
El último gran plataformas puro de Naughty Dog antes de apostar por la narrativa sabe muy bien cómo jugar sus cartas
Revisitar Jak and Daxter: El legado de los precursores en 2026 tiene algo especial. Han pasado 25 años desde el lanzamiento original en PlayStation 2, aunque algunas costuras son evidentes, sorprende lo rápido que consigue hacer algo que hoy no resulta tan sencillo: ponerte a jugar. No necesita mucho más que una cinemática y un par de explicaciones para ponerte en situación y enseñarte a correr, saltar, golpear enemigos y recoger objetos antes de soltarte por su mundo. No hay una introducción interminable ni sistemas esperando su turno para aparecer, simplemente empiezas a moverte y, casi sin darte cuenta, ya estás buscando la siguiente batería.
Buena parte de su encanto nace ahí, ya que Naughty Dog apostó por una aventura sencilla de entender y tremendamente agradable de controlar, una en la que casi todo parece pensado para que nunca permanezcas demasiado tiempo quieto. Las baterías funcionan como el objetivo principal, los orbes precursores te invitan a revisar cada rincón y las moscas exploradores están pensadas para los completistas que quieren sacar el máximo partido a cada zona. Son coleccionables, pero nunca se parecen a una lista de tareas, dado que aparecen en lugares en los que apetece saltar, investigar o desviarse unos segundos para ver qué hay más allá del camino principal.
Un mundo que no necesita detenerte
Una de sus mejores ideas resulta aún más evidente si lo juegas hoy: todo su mundo está conectado. Jak and Daxter no funciona como una colección de niveles completamente separados, puedes ir desde la Aldea de Sandover hacia la Playa del Centinela, la Selva Prohibida o la Isla de Misty y, a medida que avanzas, la aventura abre nuevos lugares sin perder esa sensación de estar realizando un viaje. De hecho, incluso los desplazamientos entre zonas forman parte del juego gracias al papel crucial que juega la zoomer (la clásica moto antigravitatoria), así que fue una apuesta muy ambiciosa para el mundo de un título de 2001.
Esa visión termina beneficiando a la exploración, ya que es posible ver en la distancia lugares a los que llegarás más tarde, encontrar caminos secundarios o regresar a una zona anterior cuando ya tengamos suficientes baterías como para avanzar. No es un mundo abierto en el sentido actual, ya que sus escenarios son relativamente pequeños y están llenos de objetos próximos entre sí. Sin embargo, Naughty Dog consigue que cada rincón tenga una razón para existir a través de una batería, un personaje, un coleccionable o una ruta alternativa.
La otra gran virtud del juego es el movimiento. Jack corre rápido, salta, realiza un doble salto, puede atacar mientras avanza y dispone de varios movimientos que se combinan con naturalidad. El resultado es un personaje con el que algo tan simple como desplazarse resulta entretenido, y ahí está una parte importante del secreto de un buen plataformas: si ir de punto A a punto B es divertido, cualquier excusa sirve para mantenerte jugando. En Jak and Daxter hay combates, puzles, vehículos y desafíos que exigen una precisión milimétrica, pero el juego nunca olvida que su herramienta principal es el propio Jak moviéndose por el escenario.
Estas limitaciones también ayudan a que el juego no intente convertirse de forma constante en algo más grande: no hay árboles de habilidades, equipo que comparar, recursos que fabricar ni estadísticas que mejorar. La progresión consiste fundamentalmente en abrir nuevas zonas y descubrir qué hay en ellas. De hecho, los diferentes tipos de Eco (verde, azul, amarillo y rojo), que proporcionan habilidades temporales, permiten disparar energía o recuperan vida, se entienden solo con mirarlos. Así, todo está diseñado para que las reglas puedan aprenderse jugando y para que la fricción se reduzca al mínimo cuando toca aprender una nueva idea y buscar la forma de divertirse con ella.
Una aventura pequeña que sabe cuándo terminar
Esa sencillez también se nota en la duración: puedes completar el juego en unas pocas sesiones y conseguir todas las baterías no exige decenas de horas buscando secretos imposibles. El juego ya de por sí es satisfactorio si tu intención es terminarlo sin completar el 100%, y hay que destacar que sabe poner punto y final antes de que su estructura empiece a ser pesada. Haber vuelto a él tantos años después resulta refrescante porque no parece preocupado por convertirse en el único videojuego al que vas a dedicar tu tiempo durante semanas, sino todo lo contrario: tiene una aventura que contar y, cuando has exprimido todas sus ideas, llegan los créditos.
Por desgracia, eso no significa que haya envejecido perfectamente y uno de sus problemas principales es la cámara. Como sucede en muchos juegos de la época, esta puede resultar incómoda en determinados lugares, y es especialmente doloroso en un plataformas 3D de comienzos de siglo en el que algunos saltos que requieren precisión terminarán con tu paciencia. Además, algunas actividades de recolección pueden ser repetitivas si vas a por el 100% y los combates no son la panacea de la acción. Sus 25 años de historia se notan, pero esconderlos tampoco tendría sentido y, por encima de todo, lo importante es que esas limitaciones pesan mucho menos de lo esperado porque las bases siguen funcionando: desplazarse por el mapa es divertido, explorar recompensa la curiosidad y completar un objetivo siempre te deja cerca del siguiente.
La personalidad de los dos personajes principales termina haciendo el resto. Jak es el clásico protagonista silencioso durante la primera aventura, así que casi todo el peso recae sobre un Daxter que se convierte desde el principio en compañero y alivio cómico. A su alrededor encontramos personajes exagerados, criaturas extrañas, ruinas precursoras y escenarios que van desde playas tropicales hasta montañas nevadas. Además, hay que decir que el apartado artístico ha envejecido mucho mejor que cualquier otro intento de realismo de aquella generación, ya que sus colores, sus animaciones y las formas exageradas siguen transmitiendo esa sensación de estar recorriendo una película de animación.
Puede que lo más curioso de regresar a Jak and Daxter, o de jugarlo por primera vez, sea comprobar que Naughty Dog nunca volvió a hacer exactamente este juego. Jak II cambió de forma radical el tono y la estructura de la saga, y el estudio terminaría siendo conocido por aventuras mucho más cinematográficas como Uncharted o The Last of Us. Esto hace que El legado de los precursores sea una pequeña cápsula del tiempo que refleja una versión de Naughty Dog que seguía enamorada de los plataformas puros. Gracias a ello, fue capaz de construir una aventura alrededor de un personaje agradable de controlar mientras apostaba por un mundo que invitaba a mirar detrás de la siguiente esquina.
Jak and Daxter no necesita que perdonemos sus 25 años para disfrutarlo. Tiene algunas arrugas, pero su filosofía sigue resultando convincente: entra rápido en materia, plantea objetivos claros y consigue que cada minuto invertido nos acerque a algo divertido. En una época en la que muchos juegos compiten por ocupar decenas o cientos de horas, regresar a esta aventura recuerda el placer de algo mucho más sencillo: correr, saltar, explorar un mundo fantástico y terminar con ganas de un poco más.
En 3DJuegos | En 2005, un juego de Spider-Man entendió por qué era divertido ser el malo. 20 años después, nadie ha conseguido igualarlo
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 2 Comentarios