Bola de Dragón en España: la serie que transformó la infancia de toda una generación y que, 40 años después, sigue siendo piedra angular de la cultura pop
Durante toda mi vida, sin que sea culpa de nadie, me ha pesado no haber podido disfrutar del fenómeno Star Wars en su llegada original a los cines. No pude vivir la primera sensación de maravilla y expectación que millones de espectadores sintieron en 1977, ni ser testigo de cómo los efectos especiales y los sonidos de John Williams cambiaban la forma de contar historias en pantalla grande. Sin embargo, en lo que respecta a otros hitos de la cultura pop, me considero extraordinariamente afortunado. Por ejemplo, en mi casa hubo una Atari 2600 de lanzamiento, así que he podido disfrutar de los videojuegos desde que sostuve el joystick entre mis manos por primera vez, experimentando la evolución de la industria casi en tiempo real, desde aquellos primeros LOAD'N'RUN en un ZX Spectrum + hasta el lanzamiento de GTA6 (que sí, que es real, que va a ocurrir). Con eso os podéis hacer una idea de la edad que tengo: he visto muchos árboles pasar y he presenciado cómo florecían y marchitaban innumerables modas y tendencias.
Pero hoy no estamos aquí para hablar de videojuegos. Estamos aquí para hablar de anime, y en concreto de Dragon Ball, que ayer celebró los 40 años de su primera emisión en Japón. Con la perspectiva que da el tiempo, podemos reconocerlo como un fenómeno que, por su escala mundial, no dejó indiferentes a los chavales españoles. Para España, Dragon Ball supuso un punto de no retorno: fue el primer gran fenómeno masivo de la cultura pop nipona que conectó con un público que, hasta entonces, apenas había experimentado series animadas japonesas de forma tan intensa.
Los cimientos del anime en España
Claro que no todo empezó con Dragon Ball. El anime ya había llegado a España décadas antes. El trauma de Heidi parece eterno en la memoria de quienes crecimos con ella, y mi padre ya seguía Mazinger Z, aquel robot gigantesco pilotado por Koji Kabuto que prometía aventuras imposibles. ¡Puños Fuera!. Personalmente, tuve mi primer impacto con Campeones, que a mí me daba igual porque no me gustaba el fútbol, pero cuya popularidad era tal que en las verbenas de los barrios y los coches de choque sonaba su sintonía a todo volumen. A finales de los 80, esa era la cima de la fama.
Poco después llegaron Los Caballeros del Zodiaco, con sus armaduras chulérrimas, la molonidad de Ikki de Fénix y el icónico "¡Atenea, dame fuerzas!". Sin embargo, en Madrid no lo sabíamos todavía, pero en otra parte del país ya circulaba un chaval de pelopincho con cola de mono que se enfrentaba a enemigos dispuestos a cambiarlo todo para siempre.
Dragon Ball llega a España… poco a poco
La llegada de Dragon Ball a España fue gradual y dependía de las cadenas autonómicas: cada región tenía su propio calendario de emisión, pero en los patios de recreo que parecen funcionar de manera cuántica, y se empezaba a oír hablar de estos dibujos que tenían enganchados a primos y conocidos de distantes y exóticas geografías como Galicia.
Reconozco que no vi el estreno de Dragon Ball cuando llegó a Telemadrid. No es culpa mía, no recuerdo que se publicitaria de ninguna manera y yo por las tardes después el colo no solía ver la tele. Pero en el patio de recreo, de nuevo, el Internet de los niños de 10 años de aquella época, me enteré que los dibujos esos de los que se hablaba tanto ya los estaban echando en la tele, así que ese día en el cole fue una encadenada penuria de horas hasta que puede llegar a casa y convencer a mis padres de que me dejaran ver unos dibujos animados nuevos que molaban mucho. ¿Por qué no, verdad? ¿Qué podría pasar?
Así, en la pequeña tele de la cocina y mientras picoteaba aceitunas, vi el capítulo 15 de Dragon Ball, en el que se presenta a Lunch, la chica que cambia de personalidad cuando estornuda. Y de pronto estaba viendo una serie de dibujos de aventuras que es un western, pero en el que hay artes marciales, y atracos, y cuando me quise dar cuenta mi mundo había cambiado para siempre. No fue hasta algo más tarde, allá por el capitulo 60, cuando todos los niños del recreo hablábamos de Tao Paipai, cuando incluso yo me podía dar cuenta de que esos dibujos lo eran todo, para la gente de nuestra edad, que se trataba de lo que hoy puedo etiquetar como un fenómenos masivo, y un hito generacional.
Dragon Ball como desembarco de la cultura pop nipona en España
A pesar de la importancia de otros animes, como Bateadores o Ranma ½, o el estreno de la película AKIRA, Dragon Ball supuso el verdadero gran desembarco de la cultura pop nipona en España. Era el primer éxito nuclear del manga y del anime, que se dejaba notar no solo en la televisión, sino también en el tráfico ilegal de fotocopias de manga en los pasillos de los colegios o en las canciones de los créditos que se coreaban a gritos en los buses de excursiones, que eran las barreras invisibles que definían nuestro universo infantil.
En aquel entonces, no había merchandising oficial más allá de los episodios animados. Los juguetes, camisetas y videojuegos eran prácticamente inexistentes, y los pocos que llegaban eran de importación francesa o japonesa, difíciles de conseguir y extremadamente caros. Mis padres me tuvieron que comprar el primer Dragon Ball Z de SNES por 11.000 pesetas, porque la obsesión por vivir la experiencia completa era superior a mi razonamiento y le daba miedo que me diera un síncope del berrienche.
El siguiente paso en la historia de Dragon Ball en España fue la llegada del manga, que Planeta comenzó a publicar en su serie blanca, tras negociar con Shueisha los derechos editoriales. Esta edición en castellano y catalán no solo legitimaba la serie en papel, sino que también reforzaba su estatus cultural y facilitaba que los aficionados construyeran sus propias colecciones. Los mangas comenzaron a circular en colegios, kioscos de prensa y tiendas, y poco a poco, los aficionados pudieron revivir las aventuras de Goku y sus amigos de manera tangible, página tras página. Tengo que acordarme de mi tía Isabel que puntualmente me compraba todos los números según salían.
Esta situación contrasta enormemente con la actualidad. Hoy vivimos una sobresaturación de estrenos de anime cada año, donde incluso series exitosas como Solo Leveling, Jujutsu Kaisen o Kimetsu no Yaiba parecen menos monolíticas que Dragon Ball en su momento. Principalmente porque en los años 80 y 90, prácticamente solo existía Dragon Ball como referente global del anime en España. El segundo factor es no existía el ecosistema de merchandising, figuras, videojuegos, ropa y demás material, que hoy respalda la popularidad de cualquier licencia, haciendo que la experiencia de los fans sea infinitamente más completa y visualmente tangible.
El legado de Dragon Ball: más que nostalgia
Si hoy el anime y el manga son fenómenos masivos, se lo debemos en gran medida a Dragon Ball. La serie sentó las bases de todo un mercado, enseñando a editores, distribuidores y fans cómo se podía construir una audiencia masiva y global, incluso antes de la existencia de Internet tal y como lo conocemos. Aunque actualmente parece que Dragon Ball viva en parte de las rentas, sigue siendo una piedra angular de la cultura popular mundial. Las licencias posteriores, como Naruto, One Piece o incluso Pokémon, han supuesto un sano relevo generacional entre los aficionados al anime, pero Dragon Ball permanece como referente absoluto. Su influencia es visible en el manga y anime contemporáneo, en el imaginario colectivo de varias generaciones de fans.
Hoy, a casi dos años después de que Akira Toriyama se hiciera uno con la Fuerza, es inevitable pensar en su legado. Toriyama nos dio un universo que marcó nuestra infancia y adolescencia, un mundo donde la amistad, la superación y la aventura estaban presentes en cada combate, en cada transformación, en cada bola de dragón reunida. Más allá del humor, la épica y la inventiva visual, Toriyama nos enseñó a soñar con historias que podían ir más allá de los límites de nuestra imaginación. Creo que es justo terminar este artículo dándole las gracias por su trabajo.
Me crujen las rodillas cuando salgo de la cama por las mañanas, me empiezan a sentar mal las comidas pesadas y, a veces, miro a los chavales de hoy viendo sus animes favoritos con la envidia sana de quien ha vivido todo esto antes de una manera muy diferente. Las circunstancias han cambiado, pero la pasión del fan no. Pero tengo la suerte de ser de la generación que vio Dragon Ball en su estreno, que experimentó el fenómeno en tiempo real y que participó en la construcción de una cultura pop que aún hoy sigue expandiéndose.
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