
China ha pasado de cobrar 2,33 dólares por kilómetro en 2025, a 5,83 dólares en 2026
Empresas como Amazon y Meta ya han empezado a notar la escasez
El punto más estrecho del Estrecho de Ormuz cubre una distancia de algo menos de 50 kilómetros, justo la distancia que pueden recorrer los drones de Irán con fibra óptica. Valiéndose de ese cable para seguir funcionando sin interrupciones aunque reciban hackeos, el problema no es sólo que hayamos alcanzado estas demenciales cotas de destrucción con la tecnología por bandera, también que la bobina de 50 km de cable haya saltado de costar 300 dólares a 2.500.
Con los drones FPV de fibra óptica habiéndose convertido en una pieza clave tanto en Irán como en la guerra entre Rusia y Ucrania, el precio por kilómetro de cable de fibra óptica sigue escalando a una velocidad tan constante que muchas empresas de telecomunicaciones ya hablan de escasez.
China, que se frota las manos mientras dichos países destruyen las fábricas de fibra óptica cercanas a sus capitales, ha pasado de cobrar 2,33 dólares por kilómetro en 2025, a 5,83 dólares en 2026. Lo peor de todo es que el problema no acaba ahí.
Una escasez provocada por drones y centros de datos
Si la fibra óptica de la guerra es un problema, por ser exactamente la misma que utilizamos para nuestra conexiones de internet, y ser también el cableado que aún precisa buena parte de la España vaciada para intentar levantar cabeza y entrar en el futuro de las telecomunicaciones, sumemos ahí que el auge de los centros de datos tampoco ayuda.
Si una compañía como Steam quiere hacer una ampliación de servidores, a partir de ahora no sólo tiene que pensárselo dos veces antes de hacerlo, es que tal vez ni pueda permitírselo. Desde Corning, la mayor productora estadounidense de fibra, reconocen que: "Casi todas las llamadas de mis clientes son para preguntar cómo conseguir más". La fiebre de la IA y sus servidores en la nube, con empresas como Amazon o Meta a la cabeza, está viendo cómo su única opción es empezar a cancelar pedidos y contratos porque el sistema no da más de sí.
No es que necesiten fibra óptica para conectar los centros de datos a la red o entre ellos, es que el interior de los mismos precisa de cantidades ingentes de estas hebras más pequeñas que un pelo humano para funcionar de la forma más óptima.
El resultado es que un puñado de compañías que se encargan de producir la fibra óptica a escala mundial, y que ahora mismo se reparten el grueso de la producción entre China, Estados Unidos y Japón, son incapaces de dar abasto. Y sólo cuando Irán, Rusia y Ucrania den el salto a drones más modernos que se valgan de antenas Starlink o funcionamiento autónomo, podrán respirar un poco más tranquilas.
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