Mi juego clásico favorito de Spider-Man tiene 21 años y cuatro virtudes. El fotorrealismo nunca fue una de ellas

Mi juego clásico favorito de Spider-Man tiene 21 años y cuatro virtudes. El fotorrealismo nunca fue una de ellas

Ultimate Spider-Man es una joya con un problema muy grande: jugar a él en 2026

Abelardo González

Editor - Tech

Si hay un juego de Spider-Man que lleva más de dos décadas acumulando el tipo de reputación que no se compra con marketing, ese es Ultimate Spider-Man. Las personas que lo jugaron y lo recuerdan lo siguen mencionando, y eso me hizo llegar a él en 2026 sin la venda en los ojos que te pone la nostalgia. Nunca lo había tocado, así que la única referencia que tenía era su reputación y la pregunta cambió de forma instantánea: no me importó si había sido bueno en su momento, sino si seguía siéndolo ahora. Por eso, cuando todo el mundo habla de Marvel's Wolverine, yo he jugado a un clásico de 2005 para calentar motores.

Como otros tantos juegos del personaje, está en un cajón olvidado de alguna mesa de un directivo de Activision. Eso hace que haya dos opciones para acceder a él: tener el hardware original o recurrir a la emulación. Por suerte, Ultimate Spider-Man no necesita añadidos ambiciosos, sino ganas de jugar… y poco más.

Las cuatro virtudes que el tiempo no se ha llevado

La primera es la más visible y, al mismo tiempo, la más importante: el cel-shading. En 2005, apostar por un estilo visual que imitaba los trazos y colores planos del cómic era una decisión arriesgada en un mercado que empezaba a obsesionarse con el fotorrealismo. Hoy, los juegos que persiguieron el realismo técnico han envejecido con una torpeza evidente, así que Ultimate Spider-Man acertó a la hora de parecerse a los cómics de Mark Bagley con líneas limpias, colores saturados y movimiento exagerado. Todo sigue funcionando 21 años después.

La segunda virtud, para mí, es la duración. Cuando descubres que Ultimate Spider-Man no llega a las tres horas si vas a piñón, se abren dos frentes ante ti: uno que apunta a frustración y otro que suena a alivio. En 2026, rodeado de juegos que miden su valor en decenas de horas y llenan ese tiempo con coleccionables, misiones de recadero y contenido diseñado para retrasar los créditos finales, tres horas de historia sin relleno suena a declaración política. El juego dice lo que tiene que decir y se detiene tras ello, y a mí me parece que eso le da más valor a medida que pasa el tiempo.

El balanceo sería la tercera virtud, ya que aquí el juego te enamora antes de que te des cuenta. Existe una física en el movimiento de este juego que resulta satisfactoria de una forma difícil de racionalizar: no es el sistema más complejo ni tampoco el más espectacular, pero tiene un ritmo propio que invita a seguir moviéndose por la ciudad aunque no haya ningún objetivo activo. Todos hablan maravillas del balanceo de Spider-Man 2, pero yo prefiero este al ser más acrobático y mucho menos intuitivo gracias a una respuesta inmediata que conecta bien con lo que el juego pide en cada momento.

La historia, y la forma en que está contada, sería mi cuarta virtud. La dualidad entre Peter Parker y Eddie Brock no es un recurso narrativo, sino la columna vertebral del juego: dos protagonistas, dos formas de moverse y dos maneras de relacionarse con la misma ciudad. A través de una estructura basada en números de cómic, el guion de Brian Michael Bendis y las portadas entre capítulos, todo apunta en la misma dirección y el resultado es un juego que sabía qué quería contar y utilizó las herramientas necesarias para ello.

No todo puede ser bueno

Sí tengo que quedarme con algo malo, lo primero que me viene a la mente son las persecuciones. Estas son el punto en el que el juego muestra su edad con menos elegancia, ya que exigen una precisión en el balanceo que no has entrenado hasta ese momento. La persecución a Electro con Venom es la más conocida por lo frustrante que es, ya que el margen de error es estrecho, la cámara no siempre acompaña y la dificultad aparece de forma abrupta sin demasiadas advertencias. No es un problema de diseño exclusivo de este juego, era una forma de plantear la dificultad en 2005 y, hoy, resulta más visible porque el resto del juego sí fluye con coherencia hasta llegar a ese pico.

El otro punto de fricción que se me ocurre es la estructura de misiones secundarias obligatorias. Para poder avanzar en la historia, el juego te pide completar un número determinado de eventos callejeros, combates y carreras. No son malos en sí mismos, pero funcionan como un mecanismo artificial para alargar la duración. Si el juego dura tres horas yendo a saco, esto existe para que no llegues a esas tres horas yendo a saco, así que hablamos de fricción diseñada para frenar el ritmo. No obstante, si vas a por el 100% del juego, te aseguro que ese tipo de contenido te parecerá un caramelo gigante.

Ultimate Spider-Man ha envejecido bien donde importa y regular donde menos duele. El estilo visual, la jugabilidad, la historia y la duración siguen funcionando con la misma convicción de 2005 y conseguirá conectar con aquellos que quieran poner en perspectiva por qué es un juego tan especial. Las persecuciones y las misiones de relleno, por otro lado, tienen arrugas reales, pero no cambian el diagnóstico general. Así, es un juego que puedes recomendar a cualquiera sin asteriscos importantes, uno que terminas en una tarde y te recuerda que Spider-Man (casi) siempre apuesta por la diversión.

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