¿Consigue Spiders superar las carencias del original o tropieza con su propia ambición?
Todavía recuerdo cuando llegó por primera vez a mis manos Greedfall y la sorpresa que me llevé. Más aún viniendo de un estudio como Spiders, cuyos anteriores intentos con juegos como The Technomancer o Bound By Flame no habían conseguido rellenar esas ganas de RPG que te dejaban otras obras. Pero con Greedfall pasó algo: pese a sus múltiples carencias, me sorprendió por su cantidad de ideas interesantes. Era un juego consciente de sus limitaciones que aprovechaba sus virtudes. Greedfall: The Dying World, en cambio, demasiado consciente de su ambición. Y eso le termina pasando factura.
La magia del mundo de Greedfall está ahí, no hay duda. Creo que Spiders ha conseguido configurar un mundo bastante consistente y que, como los grandes universos de fantasía literaria, se apoya en un trasfondo detallado, verosímil y lleno de zonas grises en los conflictos políticos y sociales entre las diferentes facciones y lugares del mapa. Si esto es lo que te motiva a la hora de jugar un RPG, creo que deberías darle una oportunidad a Greedfall 2 pese a todo. Como videojuego turístico, recorrer cada una de sus ciudades, hablar con sus personajes y los miembros de tu grupo resulta especialmente estimulante y es sin duda lo que más he disfrutado del juego.
Pero como RPG en sí, e incluso como historia, creo que las ganas del estudio de saltar al siguiente nivel ha terminado por abarcar demasiado y apretar poco. El inicio es especialmente dañino, porque la trama tarda horrores en arrancar si es que en algún momento lo hace. La premisa es interesante. En esta ocasión, vemos las cosas desde el otro lado de la civilización, como nativo de Teer Fradee, la isla que los conquistadores intentan colonizar en el primer juego (pues este es una precuela). Somos un miembro de la tribu que al realizar su ritual de iniciación de Doneigad es capturado y llevado al continente. Allí empezará realmente nuestra aventura que nos hará viajar a diferentes ciudades y decidir el destino de un conflicto que parece inevitable.
Creo que Greedfall 2 tendría que haber empezado más tarde o, al menos, acelerar mucho su prólogo. Hasta que no llegué a la ciudad de Uxantis, una especie de urbe portuaria, las cosas no se pusieron realmente interesantes tanto a nivel narrativo como jugable. El juego brilla especialmente cuando te da algo de libertad, te presenta una ciudad arquitectónicamente interesante y una misión algo más personal. Por ejemplo, en esta se celebra un juicio en el que depende el destino de un miembro de tu equipo. Realizar correctamente la investigación completando todas las misiones es fundamental para obtener un veredicto favorable.
Profundo hasta en sus problemas
Lamentablemente, estos momentos escasean y son los que hubieran hecho al juego ser único. No un sucesor espiritual de Dragon Age Origins, como ellos mismos se definen, sino un Greedfall. Otro de los aspectos que más me parecieron interesantes del primer juego, que le daba mucha identidad, es que parecía tomar esa aproximación sistémica de immersive sims como Deus Ex Human Revolution, en los que, según nuestras habilidades, podíamos tomar un camino u otro. Al final estos momentos costaba verlos, pero en Greedfall 2, que habría sido la gran oportunidad de verlos crecer, lo cierto es que han ido en la dirección contraria. Ya no hay apenas oportunidades según tus estadísticas, como aprovechar el vigor para abrir caminos rompiendo paredes, escalando muros o abriendo atajos, por ejemplo. Lo que más veremos es la oportunidad de dirimir entre diplomacia y combate, y algo de sigilo que está bastante roto.
Sin duda es algo que complicaba el diseño, pero creo que lo hacía más interesante. Greedfall 2, en cambio, creo que lo ha diluido para ir por el camino mainstream: escenarios grandes y más posibilidades en el combate. Y es que el combate ha sido totalmente transformado. El del primer juego era quizá uno de sus puntos débiles. Era un sistema de acción sencillamente funcional, mientras que el de este es un combate táctico en tiempo real con pausa. Como Dragon Age: Origins, vaya. Pero, a diferencia de este, nunca he conseguido entrar en él. En parte por las animaciones tan poco convincentes, y también por la falta de contundencia en los ataques y golpes. Pero, sobre todo, por el ritmo.
Las barras de vida largas solo se hacen interesantes cuando el sistema te insta a trabajarte los movimientos y tácticas; sin embargo, en Greedfall no he sentido demasiado la necesidad de trabajarme la estrategia, y tampoco hay unas sinergias y acciones especialmente interesantes, por lo que el intercambio de golpes me llevaba a un enfoque de juego más parecido al de un MMO que al de un RPG táctico.
Luego están los bugs, que no son pocos. Por suerte a estas alturas al menos en la versión de PC van siendo cada vez menos, pero se nota que la etapa de Acceso Anticipado no ha terminado por resolver todos los problemas técnicos. Hay un poco de todo, desde softlocks que no terminan de activar ciertas variables para cumplir bien las misiones hasta los más frecuentes crashes que te llevan al escritorio y que, por suerte, son los menos molestos gracias al autoguardado. Definitivamente no ayudan al combate, en el que las trayectorias de aliados y enemigos a veces se rompen y hasta la cámara se me ha quedado enganchada en una perspectiva fija o mirando al suelo. También los hay de rendimiento, exigiendo más rendimiento del que necesita y provocando tirones, cargas largas e inconsistencias incluso con máquina de sobra para moverlo.
Un mundo fascinante pero irregular
Aun así, veo a este Greedfall 2 como uno de esos juegos especiales que no dejan indiferentes: o entras o no. O te ves absorbido por su mundo y sus personajes o no consigues adentrarte en su ficción. Tus compañeros son un buen resumen de esto último: se nota un gran trabajo para que cada uno de ellos sea un gran representante de su ciudad y de su cultura, con algunas misiones personales que pueden ser de lo mejor del juego. Pero también tienen algunas presentaciones apresuradas y una presencia que, por las reglas del juego, puede llegar a ser poco significativa. Serás tú como jugador el que tienes que hablar con ellos activamente para darles una mayor importancia, y aún así ves como hay fricciones insalvables, como las opciones románticas bastante evidenciadas y mecánicas.
Lo mismo ocurre con los temas que explora. Inspirado en nuestra Europa del s. XVII, se nota el interés del estudio por crear un conflicto casi irresoluble. No se trata de ser un héroe que vas a salvar al mundo y a tu tribu de la colonización. Siendo una precuela, ya sabes además que la gente del viejo continente va a terminar llegando en masa a tu isla y tratando de explotar los recursos, la magia y a tu gente. Por ello, se trata más de lidiar con un conflicto inevitable, y enfocarlo de una manera más conciliadora o bélica.
Con todo, Greedfall: The Dying World está hecho para los jugadores de otra generación que quieran precisamente ese rol de otra generación. No hay duda de que el juego al que más recuerda es el primer Dragon Age. No sé si a mí esta vez no me ha cautivado tanto por no llegar a la calidad de este o porque yo mismo estoy en otro momento vital con los RPGs (quizá una mezcla de ambas), pero no me cabe duda de que Spiders ha hecho un trabajo interesante. Eso sí, lo he disfrutado más como una especie de novela fantástica visual, que como juego de rol.
Me ha cautivado más su imaginación que los eternos paseos por zonas abiertas y repetitivas en busca de ese lugar clave que quiere que encuentre. Me han interesado más sus personajes que una trama a la que le cuesta llevarte de la mano sin pedirte demasiados encargos por el camino. Me ha gustado más la belleza de sus ciudades que los grandes mapas preparados para el combate. Y me han llamado más la atención sus momentos tranquilos que sus partes de acción. Es en ese tira y afloja continuo en el que debes saber qué te atrae más a ti y qué eres capaz de perdonar. Si lo haces, encontrarás un juego con fallos, sí, pero más alma de la que parece.
Un RPG con problemas, pero con alma
Greedfall: The Dying World es uno de esos juegos que te piden paciencia y mucha voluntad por tu parte. Spiders ha querido abarcar más de lo que podía apretar, creando un título con un arranque lentísimo y un combate táctico que nunca ha terminado de hacer clic conmigo del todo. Echo de menos esa identidad casi de 'immersive sim' del primero para apostar por algo más convencional, sumado a una optimización y unos bugs que pueden sacarte de la experiencia. Pero, con todo, no puedo negar que su mundo está bien construido. Tiene ese encanto de los RPG clásicos, al estilo Dragon Age: Origins, en el que perderte por sus ciudades, charlar con tus compañeros y empaparte de sus grises políticos. Si eres capaz de perdonarle sus costuras técnicas y de diseño, vas a encontrar un universo interesante con temas importantes de los que tiene mucho que decir.
Comprar Greedfall: The Dying World- Su universo de fantasía está muy bien construido, destacando por sus conflictos políticos, sociales y zonas grises.
- La historia tarda muchísimo en arrancar y sufre de un ritmo inicial que puede llegar a desanimar al jugador.
- El nuevo combate es más profundo, pero resulta tosco, poco contundente y carece de ritmo.
- Lo he disfrutado más como aventura narrativa que como juego de rol.
- Tiene bastantes bugs todavía, técnicos y de rendimiento.
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