Ha pasado de durar 100 horas a 40, y eso ha cambiado mucho la esencia de una aventura de rol que sigue siendo recomendable después de tantos años
Dragon Quest VII Reimagined tenía la dificilísima tarea de rehacer y actualizar uno de los JRPG más complicados y tercos de la historia. La séptima entrega numerada de Dragon Quest es un videojuego tremendamente experimental en el que no hay un gran mapamundi que recorrer, en el que el ritmo es tremendamente lento y en el que no te enteras de qué va la vaina hasta las 40 horas de juego. Me jugaría algo a que es el JPRG que más se ha dejado a medias, porque ya no solo le cuesta horrores despegar a su historia, es que su jugabilidad no se vuelve interesante hasta las 20 horas de partida. Eso sí, cuando el título te explica las razones narrativas de ese arranque tan lento, despliega sus giros argumentales y te das cuenta de lo transgresor que es con sus personajes, sus temas y su mundo, te engancha y te enamora. Pero claro, en el original eso es a las 60 horas de un título que dura 100 si incluimos todas las secundarias y retos alternativos. ¿Tenemos ya tanta paciencia?
Pedirle a los jugadores de 2026 que acepten estos requisitos es un tiro al pie. No me estoy metiendo con los jóvenes ni con la generación tiktok. Yo soy un boomer en toda regla, un hijo de los 80 y ni de broma me embarcaría en el Dragon Quest VII original. De ahí que un remake al uso no sirva, ni tampoco un remaster. Hay que reimaginar. Con ese propósito, la gente de Square-Enix ha rebajado esas casi ochenta y cinco horas que costaba llegar a los créditos a menos de cuarenta. Yo llegué al final con treinta y seis horas de juego, y puede bajar a veinticinco si pones el juego en modo facilito y te saltas las cinemáticas más densas. Una vez terminado el juego, el contenido extra también se pasa a buen ritmo. ¿Y cómo se han podido hacer estos enormes recortes? Pues porque el juego original tenía muchísimo rollo. Os cuento.
Un clásico recortado
Seguro que estás acostumbrado a la típica historia de un niño que se despierta en un pueblo en el extremo este del continente y ha de viajar hasta el oeste. Dragon Quest VII no es así, no es Dragon Quest VIII. En su mundo no hay más que una isla, esa en la que vives. A medida que la exploras, encuentras unos pedazos de tablillas, al colocarlos sobre un tablero como si fueran las piezas de un puzle, te permiten viajar al pasado de una isla que a priori no existe. Cuando resuelves los problemas que tiene, esa isla aparece en el mar del presente, al lado de tu isla natal. Vuelves a ella en tu tiempo, y buscas más trozos de tablilla para hacer nacer una nueva isla, y así una y otra vez mientras una historia se desarrolla entre bastidores. Este loop de juego era muy original entonces y lo es ahora, pero era muy pero que muy pesado porque te obligaba a hacer muchísimo backtracking. Al ser las islas pequeñas, todas las subtramas que se producían en sus pueblos era un constante ir y venir entre personajes y dos localizaciones.
Es este ir y venir lo que se ha recortado. Haced números, de ochenta horas para ver los créditos a cuarenta, ¡hay mucho recorte! Para acelerar aún más el ritmo de juego, todo está trufadito de marcadores. Es imposible perderse. Es fácil saber dónde se esconde la siguiente tablilla para avanzar. Aún por encima, la exploración por la mazmorra también va a toda pastilla. Ahora tenemos un minimapa que nos revela al instante la salida de cada piso, y los encuentros no son aleatorios y te los puedes saltar. Si vas mal de nivel, activas una opción que trae el juego para conseguir el doble de experiencia por combate. Y si no quieres pelear, activas otra que impide que los monstruos se den cuenta de que existes. ¿No te llega con esto? Pues modo facilito y autocombate. La máquina siempre hará el mejor combate posible. Si pulsas un botón, el juego pelea por ti. Es triste darte cuenta de que jamás lo harás mejor que la propia máquina.
Ante esta descripción de cómo es el juego algunos habréis respirado aliviados pensando que estas opciones son geniales. Sin embargo, otros habréis gruñido protestando porque han matado al juego original. La verdad es que ambos tenéis razón, es una cuestión de perspectiva. Una de las gracias del juego original era la sensación de estar perdido en un mundo que había que recomponer, una realidad olvidada entre el pasado y el futuro, tener conversaciones por tenerlas, pelear por pelear y que el tiempo fluyera a su manera. A nivel narrativo, Dragon Quest VII necesita ser denso. Al serlo, el encuentro y reencuentro con algunas personas, así como ciertas despedidas con personajes clave tiene mucho más sabor. Es un videojuego que habla del tiempo y de estar perdidos en él, de recomponerlo. Esa sensación mengua en esta reimaginación.
No os voy a engañar, llegado a un momento, yo no me paraba a pensar dónde podía estar una tablilla, pausaba el juego, miraba la indicación en el menú y me iba a por ella, porque este Dragon Quest VII Reimagined no te invita nunca a pararte y reflexionar. Al ser tan ágil y tener tantas ayudas, casi parece que el mensaje del juego ahora es el contrario que tenía el original. Esto ya no va de que disfrutes del tiempo que pasamos juntos, sino que lo aproveches al máximo y sin parar, sin pensar, que cumplas objetivos y a otra cosa. Y se me hace raro tomarme un Dragon Quest como una lista de tareas que completar.
Algunas malas decisiones
No estoy apuntando esto como algo negativo, ojo. Solo quiero explicaros cómo cambia un juego cuando lo recortas, añades muchos atajos y facilidades. A unos os gustará y a otros no, es un tema absolutamente subjetivo, como lo son los análisis de videojuegos. Es algo curioso porque a mí estos atajos no me han acabado de gustar, pero ¿me pondría ahora a jugar al original para sentir lo que de verdad me quiere transmitir? Pues honestamente, tampoco. Tengo un problema similar con las mazmorras.
Los encuentros aleatorios en un JRPG no son un problema de diseño, es una decisión consciente que afecta al diseño de escenarios. Compara cómo es la planimetría de una mazmorra de un juego pensado con peleas al azar con otra que no, cambia mucho. La razón es que, en Dragon Quest VII, superar una mazmorra era una cuestión de supervivencia. No tenías minimapa, así que cada bifurcación era apasionante. Si te equivocabas, tenías que dar marcha atrás y comerte más peleas, pero podrías encontrarte un tesoro. Este tipo de diseños son una bonita herencia de los dungeon crawlers de PC en los que se inspira la saga.
Sin embargo, eso ya no pasa en esta reimaginación. Ahora tienes un minimapa y un mapa grande, y los enemigos se ven a simple vista. Ya no hay supervivencia. Abres el mapa, buscas el camino más corto y adiós muy buenas. Por lo tanto, todas las mazmorras de este remake carecen de ningún tipo de gracia. Si en la parte narrativa estoy abierto a que cada uno opinemos lo que queramos, creo que en esto voy a ser tajante: este es el punto más negro de esta reimaginación. Las mazmorras tendrían que haberse rediseñado por completo.
Si quitas cosas que afectan tan directamente a lo que se siente al jugar, hay que dar otro paso adelante. Por todo esto que os cuento, entenderéis mis más y mis menos con esta reconstrucción. Creo que está muy bien pensada, pero que también modifica en gran parte el espíritu del juego original y de lo que significa Dragon Quest en general. ¿Eso quiere decir que no me gustaron las mazmorras o explorar su mundo? No exactamente, porque gracias a la deliciosa dirección de arte, me ha encantado ver a todos esos monstruos tan míticos moviéndose a mi lado. También he disfrutado muchísimo de los volcanes, las esfinges y los castillos del juego y, por supuesto, también de los combates contra los jefes.
El sistema de lucha de Dragon Quest VII Reimagined engaña. Durante las primeras diez horas es malo y aburrido, pero luego se desbloquea el sistema de vocaciones. Cada vocación tiene sus propias estadísticas y habilidades, y luego el juego te deja desbloquear y equipar dos y acceder a vocaciones avanzadas. Es ahí cuando el juego brilla, sobre todo cuando te enfrentas a los enemigos verdaderamente duros. Todo Dragon Quest VII es un paseo hasta la primera mitad de juego. Cuando se produce el primero de los giros argumentales de la aventura, te tocará subir de nivel. Justo ahí te encantarán los combates.
Descubrirás vocaciones que funcionan bien con otras, montarás tus estrategias, querrás explorar el mundo una y otra vez para hallar enemigos a la altura. Esta sensación se extiende a todo el juego. Es un título que va de menos a más, en todo. Lo aborrecí al principio, pero me encantó su final. Me pareció lentísimo todo ese rollo de hacer aparecer islas en el pasado, volver a ellas en el presente, ir de acá para allá y todo eso, pero cuando el juego te explica por qué eso tiene que ser así, mola.
Como veis es un juego que recomiendo pero que viene con muchos peros que explicar. La reimaginación está bien planteada y servida, pero yo le pediría más. Personalmente, no me gusta que me den tantas facilidades en un JRPG, me gusta que las cosas me cueste ganarlas, pero esto es subjetivo. Lo que sí le pido a Square-Enix es que entienda la relación entre combates aleatorios o no y diseño de mazmorras (sé que estoy pasando de prepotente con esto, pero lo pido). Por otro lado, en lo artístico es una maravilla y también en lo musical. Es delicioso todo. Con sus melodías y sus gráficos, este juego es un refugio maravilloso en el que os encantará descansar. En definitiva, Dragon Quest VII Reimagined es un JRPG raro. Lo era en su momento y lo sigue siendo ahora. Si estás dispuesto a tolerar sus rarezas, es un viaje que te gustará vivir.
Reimagina ser héroe
Dragon Quest VII Reimagined es un tipo de remake con luces y sombras. Las mazmorras no están del todo bien resueltas y los problemas de ritmo del original están solucionados, más o menos. Opiniones a un lado, el juego es ahora mucho más digerible y sigue siendo tan especial como lo era entonces. JRPG como este nos hacen recordar lo experimental que era este género en sus días más felices, y por eso es imposible no recomendarlo. Sus temas son geniales, tiene algunos de los momentos más emotivos y duros del género… Pero también es un juego que desafiará tu paciencia, aunque ahora dure menos de la mitad que el original
Comprar Dragon Quest VII Reimagined- El doblaje y la localización del juego al castellano es maravillosa, mi alma.
- Nunca te perderás. Hay ayudas más que de sobra para encontrar tu camino, para bien y para mal.
- El sistema de combate acaba siendo interesante y complejo, aunque al principio parezca una chorrada.
- Además de que se rediseñen las mazmorras, también habría pedido que el protagonista hablase en lugar de quedarse con cara de boquerón.
- El apartado artístico es precioso, siempre y a cada instante. ¡Y qué decir de la música!.
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