He vuelto a este clásico de PS2 sobre El Señor de los Anillos pensando que la nostalgia haría el trabajo, pero he encontrado un juego mejor de lo que recordaba

Volví a El Señor de los Anillos: Las Dos Torres pensando que la nostalgia haría el trabajo. Me encontré un juego mejor de lo que recordaba

Lo había probado hace años, pero nunca lo terminé y, 24 años después, Aragorn, Moria y el Abismo de Helm siguen teniendo mucho que decir

Abelardo González

Editor - Tech

Volví a El Señor de los Anillos: Las Dos Torres por una razón muy concreta: me apetecía jugarlo para hablarte de él. Llevo un tiempo jugando joyas —y no tan joyas— retro para escribir sobre ellas, y el Spider-Man de PlayStation 1 es un ejemplo, pero no había retomado un juego licenciado hasta ahora. Lo probé en su momento, así que partía de un recuerdo bastante claro: jugarlo sin terminarlo y colocarlo mentalmente en esa lista de juegos licenciados sencillos, directos y divertidos. De hecho, como nota a principio de página diré que, en mis recuerdos, Aragorn y Legolas eran más entretenidos que Gimli, y te diría que esa sensación sigue sin cambiar.

Lo que sí cambió fue mi valoración general. Esperaba encontrarme un juego correcto y simpático, uno de esos que funciona mejor por la nostalgia que por su valor real, pero terminó superando mis expectativas. Más de dos décadas después, sigue siendo muy fácil entrar a él gracias a sus niveles cortos, su ritmo frenético y los espadazos a orcos, Uruk-hai y trolls. De hecho, esa es una de sus principales virtudes, ya que no se complica la vida con sistemas o mecánicas innecesarias: solo necesitas unos minutos para saber cómo avanzar y cómo llegar al siguiente nivel. En un juego licenciado, uno compuesto por escenas de la película, eso vale oro.

Aragorn sigue siendo la opción más cómoda

La adaptación de la segunda entrega de Peter Jackson tiene tres personajes jugables: Aragorn, Legolas y Gimli. Probé varios niveles con los tres y, aunque hice la mayoría con Aragorn, he de decir que las diferencias se notan más de lo que recordaba. Legolas funciona especialmente bien cuando puedes aprovechar la distancia, mientras que Gimli compensa esta faceta con más fuerza y resistencia. Lo bueno de Aragorn es que queda justo en medio y se convierte en la opción más cómoda cuando empiezan los problemas. En los clásicos niveles de proteger civiles o controlar varios frentes, como las llanuras de Rohan o el muro del Abismo, ese equilibrio ayuda muchísimo a reducir los picos de dificultad.

El combate sigue siendo divertido y tiene más movimientos de los que podrías llegar a esperar de un juego licenciado de 2002. Puedes aprender combos, bloquear, utilizar ataques fuertes, disparar a distancia y mejorar al personaje a medida que avanzas. Aun así, terminé haciendo algo inevitable, ya que abusé de los tres o cuatro movimientos que mejor me funcionaban. Cuando el juego te rodea de enemigos, ponerse creativo suele salir caro y este juego es un gran ejemplo. Sí, tiene profundidad suficiente como para experimentar, pero también esa sensación constante de que sobrevivir depende tanto del golpe más óptimo como de la repetición de este.

Por desgracia, aquí aparece lo que peor ha envejecido, y será algo que no te sorprenderá: la cámara. Este es el aspecto que más me recordó la edad del juego y te puedo poner un ejemplo sobre la mesa: cuando intentas atacar a distancia, resulta más difícil saber dónde está el enemigo que calcular bien el disparo. Además, en los combates caóticos es fácil que aparezcan rivales por detrás sin que hayas tenido tiempo de verlos y, por tanto, de reaccionar. Lo bueno es que los controles cumplen a la perfección su función y, aunque la cámara te deja vendido y descubres enemigos a tu alrededor que antes no veías, la sencillez de los combos es el mejor aliado posible.

De hecho, los niveles en los que más sufrí fueron aquellos en los que es tan importante observar como avanzar. La defensa de Rohan te obliga a proteger civiles y necesité varios intentos —y un cambio de personaje, lo siento, Gimli— antes de cumplir el objetivo. Lo mismo me pasó en Fangorn, el clásico nivel pasillero con enemigos de todo tipo en el que sufrí un poco más de la cuenta con Legolas por culpa de los trolls y lo difícil que era mantener las distancias. Sin embargo, Moria y la defensa del Abismo de Helm fueron dos de mis niveles favoritos a pesar de ser igual de exigentes, pero tener espacios más reducidos terminó jugando a su favor.

La virtud de extender una película

La recreación de escenas es lo que me lleva a entender por qué me gustan tanto los juegos licenciados. Soy fanático del séptimo arte, así que me interesa la sensación de continuar una película después de salir del cine o apagar la televisión y Las Dos Torres la conserva sorprendentemente bien. Lo hace utilizando escenas reales, música y situaciones reconocibles tanto de la primera como de la segunda entrega, así que durante unas horas consigue que todo se vea como la extensión lógica de las películas. Además, una curiosidad que he de mencionar es que la versión de PS2 salió antes que la propia película, algo difícil de imaginar hoy, ya que cualquier imagen nueva termina tratándose como un posible spoiler.

También me sorprendió recuperar algunos detalles muy propios de principios de los 2000. El sistema de puntuaciones te anima a repetir niveles y mejorar resultados, así que yo mismo me vi volviendo a alguno después de terminarlo por primera vez. A su vez están las entrevistas con los actores, los vídeos desbloqueables y la sensación de rebuscar en un menú de extras de un DVD. De hecho, incluso la presencia de trucos resulta entrañable vista desde 2026, dado que descubrir combinaciones, personajes ocultos y secretos formaba parte de la experiencia de los juegos de PlayStation 2, Xbox y GameCube. Además, si terminas todos los niveles con todos los personajes, desbloquearás a Isildur como personaje jugable y la Torre de Orthanc como contenido extra.

Mi experiencia duró poco más de dos horas recorriendo todos los niveles. Podría haber dedicado bastante más a mejorar puntuaciones, subir personajes o buscar todos los desbloqueables, pero no fue mi objetivo ni sentí que necesitara hacerlo para terminar satisfecho. Había jugado los niveles que quería, había repetido algunos por puro gusto y había llegado al final sin que la experiencia empezara a cansarme. Hoy me es imposible imaginar un título tan corto, pero aquí es diferente: el tiempo juega a su favor porque todo ocurre rápido y siempre tienes la sensación de avanzar hacia la siguiente escena conocida.

Llegué a El Señor de los Anillos: Las Dos Torres esperando reencontrarme con un buen juego licenciado y terminé con una impresión bastante mejor. La cámara no ha envejecido bien, algunos enfrentamientos pueden ser frustrantes y el combate acaba invitando a repetir los movimientos más efectivos, pero el ritmo, la variedad de situaciones y la forma en la que recrea las películas siguen funcionando. Además, lo mejor de todo es que es un juego muy fácil de recomendar: no exige demasiado, entra rápido y tiene personalidad suficiente para mantener el interés. Pensaba que era un buen juego y, al terminarlo, me encontré con uno que había superado mis expectativas.

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