Antes de hacer uno de los juegos más ambiciosos de la historia, el padre de Star Citizen hacía cine. Y no lo digo precisamente como un piropo

Squadron 42 está fuertemente basado en el laureado Wing Commander. Curiosamente, toma buena nota de los fallos de la película

Mario Gómez

Editor Senior

A Chris Roberts se le conoce a día de hoy como el padre del eterno Star Citizen, pero los entusiastas saben bien que tanto el MMO espacial como la carrera del creativo americano se originan mucho más lejos: en 1990, concretamente, llevó a tiendas (junto con el mismísimo Warren Spector en el cargo de productor) un Wing Commander que podríamos considerar como el epicentro de básicamente todo lo que ha firmado en los últimos 35 años.

Lo que tal vez no sepas es que Chris Roberts también ha hecho sus pinitos en la industria del cine, llegando incluso a dirigir un total de un largometraje distribuido por 20th Century Fox: se trata, cómo no, de la adaptación de Wing Commander a la gran pantalla (1999). Me resultó curioso saber que puedes verla en pleno 2025 a través de Filmin —en el momento de escribir estas líneas, al menos— sin tener que recurrir a medios físicos o ilegales, así que me he tomado la libertad de verla.

¿Es buena? No, definitivamente no lo es; y deduzco que en su momento afeó la imagen de una franquicia de videojuegos que en realidad, estaban súper bien. Ahí fallaron tantas cosas que no me atrevería a apuntar una sola con el dedo y decir "tú eres lo que sobra". Es el conjunto: personajes bastante pobres, efectos visuales que solo esperarías ver en el cine de serie B, y de hecho introdujo un concepto de Peregrinaje que hasta donde yo sé nunca formó parte de los juegos y estaba ahí solo para imitar los pasos de Star Wars.

Quiero decir, entiendo el por qué de algunas cosas. Es difícil venderle al gran público un A la caza del Octubre Rojo espacial, ahí había que inventar algo más digerible y el título de MS-DOS tampoco es que fuese una fuente de inspiración ilimitada. Aquello solo podía salir mal. No sé si le daría el lapidario 10% de nota que tiene en Rotten Tomatoes, pero solo te digo que no vayas buscando una gran historia, una adaptación fiel o una obra de ciencia ficción satisfactoria.

Apreciando los orígenes de Star Citizen

Lo que sí me ha gustado de la película de Wing Commander es verla en un momento en el que ya estoy en la onda de Star Citizen, y en cierta medida ha sido un poco como encontrar fotografías de un ser querido cuando era bebé y pensar "madre mía, ¡cómo ha crecido!" Porque en su infinita ineptitud, la cinta tiene cierto encanto tonto difícil de describir que uno solo aprecia cuando ya está dentrísimo de la ciencia ficción de Chris Roberts y la ve pensando en lo que se ha convertido después de muchos años.

Notablemente, me llama la atención ser capaz de identificar al vuelo varios planos secuencia e ideas que más tarde terminaría recogiendo casi cuadriculado nuestro Star Citizen. Te lo planteo de la siguiente manera: puedes ir a YouTube y echarle un vistazo al gameplay de Squadron 42 (el "modo campaña" de SC) que Cloud Imperium mostró durante la CitizenCon 2024 y encontrarás que dura casi lo mismo que la película, una hora y cuarto frente a una hora y media, y podrás comprobar que muchas ideas de la película aparecen rescatadas.

O como mínimo, las áreas donde el creativo había puesto esmero siguen ahí, solo que mucho mejor desarrolladas. La capitana Rachel MacLaren (Gill Anderson) tiene una presencia poderosa, en los monitores aparecen referencias al sector Vega y la familiaridad entre los pilotos ahora es mucho más creíble y terrenal (p. ej. les ves llamando a sus familias durante los descansos). La preparación de los despliegues de cazas es mucho más emocionante e inmersiva y en definitiva, el drama tras cada acción es palpable. Hay peso, literal y figurado, en los motores de la UEES Gauntlet; así como de las gaitas que acompañan a la flota.

Wing Commander solo lograba transmitir tensión en las decisiones sobre la marcha que transcurren en la cabina de mando a través del sudor en la cara de sus personajes, mientras que Squadron 42 logra hacerlo en las lecturas, las alarmas y planos de naves alienígenas demasiado grandes como para abarcarlas en una sola pantalla. La meta final es la misma o muy similar, pero la manera de hacerlo ha avanzado tanto que uno termina dándole algo más de valor al videojuego.

En última instancia, me quedo con la sensación de que Wing Commander me ha hecho apreciar un poco más la seriedad natural de Star Citizen y por extensión, de Squadron 42; la ciencia ficción que hacen estos últimos será una sobre el romanticismo de la navegación espacial, y sin duda lo hacen bien apoyándose sobre los hombros de fracasos pretéritos. Cuando te llame la atención alguna secuencia o interacción con el escenario en estos juegos, puedes estar seguro de que eso ya lo hizo antes una película. Y lo hizo peor.

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