
Los creadores de Little Nightmares han creado un mundo en el que estaba deseando perderme
Dicen que hay que empezar por lo malo para que lo bueno destaque un poco más, o como mínimo resulte más creíble. Admito públicamente no ser el lápiz más afilado del estuche. Os aseguro, también, que entre mis contadas cualidades está la orientación. Un don del que me maravillo cada vez que alguien parece estar completamente seguro de que hay que seguir el camino que no es. Pero aquella noche el don estaba perjudicado.
No recuerdo exactamente la razón -de hecho, podéis añadir aquí la que os plazca siempre que incluya diversión y exceso, de eso sí me acuerdo bien-, pero el caso es que al ir a buscar el coche a uno de esos parkings infinitos, de los de varias plantas, rampas que te llevan de una punta a otra, y estructura digna de un arquitecto de Creta, los perdí. El don y el coche. End of Abyss ha sido como volver a esa noche y a ese parking, pero con menos diversión y, desde luego, con muchos menos excesos.
El "Resident Evil + La Cosa" de los creadores de Little Nightmares
Tras maravillarnos en alguna que otra presentación, recordándonos a un Little Nightmares con pistolas y no precisamente por casualidad, sino porque sus creadores están entre los fundadores de la saga, End of Abyss llegaba hace algunas semanas haciendo mucho menos ruido del que aquél entusiasmo hubiese podido pronosticar. En su momento pensé que, por aquello de haber salido en la Epic Games Store en vez de Steam, la animadversión por la tienda había hecho el resto.
Haber llegado también a PS5 y Xbox Series debería haber desviado aquella idea, pero en mi cabeza seguían pesando con fuerza las pocas veces que esta curiosa mezcla de terror y acción twin-stick, un cóctel a medio camino entre Resident Evil y The Ascent con un ligero aderezo de metroidvania, me había sorprendido tan gratamente.
Considerándome fan absoluto de la estética de Little Nightmares, y viendo cómo aquí la exploración de unas misteriosas instalaciones futuristas y la inclusión de monstruos mutantes lo habían acercado levemente a una pesadilla de Carpenter, había razones más que suficientes para asomarme a él. Lamentablemente, no ha habido tantas para volver.
Sin querer ser un Souls en lo difícil, End of Abyss sí juega a ser desafiante con unos enemigos que no dan tregua y en cualquier momento pueden hacerte el lío, pero entrega opciones más que de sobras para que, cada vez que caes ante uno que no has sabido leer correctamente, puedas volver a él más fuerte, con los bolsillos cargados de munición y, si la buena fortuna te sonríe, también con un arma nueva o mejorada.
No entré demasiado, en cambio, en cómo la resistencia de las criaturas rompía fácilmente esa dinámica. Convirtiéndose en esponjas de balas, los enfrentamientos terminan confundiendo dificultad con repetición, obligándote constantemente a disparar, rodar por el suelo para coger distancia, y volver a disparar hasta que el enemigo termina cayendo.
Pocos enfrentamientos, ni siquiera en el caso de los jefes, consiguen romperte esa cadena de acciones. Aunque vaya sumando algún nuevo enemigo y mecánica de ataque de vez en cuando, más pronto de lo que debería se convierte en una repetición en la que la estrategia se limita a dar vueltas alrededor de sus monstruos mientras les vas vaciando el cargador.
El giro que le falta a End of Abyss para terminar de brillar
Esa falta de mayor profundidad en el combate podría esquivarse fácilmente de no ser porque, cuando caes en uno y toca volver hasta ese punto, el escenario se convierte en el peor enemigo del juego. Su personalidad, a todas luces arrolladora, es lo suficientemente similar como para que todas las zonas se parezcan lo suficiente.
Suma ahí las distintas alturas, las puertas cerradas y las habitaciones interconectadas mediante escaleras para que End of Abyss se convierta en uno de esos juegos en los que ir del punto A al B, de recorrer el espacio que hay entre tu último punto de control y el lugar en el que acabas de morir, siempre sea como buscar el coche en aquél parking del demonio.
Es uno de esos casos en los que resulta especialmente frustrante porque, pese a lo fácil que resultaría abandonar un mal juego, End of Abyss está en las antípodas de esa definición. Es uno de esos títulos que constantemente te empuja a querer seguir explorando, a ver qué nueva enajenación te encuentras, a qué nueva locura te enfrentas, y con qué nueva y demencial arma puedes hacerle frente.
Ha sido con el paso de las horas cuando ese desgaste ha terminado haciendo mella. Una verdadera pena porque cada vez es más difícil entrar con ganas en un mundo que te guste y en el que estás deseando perderte, pero cuando eso último se convierte en algo literal se te terminan quitando. Si tú sí puedes decir que nunca jamás has perdido tu coche en un parking, End of Abyss sin duda conseguirá atraparte allí donde falló conmigo.
En 3DJuegos | Nunca me he sentido tan vulnerable en un videojuego, y el nuevo Little Nightmares hace honor a su nombre. Análisis
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