Me consta no ser el único que acabó 2025 completamente agotado y que ha empezado 2026 con una sensación similar. Asomarte a las noticias diarias es desesperanzador, el mercado laboral se ha vuelto un mundo cada vez más hostil, y aquella positividad nostálgica de quienes vivimos el auge de la civilización entre los 90 y los 2000 se ha convertido en un peso inabarcable sobre nuestros hombros. Para huir de esas constantes fuentes de estrés, durante las pasadas vacaciones mi salvación ha sido volcarme en dos obsesiones.
Por un lado intentar pasar el mayor tiempo en familia, centrándome en todo lo bueno que aún poseo pese a ver cómo el mundo se desmorona pasito a pasito con la intención de que mis hijos disfruten al máximo la vida ajenos a ese escenario. Por el otro, mientras todos dormían, una joya oculta de Steam con más de 1.000 reseñas extremadamente positivas. Por menos de 10 euros, Proverbs se ha convertido en mi forma de desconectar de esa cruda realidad cuando nada más conseguía cumplir con ese desafío.
Una soberbia joya oculta de Steam
Tiene gracia que nos veamos abocados a un abismo de guerras y crispación social y pensemos en ello como un evento único de nuestra historia. Es fácil caer en el error de pensar que nunca ha habido más idiotas e inconscientes rodeándonos cuando, de hecho, Proverbs (disponible en Steam por 8,79 euros mientras escribo estas líneas) está basado en un cuadro que apuntaba precisamente en esa dirección hace más de 500 años, Los proverbios flamencos de Bruegel el Viejo.
El cuadro, una satírica crítica a la sociedad del siglo XVI, recoge en decenas de pequeñas escenas una inmensa cantidad de proverbios que aún se mantienen a día de hoy, desde darte de cabezazos contra un muro por ser más cabezón de lo que deberías, hasta echar margaritas a los cerdos y su referencia a desperdiciar algo valioso en alguien que no va a saber apreciarlo.
Transformado en una inmensa belleza pixelart, Proverbs cambia los trazos de Bruegel por píxeles para convertir la famosa obra en una formidable mezcla, un puzle que navega entre los clásicos Picross a los que nos enganchamos en Nintendo DS con el mítico Buscaminas que, con su simpleza de mecánicas, consiguió acumular horas de juego en nuestros primeros ordenadores.
Los proverbios flamencos de Pieter Brueghel el Viejo de 1559 frente a la versión pixelart de Proverbs
Dividiendo en cientos de secciones esos mismos proverbios para que los completes paso a paso, como si fuesen pequeños puzles que poco a poco van dando forma a la totalidad del cuadro, es el típico videojuego al que cuesta acercarse sólo con imágenes. Una de esas propuestas que, por la simpleza de su idea y lo escueto de sus mecánicas, puedes llegar a pensar que va a resultar aburrido y sin recorrido. Nada más lejos de la realidad, me temo.
A diferencia de lo que hacíamos en el esquema clásico de Picross, donde los números aparecen en los bordes para indicar qué áreas debemos pintar de un color positivo y otro negativo, Proverbs une esa idea a la proximidad del Buscaminas para invitarnos a hacer lo propio. Cada número que aparece en sus casillas nos indica cuántos recuadros debemos pintar de color positivo en el recuadro de 3x3 que le rodea.
Un spa para el cerebro tras un mal día
De esa forma, si el número es un 9, sabremos que las 9 casillas de ese 3x3 tienen que pintarse en positivo con un clic izquierdo de ratón. Si por el contrario aparece un 0, todas quedarán en negativo con un clic derecho. Como llegados a ese punto ya tenemos varias casillas pintadas, el primer paso sirve de guía para empezar a colorear de una forma u otra el siguiente número y sus casillas colindantes.
Lejos de ser un juego de puzles difícil, entrando en una suerte de flow mental, como cuando juegas a Tetris casi sin darte cuenta de lo que estás haciendo, Proverbs te va haciendo saltar de un número a otro con un automatismo tan mágico como relajante. Cada número completado se convierte en un chute de dopamina y, cuando esa chispa inicial empieza a apagarse, consigue que tu mente pase del logro de completar una casilla a revivirlo con una sección, y de ahí, a hacer lo propio con una figura del cuadro.
A kilómetros de ser un puzle creado sin ton ni son, la colocación de los números es una lección de diseño de videojuegos que te mantiene constantemente enganchado a una mecánica tan simple como efectiva, haciendo de ese proceso una colección de momentos eureka que te hace creer cada dos por tres que eres más listo de lo que crees aunque te esté llevando sigilosamente de la mano. Incluso si por alguna razón te atascas, un sistema de pistas vuelve a colocarte en la dirección adecuada para demostrarte que no es que no sepas por dónde tirar, sino que hay un camino que no has tenido en cuenta.
Consiguiendo que entres en ese estado de paz y atención, las horas vuelan mientras tu cabeza ve números y es incapaz de concentrarse en nada más que eso. ¿Sabéis aquello de apagar las voces de tu cabeza? Pues eso es justamente lo que consigue Proverbs.
Sin ser uno de esos juegos destinados a ser rusheados en una tarde, se ha convertido en mi antídoto perfecto para cuando sólo quiero calma. Un spa para el cerebro al que acudo tras un día de mierda en el que, lejos de seguir dándole vueltas a este problema a ese otro, lo único que quiero es apagar la mente y hacerla descansar de tanto idiota.
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