Mientras a ti te salen canas y se te hincha la barriga, tus personajes favoritos están congelados en el tiempo. La ilusión de lo eterno en los mundos de siempre

Mario no envejece. Link tampoco. Pero tú sí... ¿cómo te hace sentir eso?

Bárbara Gimeno

Colaboradora

No os voy a mentir. Para mi hay algo profundamente inquietante —y también reconfortante, lo que suena contradictorio— en volver a un videojuego de tu infancia y encontrarlo todo exactamente igual que como lo recordabas. Mismo personaje, misma misión, misma música, mismos colores. Mientras tú cambias, envejeces, dudas y tomas decisiones vitales, el mundo digital permanece intacto, congelado, inmutable al paso del tiempo.

Personajes como Mario, Link, Kirby o Pikachu no han envejecido ni un solo día desde que los conocimos. Pueden saltar de consola en consola, de generación en generación, cambiar de estilo gráfico o incluso de género de juego y seguirán siendo los mismos: seres inmortales, en un mundo que cambia demasiado deprisa. Y eso hace que me plantee una pregunta incómoda: ¿qué significa para nosotros, como jugadores adultos, habitar una ficción en la que el tiempo no pasa?

El tiempo no pasa en Hyrule (aunque tú ya tienes canas)

Pensemos en Link, por ejemplo. Desde 1986, ha salvado Hyrule más veces de las que podemos contar con las manos. A veces es niño, a veces adolescente, pero nunca llega a la treintena, nunca le vemos retirado, ni cansado. No tiene achaques ni un pasado traumático que se le vaya acumulando. Parece que cada entrega borre la anterior, así que da la sensación de que cada historia es una especie de reencarnación en la que parece venir siempre con la energía renovada.

Mientras tanto, tú sí cambias. La primera vez que jugaste a Ocarina of Time, tenías 10, 15, quizá 20 años. Ahora tienes 30, 35, más. Y Link sigue igual. Lo que una vez fue una historia sobre crecer —cosa que, para nuevas generaciones seguirá siendo—, ahora se convierte en un refugio contra la idea de haber crecido demasiado deprisa.

Lo de Mario es aún más radical. Nuestro fontanero favorito lleva saltando desde 1981, y no ha cambiado ni un poquito. No ha tenido una evolución dramática, no tiene una historia de fondo, ni traumas, ni heridas. Es puro símbolo: el de la alegría del salto, el ritmo de cada nivel y la recompensa de la estrella. Y sin embargo, seguimos jugando con él. Con 10, con 20, con 40 años. ¿Por qué?

Porque el hecho de que Mario no cambie nos tranquiliza; en un mundo donde todo envejece, se deforma o desaparece, Mario nos espera. Nos ofrece algo que ya no existe en la vida real: la estabilidad emocional absoluta. Mario es como si hubiéramos metido nuestra infancia en una botella.

La cápsula del tiempo: mundos congelados que seguimos habitando

Ya vemos que Nintendo, entre otras, ha perfeccionado este arte, el de crear mundos que parecen fuera del tiempo. Animal Crossing, Zelda, Mario Kart, Pokémon... juegos que no solo evitan el paso del tiempo, sino que construyen una estética contra el tiempo mismo a través de sus colores suaves, su diseño amable y sus reglas inalterables.

Y nosotros, los jugadores adultos, seguimos volviendo a ellos, y no porque seamos ingenuos, sino porque el mundo real, con sus facturas, responsabilidades, pérdidas y noticias, pesa (y mucho). Volver a un mundo donde nada envejece es, para nosotros, una especie de pausa emocional en un lugar seguro donde solo nos esperan los buenos recuerdos.

Seguimos volviendo a ellos, y no porque seamos ingenuos, sino porque el mundo real, con sus facturas, responsabilidades, pérdidas y noticias, pesa (y mucho). Volver a un mundo donde nada envejece es, para nosotros, una especie de pausa emocional en un lugar seguro donde solo nos esperan los buenos recuerdos

Aunque, a veces, es aquí donde aparece la culpa. Ese susurro cultural que nos dice que esos juegos son para niños y que deberías jugar a cosas más maduras, porque vivimos en una cultura que valora el cambio, el progreso, la renovación constante pero en la que el mirar hacia atrás se considera una debilidad.

¿Y si no lo es? ¿Y si los juegos que no envejecen no son una negación de la madurez, sino una forma distinta de vivirla? Volver a Mario o Zelda no es lo mismo a los 10 que a los 40. Lo que cambia no es el juego sino que eres tú. Y ese contraste entre tu yo actual y el mundo estático del juego se genera algo potentísimo: la nostalgia, sí, pero también una profunda reflexión. Porque a través de lo inmutable, te das cuenta de cuánto has cambiado tú.

Nostalgia como espejo (no como prisión)

La nostalgia no es solo el deseo de volver, sino también una forma de autoconocimiento. Cuando juegas Super Mario World hoy, no estás huyendo del presente sino que estás tendiendo un puente entre dos versiones de ti mismo.

No es que Mario sea profundo por sí mismo. Pero puede despertar emociones profundas porque lleva contigo décadas en tu memoria.

A veces, sin embargo, se produce una disonancia, y de pronto ya no encuentras en Pokémon la emoción de antes. Ya no te basta con coleccionar criaturas, el mundo sigue congelado, pero tú necesitas otra cosa. Otra forma de conexión con mayor complejidad, emoción y riesgo.

Y ahí surge esa pequeña tensión que te lleva a preguntarte: ¿Cuánto tiempo puedes seguir volviendo a un lugar que ya no te representa?

Algunos juegos han intentado responder. Zelda: Tears of the Kingdom nos muestra un Link más dañado, más herido, en un mundo en ruinas. Pokémon Legends: Arceus experimenta con una ambientación más sobria, más introspectiva. Pero el corazón de estos universos sigue siendo el mismo.

En cambio, tú tienes una vida finita

Esa es la diferencia fundamental. Los personajes no envejecen. Nosotros sí. Nosotros perdemos gente, cargamos años, aprendemos a convivir con el dolor, a priorizar, a dudar. Y por eso, habitar mundos donde nada cambia puede ser una tirita… o una herida.

A veces es bonito y a veces duele. Depende del momento vital. Porque un juego congelado en el tiempo también puede recordarte lo que ya no tienes, lo que has dejado atrás, lo que no puedes recuperar.

Por eso surgen juegos como Night in the Woods, Spiritfarer, Oxenfree o incluso Celeste: videojuegos que sí tratan temas de adultos, pero con la estética de los juegos de siempre. Son una especie de puente entre el ayer y el ahora. Videojuegos que sí envejecen contigo.

Lo que está claro es que el tiempo, aunque parezca ausente en pantalla, siempre está presente en el jugador, de tal forma que cada partida es también un diálogo con tu yo del pasado. Así que no hay que tener miedo de seguir jugando lo mismo. Solo hay que entender por qué lo hacemos. Porque en esos mundos congelados encontramos, a veces, lo que la vida real nos niega: la posibilidad de pausar el reloj, aunque sea solo un rato.

En 3DJuegos | ¡Bombazo! La película de The Legend of Zelda ya tiene actores confirmados para Link y Zelda, y no es ninguno de los que se llevan rumoreando meses

En 3DJuegos | Creo que he creado mi huerto de Stardew Valley sobre una grieta mágica y ahora no se qué hacer

Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com

VER 1 Comentario
VÍDEO ESPECIAL

16 visualizaciones

20 JUEGOS con un HYPE BESTIAL que NO CUMPLIERON con las EXPECTATIVAS

De una manera u otra, todos hemos sido presa del hype en algún momento. Esa ilusión que se apodera de nosotros cuando un juego nos pinta bien es un arma de doble filo, porque ilusiona cuando todo sale genial, pero rompe el corazón cuando no. Y hoy vamos a hablar del segundo de...