Los The Elder Scrolls más raros y olvidados de la saga te proponían un trato: traían innovación y lore, pero eran insufribles

En la era post-Daggerfall, Bethesda experimentó con su fórmula RPG con dos juegos que se hundieron en ventas y en crítica y aún son desconocidos

Mario Gómez

Editor Senior

No lo digo yo, lo dicen los números: mucha gente ha descubierto la saga The Elder Scrolls a través de los episodios IV y V (Oblivion y Skyrim, respectivamente) lo que a su vez indica que muchos no conocen las entregas anteriores. Y de entre estas últimas, las dos más particulares son Battlespire y Redguard, que tal vez ni te suenen. Hoy vamos a dedicarle un pequeño espacio a hablar de la primera.

An Elder Scrolls Legend: Battlespire (1997) no es un mod, sino un desarrollo oficial de Bethesda que se concibió originalmente como una de dos expansiones para Daggerfall (1996) y terminó lanzándose en formato standalone, o sea, por separado. Ya solo por esto se distancia bastante de otras aventuras que hemos vividos en el mundo de fantasía de Tamriel, pero no es su única particularidad.

Battlespire fue el primer TES en introducir funciones multijugador cooperativas (y competitivas) que incluso a día de hoy puedes jugar a través de la red en línea de Kali y prescindió de funciones que por aquella época se consideraban indivisibles de la franquicia como el mapa abierto, los mercaderes o el descanso. Esto es así porque tenía un prisma mucho más cerrado y específico de lo habitual: jugabas una historia concreta, con un fuerte enfoque en el mazmorreo.

El juego, bautizado en base a la base de entrenamiento homónima, nos ponía en conflicto contra el príncipe daédrico Mehrunes Dagon y su séquito, que había aniquilado a todos los camaradas imperiales de nuestro protagonista. ¿Suena bien? Quizá sí, pero ahí va una advertencia: no es un juego especialmente recomendable. El juego ya había recibido críticas bastante tibias en su estreno hace casi treinta años y no vendió nada bien, pero es que tampoco valía mucho la pena.

Mazmorras y lore, bien. Lo demás, no tanto

Más allá de lo que concierne estrictamente al mazmorreo, súper oscuro y demoníaco, Battlespire era un amasijo de bugs indigerible incluso para los estándares del desarrollador marilandés. Muchos de ellos afectaban al funcionamiento básico de la partida o a la progresión, de hecho; pero también había limitaciones brutales en términos de diseño que afectaban a tu selección inicial de personaje así como al equipamiento a tu alcance durante el recorrido.

La gracia del juego radicaba en sus mazmorras, diseñadas a conciencia

Puesto que no podías vender o reparar objetos, buena parte del combate se reducía a buscarle las cosquillas a los magos daédricos obligándoles a malgastar maná; o a tratar de estancar a los que iban en cuerpo a cuerpo en algún ángulo del terreno. Lo peor de todo es que en la recta final, Battlespire hacía aparecer infinidad de hordas; por lo que estos problemas solo crecían.

Con todo, quienes tuvieran estómago para digerirlo —aún puedes jugarlo en Steam, o en GOG si lo prefieres sin DRM— encontrarían en él una generosa cantidad de trasfondo narrativo acerca de los daedra y diálogos bastante interesantes con ellos. Sí es cierto, en cambio, que ZeniMax ha terminado dándoles mucho protagonismo en TESO con el paso de los años y es probable que allí encuentres detalles únicos.

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