Gnomes es una de esas joyas ocultas de Steam con miles de reviews extremadamente positivas que sí o sí deberías tener en tu PC algún día
En mi defensa, diré que ya era tarde y que tenía que levantarme temprano, pero no creo que esa combinación ayude demasiado a que me avergüence un poco menos. Al fin y al cabo no dejo de ser un señor al que los años de experiencia empiezan a borrarle los pelos de los tobillos, disculpándose por haber metido en un juego más horas de las que debería reconocer públicamente. En defensa de Gnomes, diré que lo he desinstalado porque es pura drogaína pixelada sin cortar.
Comprado en oferta por apenas 5 euros, la de este juego de Steam es el ejemplo perfecto de hasta qué punto funciona el marketing de las compras por impulso. De la misma forma que en la caja registradora terminas pillando un paquete de chicles que no estaba en la lista, yo terminé cayendo en él porque la imagen promocional me pareció graciosa y 1.472 reviews extremadamente positivas hicieron el resto. Ahora entiendo el porqué de ambas cosas.
Una joya oculta de Steam que es pura adicción
Lo primero, lo de la imagen, se debe a que es más feo que un pie. Al menos según mis estándares, claro. Te diría que me repele esta estética pixelada de monitor de tubo catódico de los 80, de la misma forma que suele hacerlo cualquier acercamiento al género de los tower defense. Manda narices que, con unos principios aparentemente tan inamovibles, Gnomes sea precisamente esas dos cosas.
Disfrazado de roguelike, la idea detrás de esta soberbia joya oculta de Steam pasa precisamente por unir ambos conceptos, el de colocar torres para evitar que oleadas de enemigos lleguen de un punto A a un punto B, y la adictiva premisa de jugar con la aleatoriedad para que nunca dos partidas sean exactamente iguales. Pese a mi negativa a reconocer que igual los tower defense tal vez me gusten más de lo que creo, debo admitir que la combinación funciona a las mil maravillas.
Bajo un sistema aparentemente más simple que poner un pie delante del otro y dejar el cuerpo caer para echar a andar, la idea detrás de Gnomes es construir un ecosistema que te permita frenar cadenas de goblins cada vez más numerosas con un jardín de gnomos. Las flores que plantes en pastos servirán para ganar monedas cada vez que termine un día, y las monedas para comprar gnomos cada vez más poderosos y versátiles.
En ese equilibrio, la endiablada dificultad de las oleadas te invita a realizar combinaciones cada vez más elaboradas para que, en vez de invertir en más flores o defensores, tengas que hacerlo en nuevos objetos que te ayuden a mejorar sus estadísticas o a modificar aún más el terreno.
Ya sea por el mero hecho de colocar más y mejores plantas, o para poder juguetear con objetos que modifiquen los caminos que seguirán los goblins para desarrollar mejor tus estrategias. Te aseguro que, al menos sobre el papel, la cosa parece mucho más fácil de lo que después termina entregando a nivel de profundidad.
Directo al grupo de vacaciones y jubilación
Desde plantar zarzas que se reproducen de forma automática y que dañan a los enemigos al pasar por encima, hasta gnomos con habilidades especiales que les permiten atacar a distancia, la aleatoriedad de las cabañas de enemigos -que irán cambiando en cada ronda para plantear un camino completamente distinto al anterior- hace que tengas que abordar cada una de ellas como un intrincado puzle que nunca sabes por dónde planea agarrarte de los huevos.
Es absolutamente demencial como algo tan simplón (y feo) resulta tan adictivo. Más aún si te acercas un poco a la historia de Gnomes para descubrir que esto lo hicieron dos australianos con un presupuesto de 0 monedas con la cara de un canguro en ellas.
Que haya funcionado lo suficientemente bien para que ahora tenga un buen puñado de biomas, clases y modos infinitos o de retos diarios para elevar aún más la enganchada que supone acercarse mínimamente a él, da buena cuenta de hasta qué punto son unos malditos genios.
Para aquellos que llevéis con la ceja arqueada desde que leísteis el titular y no la habéis bajado aún, os diré que Gnomes es el equivalente a lo que Vampire Survivors fue en su día. Un juego que no vimos venir, que mirábamos por encima del hombro por culpa de sus gráficos, y que demostró su adictivo potencial con una fórmula tan fácil de entender desde la primera partida, como desafiante y gratificante en las últimas.
Por razones obvias, os diré también que esta ha sido mi primera sesión con él y también la última, y que tras escuchar la cantinela del despertador en el móvil me he obligado a cerrar el juego, acudir a mi biblioteca de Steam y desinstalarlo sin mirar atrás. Tras ello, lo he enviado al grupo llamado "Vacaciones y jubilación" para volver a él cuando los astros se alineen para que no tenga que preocuparme ni por mi productividad ni por mi salud. Volveremos a vernos, Gnomes. Vaya si lo haremos.
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