K/DA, True Damage y Pentakill no solo suenan bien: son vehículos narrativos que amplían el universo de Runaterra más allá del juego
Desde hace años tenemos claro que Riot Games ha entendido la clave de eso de contar historias; van mucho más allá de una simple partida en la Grieta o una cinemática molona. Son los reyes del transmedia.
Estoy segura de que la mayoría de vosotros habéis oído un temazo de Pentakill o incluso os habéis comprado una skin de K/DA —K/DA All out Ahri imposible resistirse—. Efectivamente, uno de sus movimientos más potentes y originales ha sido integrar la música como herramienta narrativa dentro del universo de League of Legends. Y, aunque lo fácil habría sido usarla para lanzar temas promocionales y ya, Riot ha creado auténticas bandas virtuales que, además de generar millones de escuchas, sirven para profundizar en los personajes, culturas y conflictos de Runaterra.
Pentakill, K/DA y True Damage son tres proyectos musicales que podrían parecer productos de marketing pero que en realidad forman parte de una estrategia de worldbuilding ambiciosa y efectiva. Cada uno representa un género musical distinto, tiene una estética muy bien definida y una historia que se entrelaza con las trayectorias de los campeones que forman parte de ellos.
El heavy metal de otra era
La primera banda virtual de Riot fue Pentakill, una apuesta por el metal clásico que empezó como un guiño a los fans de este género. Formada por personajes como Karthus, Yorick, Mordekaiser, Kayle, Sona y Olaf, Pentakill debutó en 2014 con su álbum Smite and Ignite, y más tarde volvió con Grasp of the Undying (2017) y Lost Chapter (2021).
Más que canciones, Pentakill ofrece una narrativa mega épica; un grupo de músicos inmortales que combaten el olvido con poderosas guitarras. En su tercer álbum, Riot incluso celebró un concierto virtual interactivo en el que los espectadores podíamos tomar decisiones que influían en el desarrollo del show. Esta experiencia no solo servía de espectáculo, sino que también reforzaba esa imagen del grupo como una banda legendaria que desafía la muerte a través del poder de la música —guapísimo.
Pentakill convierte el metal en una declaración de fuerza, caos y eternidad. En el lore del grupo el escenario es un campo de batalla y la distorsión de las guitarras una forma de invocación mágica. Riot consigue unir la épica de este género musical con su visión fantástica, haciendo que cada tema aporte significado al universo de los campeones implicados.
K/DA fue el siguiente paso de Riot en la exploración musical, y el que realmente despertó una fiebre global—cada vez que escucho POP/STARS la tengo metida en la cabeza semana y media. Fue presentada durante el Mundial de 2018, y la banda de pop coreano y estadounidense está formada por Ahri, Evelynn, Akali y Kai’Sa. POP/STARS fue su tema debut —de verdad que voy a intentar no escucharla otra vez a pesar de estar haciendo este reportaje—, y con él K/DA superó los 600 millones de reproducciones en YouTube y se convirtió en un fenómeno viral inmediato (ahora mismo lleva 628M de views, casi nada).
K/DA no es solo un éxito musical: es una herramienta para reimaginar a las campeonas en un contexto mucho más contemporáneo. Sus integrantes tienen personalidades artísticas, historias dentro de la industria musical ficticia que Riot ha creado e incluso han desarrollado contenido transmedia como videoclips, diarios de producción y entrevistas.
Cada lanzamiento es una pieza más del puzzle que construye la identidad de la banda y su evolución como artistas. Por ejemplo, en el EP ALL OUT, Evelynn se nos presenta como una diva compleja y oscura, mientras que Akali representa ese espíritu rebelde del rap urbano. Este enfoque permite que las jugadoras y jugadores conecten con las campeonas desde un ángulo más emocional y humano.
La mezcla como mensaje
En 2019, Riot lanzó su propuesta más diversa y experimental hasta la fecha: True Damage. Esta banda mezcla rap, trap, R&B y hip-hop con un estilo visual que se inspira de alguna manera en el streetwear futurista. Compuesta por Ekko, Yasuo, Qiyana, Senna y Akali (que repite tras K/DA), True Damage representa no solo un cambio de sonido, sino una forma distinta de entender el mensaje.
Cada miembro de True Damage refleja una identidad y una lucha distintas, que se mezclan en una narrativa urbana con trasfondo social. Ekko, por ejemplo, es presentado como un joven prodigio que usa la música y la tecnología para romper con las estructuras injustas de su entorno. Qiyana, en cambio, interpreta el papel de una estrella nacida para tener poder, pero que aprende sobre el valor de la colaboración.
La historia de True Damage se expande a través de los videoclips, las letras de las canciones y materiales adicionales que exploran las tensiones entre fama, arte y raíces. En este caso, Riot va más allá del espectáculo para ofrecer un relato de diversidad y empoderamiento en clave musical. Además, True Damage fue el protagonista de una de las mejores aperturas de un mundial que se recuerdan con su canción Giants. Era 2019, estábamos en París, todavía sin saber si G2 se convertiría en el campeón —ganó FunPlus Phoenix— y el pedazo de espectáculo que vivimos allí no se me olvidará jamás. Mejor os dejo que lo veáis (o recordéis) vosotros mismos.
Aunque estas bandas existen en universos alternativos o paralelos al canon principal de Runaterra, sus historias tienen un peso verdadero en la comunidad. Riot ha sabido construir líneas narrativas paralelas que no contradicen la historia central, sino que añaden nuevas capas a los personajes. Esto no solo sirve para expandir el universo y hacerlo todavía más guay, sino que refuerza el vínculo emocional entre los jugadores y los campeones.
La música se convierte, así, en una forma alternativa de construir lore y desarrollar personajes. En lugar de limitarse a textos o vídeos, Riot apuesta por la experiencia sensorial: lo que oímos, lo que vemos y lo que sentimos al escuchar una canción forma parte de la narrativa.
Transmedia con ritmo propio
El caso de Riot es un ejemplo de cómo el transmedia puede trascender la promoción para convertirse en narrativa autónoma. Cada proyecto musical funciona como una franquicia en sí misma, con identidad estética, narrativa y emocional. Además, el hecho de que colaboren con artistas reales como Madison Beer, Soyeon, Becky G, Thutmose o Keke Palmer refuerza esta sensación de autenticidad y compromiso con lo artístico.
Hay que destacar que estos artistas no solo prestan sus voces, sino que se implican en la creación de los temas y las personalidades de los personajes. Esto genera una especie de simbiosis entre lo real y lo ficticio que permite a Riot llegar a públicos que no necesariamente son jugadores de League of Legends, pero que se sienten atraídos por la calidad musical y visual de los proyectos.
Comunidad, fandom y pertenencia
La música también sirve como punto de encuentro entre comunidad y narrativa. Fans de todo el mundo han creado covers, coreografías, análisis de letras y hasta fanfiction a partir de los universos de K/DA, Pentakill y True Damage. Este fenómeno demuestra que la música no solo expande el lore, sino que también fomenta la creación y participación activa, muy importante en cualquier comunidad.
Lo que Riot ha creado realmente son espacios emocionales en los que los fans pueden proyectarse, reconocerse y formar comunidad. Ya no se trata solo de jugar: se trata de pertenecer a un universo que también se escucha, se baila y se siente. Y eso es fantástico.
Más allá del juego
La estrategia musical de Riot Games representa una evolución en la forma de contar historias en la industria del videojuego. A través de sus bandas virtuales, la compañía ha creado productos artísticos completos que funcionan en múltiples planos: como música, como narrativa y como herramienta de marketing.
Lo que empezó como un experimento hoy se ha convertido en una línea creativa consolidada, con lanzamientos esperados por millones de personas. Y lo más interesante es que, con cada nueva canción, Riot no solo suma reproducciones, sino también historias que amplían la mitología de sus personajes de formas inesperadas y modernas.
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