"Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza, y a tu propio honor: cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad." Shakespeare escribió esas líneas hace más de 400 años para Hamlet, un clásico inmortal que hoy parece volver a estar de moda y que ha encontrado en manos de uno de los grandes talentos actuales del anime una peculiar y espectacular revisión que llega esta semana a los cines: Scarlett. Si la cita os parece interesante, seguro que esta nueva película de animación también lo será.
La princesa y el nuevo gran talento del anime
Hablar de Scarlett es, inevitablemente, hablar de su director y guionista, Mamoru Hosoda. Para los seguidores del anime, su nombre ya se ha consolidado como uno de los más fascinantes de su generación. Tras títulos como La chica que saltaba a través del tiempo, El niño y la bestia o Mirai, Hosoda ha demostrado un talento excepcional para fusionar mundos fantásticos con una profunda carga emocional, todo ello sin perder de vista un pulso narrativo que seduce tanto a jóvenes como a adultos. Su capacidad para explorar la condición humana a través de universos paralelos o espacios liminales convierte cada proyecto en una experiencia única. En Scarlett, Hosoda lleva esta ambición un paso más allá. Aquí, la historia de una princesa vengativa que atraviesa un purgatorio entre la vida y la muerte se convierte en una obra que mezcla fantasía, drama y una sutil reflexión sobre la violencia, la venganza y la posibilidad de perdón. La película no solo busca impresionar visualmente, sino también provocar que el espectador se cuestione sobre la naturaleza de la justicia y la redención en un mundo que no es estrictamente el nuestro.
La película nos sitúa en la Dinamarca del siglo XVI, donde Scarlet, la joven princesa, disfruta de una vida relativamente tranquila bajo la protección de su padre, el rey Amleth. La calma se rompe cuando el tío de Scarlet, Claudius, da un golpe de estado y asesina al rey. Scarlet jura venganza, entrenándose y preparándose para enfrentarse a su despiadado familiar, pero la historia da un giro: Scarlet es envenenada y despierta en un extraño lugar situado entre la vida y la muerte, donde el tiempo se diluye y los muertos conviven con los vivos en un escenario que combina lo onírico con lo amenazante. Allí conocerá a Hijiri, un joven paramédico del presente que desafía la violencia con su pacifismo. La relación entre ambos personajes constituye uno de los ejes emocionales del filme, creando un contrapunto entre la ira de Scarlet y la esperanza de Hijiri. Este contraste no solo enriquece la narrativa, sino que añade profundidad a la exploración de los temas de venganza y perdón, reforzando la idea de que la violencia no es la única vía para sanar heridas.
Scarlett y Hamlet: una reinterpretación magistral
Aunque Scarlett se inspira claramente en Hamlet, la película no busca replicar la obra de Shakespeare al pie de la letra. Mamoru Hosoda utiliza el clásico inglés como un punto de partida, tomando los temas universales de traición, venganza y duelo para construir un relato propio. Los nombres de los personajes, el escenario palaciego y algunas líneas de diálogo son guiños evidentes al texto original, pero la película introduce giros modernos y elementos de fantasía que la separan de una adaptación convencional.
Mamoru Hosoda utiliza el clásico inglés como un punto de partida, tomando los temas universales de traición, venganza y duelo para construir un relato propio
Este enfoque permite que Scarlett explore cuestiones más amplias, como el sentido de la justicia en un mundo injusto, la búsqueda de perdón y la aceptación de la pérdida. Al mismo tiempo, Hosoda incorpora referencias literarias adicionales, desde La Tierra Baldía de T.S. Eliot hasta El Paraíso Perdido de John Milton y La Divina Comedia de Dante, mostrando que su intención es construir un universo narrativo que, aunque pueda parecer caótico en algunos momentos, está cuidadosamente pensado para ofrecer capas de significado que se descubren con cada visionado.
Uno de los aspectos más llamativos de Scarlett es, sin duda, su calidad visual y cómo su estética viste estos textos clásicos como algo completamente novedoso y actual. Hosoda vuelve a demostrar su maestría en la animación combinando técnicas de 2D y 3D. Palacios, desiertos infinitos, tormentas eléctricas y un dragón mítico que corta el cielo con su presencia majestuosa… Muchos momentos de la película piden a gritos ser disfrutados en pantalla grande. La mezcla de animación 2D y 3D, aunque a veces se hace algo rara, ofrece impresionantes imágenes que refuerzan los momentos más intensos de la historia. Las escenas de acción son fluidas, bien coreografiadas y consiguen transmitir la tensión de los combates de Scarlet sin perder claridad narrativa. Los planos generales, especialmente en las secuencias de multitudes, muestran un mundo vivo, complejo y detallado, reforzando la sensación de que el espectador está inmerso en un espacio enorme y fascinante.
si estáis bien atentos en la peli, sobre el lomo del grna dragón de la tormeta veréis un guiño al Berserk de Kentaro Miura
Los detalles no se limitan al movimiento: la paleta de colores, dominada por rojos intensos, y la composición de los fondos hacen que Scarlet destaque a nivel artísticos. Studio Chizu y los diseñadores de personajes Jin Kim y Tadahiro Uesugi han trabajado para que la expresividad de Scarlet y Hijiri trascienda la animación, permitiendo que emociones como la ira, el miedo o la esperanza se perciban incluso sin diálogo. De la mano de lo plásticos tengo que destacar el sonido y la música de Scarlett, que complementan de manera brillante la experiencia visual. Las secuencias de batalla se acompañan de crescendos que impactan emocionalmente, mientras que los momentos íntimos encuentran su espacio con arreglos más suaves y detallados. Sin embargo, no todo es perfecto: Hosoda introduce varios números musicales, incluyendo un par de secuencias de baile que, aunque visualmente interesantes, rompen la tensión narrativa y, en ocasiones, me parecen excesivamente largas o fuera de lugar.
Especialmente la secuencia inspirada en musicales modernos recuerda a La La Land, pero con animación que en algunos momentos resulta demasiado cargada y confusa. Y para mí, es excesivamente larga. Tal vez le sobre algo de metraje en este sentido, o en mismo el cierre de la película, que si bien creo que es necesario en su optimismo para tiempos tan oscuros como estos, también me parece excesivamente noño y tal edulcorado que uno deja de prestar atención a la pantalla para empezar a preocuparse por una potencial diabetes tipo 2. Este exceso musical, junto con la luminosidad del cierre de la historia, genera una sensación de desconexión en el espectador adulto, dándole la impresión de que la película busca suavizar un mensaje que, en realidad, tiene raíces mucho más duras y complejas.
Los límites de la narrativa en la venganza
Aunque Scarlett deslumbra por su capacidad visual y su construcción de mundos, la película no es la más redonda de Hosoda en términos de guion. La historia resulta algo densa o incluso dispersa, con una cantidad significativa de personajes y subtramas que no siempre se desarrollan completamente. Hijiri, por ejemplo, cumple su función como contrapunto a Scarlet, pero su personaje no llega a profundizar más allá de su idealismo pacifista, lo que deja un pequeño vacío en la narrativa. También hay un momento en el que me dio la sensación de que se había eliminado alguna escena porque, de buenas a primeras, los protagonistas pasan de una situación a otra sin mayor explicación, generando cierta extrañeza.
Scarlet, al igual que Hamlet, debe confrontar no solo a su tío asesino, sino también sus propios sentimientos
No obstante, estos aspectos no eclipsan la capacidad de la película para transmitir emociones y explorar el peso de la venganza, sin duda la trama más interesante de la peli. Scarlet, al igual que Hamlet, debe confrontar no solo a su tío asesino, sino también sus propios sentimientos de ira y desesperación. Es en este punto donde Hosoda brilla: la película invita al espectador a reflexionar sobre los límites de la violencia, la posibilidad de perdón y la importancia de mirar hacia dentro para encontrar la paz, incluso cuando el mundo parece empeñado en imponer el caos. Sin duda su reflexión no es la más original del mundo, pero sabe manejarla con una tremenda elegancia y un gran pulso narrativo.
El final de Scarlett, a pesar de predecinle, no es sencillo. Por desgracia me ha parecido excesivamente infantil, en un cambio de tono que no se corresponde con el de resto del metraje. La sensación de que la historia quiere cerrar con un mensaje de esperanza total puede hacer que más de uno levante una ceja ante tanta bondad concentrada. Aun así, es un cierre coherente con el fondo de la película, aunque no con su forma: una obra que combina la crudeza de la pérdida y la venganza con la necesidad de hallar luz en la oscuridad.
Un Hamlet para nuestros tiempos y nuevos espectadores
Scarlett no es, probablemente, la película más brillante de Hosoda si la comparamos con las mencionadas El niño y la bestia o La chica que saltaba a través del tiempo. Sin embargo, sigue siendo un trabajo deslumbrante, capaz de conjugar ambición visual, narrativa emocional y reinterpretación de un clásico que ha sobrevivido más de cuatro siglos. No es poca cosa eso de medirse con Shakespeare y hacerlo desde un terreno tan sobresaturado de oferta como el anime. De ahí que la película triunfe al señalar que incluso historias antiguas pueden sentirse frescas y contemporáneas si se cuenta con talento, pasión y una visión única.
Al final, la reflexión que deja Scarlett se conecta de manera natural con la esencia de Hamlet y la obra de Hosoda: la vida es efímera, la violencia no es la respuesta y el perdón, aunque difícil, es posible. El propio texto original de Shakespeare nos deja un pocas palabras un resumen de la película: "lo que vive, morirá, pasando por la vida hacia la eternidad". Scarlett llega a los cines de España el 27 de febrero de 2026.
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