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Hace 24 años solo necesitábamos una espada, unos cuantos orcos y El Señor de los Anillos. Las Dos Torres sigue siendo pura diversión

Hace 24 años solo necesitábamos una espada, unos cuantos orcos y El Señor de los Anillos. Las Dos Torres sigue siendo pura diversión

La adaptación a videojuego de la segunda película de la trilogía nunca fue una obra maestra, pero sí un título que cumplió su misión a la perfección

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Hace 24 años solo necesitábamos una espada, unos cuantos orcos y El Señor de los Anillos. Las Dos Torres sigue siendo pura diversión
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Abelardo González

Editor - Tech

No siempre recuerdas un juego por cambiar su género o por ser un adelantado a su tiempo, sino que hay veces que entra en juego algo mucho más sencillo: darte lo que querías tras llegar en el momento adecuado. La adaptación de El Señor de los Anillos: Las Dos Torres pertenece a este último grupo, ya que llegó en 2002 durante la fiebre de las películas de Peter Jackson y propuso algo que cualquier fanático del cine y los videojuegos no podía rechazar: coger un mando y recrear las escenas más importantes de las dos primeras entregas de la trilogía.

Descubrirlo 24 años después significa encontrarse con un juego que ha envejecido de forma regular, pero eso sería quedarse en la superficie, ya que esta experiencia va un paso más allá. Apenas dura dos horas si no te interesa la rejugabilidad y su fórmula sufrió una evolución tremenda cuando llegó El Retorno del Rey justo un año después, pero Las Dos Torres importa porque entiende a la perfección cuál es su trabajo: atravesar Moria, luchar en Amon Hen y acabar con los Uruk-hai en el Abismo de Helm. Tras eso, llegaban los créditos y podías volver a empezar con otro personaje, una idea sencilla que resume a la perfección su encanto.

Cuando jugar a la película era suficiente

Aunque se llame Las Dos Torres, la aventura aprovecha escenas de las dos primeras películas y arranca con Isildur luchando contra las fuerzas de Sauron durante la Última Alianza. Después entran en escena escenarios reconocibles de La Comunidad del Anillo y Las Dos Torres con fragmentos de las propias películas que preceden a la acción, una idea que ayudaba a vender la fantasía de estar jugando la historia que habías visto en el cine. De esta forma, los jugadores de PlayStation 2, Xbox y GameCube tuvieron la oportunidad de exprimir las batallas más importantes de las dos primeras entregas dirigidas por Peter Jackson.

Uno de los aspectos más interesantes es que no era un juego lineal, sino que tenías la posibilidad de elegir qué personaje iba a protagonizar la aventura: Aragorn, Legolas o Gimli. Elegir uno u otro iba más allá de afinidad o qué personaje te gustaba más, ya que cada uno tenía sus virtudes y sus puntos diferenciales: Aragorn es la opción más cómoda para empezar por su equilibrio y su facilidad para enfrentarse a grupos, Legolas es rápido y el arco ofrece una ventaja enorme cuando puedes mantener las distancias, y Gimli aguanta más y pega más fuerte, pero su falta de alcance complica algunos encuentros. Los tres comparten las mismas bases y sus diferencias hacen que repetir un nivel con otro personaje cambie la experiencia de juego.

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Otro aspecto interesante es la forma en que Las Dos Torres cambia lo que te pide como jugador. Tiene momentos dedicados a avanzar eliminando grupos de enemigos, otros en los que debes mantener una posición segura para evitar a los arqueros y encuentros con criaturas gigantes que te obligan a cambiar de estrategia sobre la marcha. Sin embargo, no es lo único que verás, ya que en otros niveles toca proteger una posición, en otros resistir oleadas y también hay espacio para luchar junto a otros personajes que combaten a tu lado. No existen escenarios supercomplejos ni desafíos imposibles, pero sí la suficiente variedad como para que los escenarios famosos de las películas tengan algo propio más allá de cambiar el decorado.

El combate, por su parte, cuenta con una serie de mecánicas que te impulsan como jugador, ya que puedes bloquear, utilizar ataques rápidos o fuertes, lanzar proyectiles y aprender nuevos movimientos o habilidades a medida que progresas. Además, el juego valora cómo luchas y recompensa las buenas actuaciones, así que repetir una misión que superaste por los pelos puede convertirse en una oportunidad para mejorar. Así, mientras Aragorn resulta diferencial cuando estás rodeado, Legolas puede convertir a los enemigos peligrosos en dianas para sus flechas y Gimli es capaz de resistir situaciones que llevarían a otros personajes a tirar la toalla.

Unas pocas horas podían dar para mucho

Como la historia comienza con los eventos de la Comunidad del Anillo y sigue con Las Dos Torres, todo termina desembocando en el Abismo de Helm, momento en el que Electronic Arts busca trasladar al mando la escala de la gran batalla de la segunda entrega. En ese momento tienes aliados combatiendo a tu alrededor, enemigos que llegan en oleadas y objetivos que cambian mientras la fortaleza se viene abajo. Visto hoy las limitaciones son evidentes, pero en 2002 no importaba tanto cuántos enemigos podía mostrar una PS2: tenía más valor escuchar la música, ver aparecer a los Uruk-hai y lanzarse contra ellos en la piel de Aragorn, Legolas o Gimli. Si acababas de ver la película, era lo único que le pedías a la vida.

Lo más sorprendente (o quizás no tanto, ya que eran otros tiempos) es que la aventura apenas duraba unas horas. Hoy es impensable en una licencia de ese tipo, pero el juego estaba construido para ofrecerte dos horas de aventura si no te interesaba la rejugabilidad. Sin embargo, terminar con Aragorn dejaba a Legolas y Gimli esperando otra vuelta, ya que cada uno tenía su propio menú de progresión. Esto te permitía regresar a niveles anteriores, mejorar puntuaciones, aprender nuevos movimientos y comprobar cuánto cambiaba un encuentro utilizando otro personaje. Además, la campaña era lo suficientemente corta como para que empezar de nuevo no fuera pesado y, de hecho, la repetición formaba parte de la experiencia.

Aspectos como subir los niveles de los personajes, conseguir mejores valoraciones o completar determinados desafíos permitía acceder a contenido adicional vital para llevar la experiencia al siguiente nivel: desbloquear la Torre de Orthanc y obtener a Isildur como personaje jugable. Además, el título también tenía entrevistas y vídeos relacionados con los actores y la producción de las películas. Hoy, cualquiera podría pensar que estas recompensas parecen sacadas del menú de extras de un DVD, pero en la época formaban parte de la experiencia ligada a los juegos licenciados: no añadías decenas de horas a la aventura principal, escondías rarezas que enamoraban a los fans.

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El Señor de los Anillos: Las Dos Torres no fue una obra maestra en 2002 y, por consiguiente, tampoco lo es más de 20 años después. Su cámara da guerra, sus escenarios son repetitivos y El Retorno del Rey demostró un año después que la fórmula estaba lejos de llegar a su pico máximo. Sin embargo, sigue siendo fácil entender por qué funcionó: cogía algunas de las escenas más espectaculares de dos películas históricas, las convertía en niveles cortos y te dejaba repartir espadazos durante unas horas. En casos como este, terminar satisfecho ya era motivo suficiente para volver a empezar.

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