La Administración estadounidense está valorando si permitir mantener a Tencent sus inversiones en Epic Games o Riot Games
Estamos en un momento muy complicado a nivel internacional y Estados Unidos busca, una vez más, blindarse frente al exterior. Si bien es cierto que las amenazas de Donald Trump sobre el videojuego cesaron hace meses, la Administración del 47.º presidente del país está valorando ahora si permitirá que Tencent, una de las gigantes asiáticas, mantenga sus inversiones en algunos de los estudios más influyentes del sector o si, por el contrario, forzará su venta por motivos de seguridad nacional.
A escasas semanas de que Donald Trump se reúna en China con Xi Jinping, fuentes cercanas a la Casa Blanca (vía Financial Times) señalan que los altos cargos del Gobierno llevan meses analizando las inversiones de Tencent en compañías de videojuegos afincadas en Estados Unidos y en Finlandia, y cómo estas podrían suponer un riesgo estratégico, comercial y de seguridad nacional. Aunque no se ha tomado ninguna decisión por ahora, el debate pone el foco en la enorme cantidad de datos que maneja la industria del videojuego y en el acceso potencialmente peligroso a ellos por parte de una empresa china.
Epic Games y Riot Games preocupan a la Estados Unidos de Trump
En este contexto, las inversiones que más inquietan a Washington son especialmente relevantes dentro del sector. Tencent posee un 28 % de Epic Games, estudio responsable de Fortnite y afincado en California, así como Riot Games o la finlandesa Supercell, conocida por Clash of Clans. Lo llamativo es que, aunque algunas de estas compañías no tienen su sede en Estados Unidos, su enorme base de usuarios estadounidenses también las sitúa bajo el radar del Gobierno.
Durante el mandato de Joe Biden, el caso fue evaluado por el Committee on Foreign Investment in the United States, con posturas enfrentadas entre las agencias implicadas. Mientras algunos responsables defendían obligar a Tencent a vender sus participaciones, otros apostaban por permitirlas bajo estrictos acuerdos de mitigación que protegieran los datos de los usuarios estadounidenses. La falta de consenso impidió cerrar una decisión definitiva, dejando el asunto en suspenso hasta la llegada del nuevo Gobierno.
Ahora, con el viaje de Trump a Pekín en el horizonte y en un contexto de tensiones comerciales y tecnológicas, la decisión adquiere una dimensión política aún mayor. Forzar a Tencent a desprenderse de sus inversiones enviaría un mensaje duro a China, mientras que permitirlas podría interpretarse como un gesto de distensión. Por el momento, ni el Tesoro estadounidense ni las compañías implicadas han querido hacer comentarios, por lo que solo resta esperar.
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