
Una iniciativa une el ganado tradicional con una de las tecnologías punteras
Cuando la industria solar instaló uno de los parques fotovoltaicos más grandes del mundo en el condado de Milam, Texas, resolvió un problema enorme: cómo generar electricidad limpia a escala. Por desgracia, creó otro que nadie había calculado bien, ya que cubrir 1.600 hectáreas de terreno rural con paneles solares necesita mantenimiento para eliminar la hierba que crece entre ellos. ¿La solución? No llega de parte de la tecnología, sino del campo.
La industria solar tiende a depender de cortadoras de césped de gas para eliminar la hierba, pero esto contradice el propósito fundamental de las energías renovables. Así, SB Energy optó por algo radicalmente distinto: contratar un rebaño de 3.000 ovejas para que pasten libremente entre los paneles. Según los compañeros de Xataka, esta solución es perfecta porque las ovejas alcanzan la hierba que las máquinas no pueden, funcionan con cualquier climatología y no emiten gases, así que son más gases que cualquier alternativa mecánica.
Una alianza inesperada entre pasado y futuro
La historia tiene un protagonista concreto: JR Howard, un pastor de ovejas local que no imaginó que la llegada de una planta solar a su comarca iba a transformar su negocio. Así, lo que empezó como una solución práctica para una empresa de energía acabó convirtiéndose en una segunda vida para un sector ganadero en declive que, sorprendentemente, ya cuenta con 8.000 animales y 27 empleados.
El negocio de la lana y la cría ovina lleva años perdiendo terreno, pero la agrivoltaica (el aprovechamiento simultáneo de un mismo suelo para generar electricidad y mantener ganado) está abriendo una salida inesperada para muchos ganadores. De hecho, no se trata de un caso aislado, ya que la Asociación Estadounidense de Pastoreo Solar reporta actividad en 27 estados del país con 60 nuevos proyectos en marcha. Por ello, ha surgido un término que el sector ya utiliza: pastoreo solar.
Lo interesante del modelo es que los beneficios van en las dos direcciones: mientras las plantas solares reducen costes de mantenimiento y eliminan emisiones asociadas al cuidado del terreno, los ganadores encuentran en los parques solares una demanda estable de sus servicios que no depende del precio de la lana o la carne. Además, bajo los paneles también proliferan insectos beneficiosos como las abejas y fomentan una vegetación con un entorno más favorable que en los campos agrícolas convencionales.
Cuesta encajar esta imagen a primera vista, ya que nadie imagina a miles de ovejas pastando entre hileras de tecnología en pleno Texas, pero la contradicción es solo visual. En el fondo, la lógica es impecable: si el suelo bajo los paneles tiene que mantenerse de alguna forma, lo lógico es que lo haga produciendo valor. En este escenario, parece que una parte del futuro pasa por ovejas pastando entre paneles solares.
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