es suficiente para llegar al escalón más alto. Si hablábamos de un juego imprescindible es porque tiene que haber algo más en Cairn. Ahora sí, vamos a ello.
Con el corazón en un puño
Quienes ya me tenéis calado por las conversaciones en el GG, el programa que hacemos todos los jueves en Twitch y en formato podcast, sabréis que no me tiembla la mano al saltarme una cinemática. Podéis imaginar mi sorpresa al ver que, en lo que desde el principio pensaba que iba a ser un simple juego de escalada de chill, empezaron a saltar vídeos y conversaciones que parecían apuntar más allá.
A mí lo que me pedía el cuerpo era escalar y dejarme de historias, pero pese a ello le di una oportunidad a lo que me quería contar. Lejos de ser una alpinista más, Aava es una estrella de la escalada. Una de las escaladoras más importantes y famosas que, de una vez por todas, se ha propuesto ascender hasta lo más alto de Kami, la montaña que nadie ha conseguido superar.
Lo que parece pura ambición al principio, termina demostrando ser mucho más. Aava está huyendo de algo, pero en sus conversaciones no se deja entrever de qué, así que es a través de sus comentarios, llamadas y encuentros con otros personajes, donde empieza a vislumbrarse qué hay detrás de su historia. Lo mismo ocurre con la montaña en sí, que antaño fue el hogar de una tribu alpinista que, por aquello de las comodidades y el progreso, se vio obligada a abandonar el lugar.
No cometeré el error de ir más allá y arruinaros la sorpresa, pero dejadme apuntar que Cairn va más sobre las relaciones sociales, la ambición y la desesperación de no saber muy bien qué has hecho con tu vida, que sobre algo sobrenatural o místico. Es una de esas historias que, por sensiblemente humana y desgarradora, te deja con el corazón en un puño sin tirar de sentimentalismos baratos o llevándote de la mano para que no te pierdas en lo que cuenta.
Si tuviese que buscar un símil, probablemente me iría a lo vivido con Firewatch hace ya una eternidad. Otro juego que parecía querer tomar un camino muy claro y que, a base de caminarlo, demostró ser un mazazo brutalmente escrito. Puede que la historia de Aava fuese lo que menos me interesaba de Cairn al poco de empezar, pero sin duda ha sido lo que hará que guarde un cariño muy especial por este juegazo. Es también la razón por la que, te llame más o menos su premisa, no puedo evitar recomendártelo.
El primer indie imprescindible de 2026
Cairn es una de esas joyas que cada vez vemos menos. Un título que sabe esconder tan bien sus cartas que, pensando que vienes a por un simpático simulador de escalada, consigue darte un puñetazo en el estómago capaz de replantearte qué narices estás haciendo con tu vida. Un juego soberbio tanto en lo que respecta a sus mecánicas jugables como al mensaje que quiere transmitir.
Comprar Cairn- Un experiencia inolvidable incluso aunque no te guste la escalada.
- La libertad que ofrece pese a tener un planteamiento muy bien medido.
- Su historia es de las que terminan tocando la patata no sólo por lo que cuenta, sino cómo lo hace.
- Aunque jugar con las extremidades puede terminar dando forma a poses extrañas, en lo técnico funciona a las mil maravillas.
- Su dificultad sabe ser desafiante y acorde a lo que está ocurriendo en su mundo, pero sin resultar frustrante.
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