Si al ver el tráiler de Dune 3 piensas que se ve diferente a las pelis anteriores, es verdad, y hay dos motivos

Dune: Parte Tres cambia su estilo visual : cómo la historia, la lluvia y la fotografía influyen en el nuevo aspecto del planeta

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Si has visto el primer tráiler de Dune: Parte Tres, seguramente te hayas quedado ojiplático con su acción épica y espectacular. No es para menos, Denis Villeneuve es un director tremendo y se maneja como pocos con este tipo de producciones. Pero si eres de los que va al detalle y fan de Dune de esos que paran el avance fotograma a fotograma, te habrás dado cuenta de que el aspecto de esta nueva película de la saga ha cambiado un poquito respecto a las dos entregas anteriores. La película parece menos… ¿naranja? ¿saturada? ¿contrastada? Pues no estás loco: este primer avance realmente refleja un cambio estético, y hay dos motivos claros, uno narrativo y otro técnico.

La metamorfosis cromática de Arrakis

La transición visual observada entre la conclusión de Dune: Parte Dos y el tráiler de Dune: Parte Tres no constituye meramente una actualización estilística superficial. Estamos ante una reconfiguración del universo cinematográfico de Frank Herbert. Este cambio estético responde a factores internos y externos: una evolución narrativa profunda centrada en la transformación ecológica de Arrakis y un relevo técnico crucial en la dirección de fotografía, con Linus Sandgren al frente, tomando el relevo de Greig Fraser. La combinación de la terraformación especulativa y la alquimia física del celuloide de gran formato genera una nueva gramática plástica que redefine la experiencia del espectador en esta conclusión de la saga de Paul Atreides.

En el cierre de esta adaptación de Villeneuve, el planeta Arrakis deja de ser solo un desierto implacable y se convierte en un escenario en plena transformación, donde la introducción de humedad y vegetación altera la luz, el color y la percepción del paisaje. Este cambio prepara al público para una historia más introspectiva y política, centrada en Paul y la intriga que rodea a su imperio, reflejando que el planeta y sus habitantes evolucionan junto con la trama. Desde la primera novela, Dune ha estado intrínsecamente ligada a la ecología. Frank Herbert se inspiró en proyectos reales, como los esfuerzos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para estabilizar dunas en Oregón. Villeneuve lleva este subtexto ambiental a su clímax en la tercera película, que adapta Dune Messiah. El salto temporal de 17 años permite que los efectos de la yihad de Paul y el programa de terraformación de los Fremen sean visibles. Este tiempo narrativo se traduce en cambios visuales evidentes: la arena sigue presente, pero ya hay signos de humedad y vegetación, lo que modifica radicalmente la paleta de color.

El salto temporal de 17 años permite que los efectos de la yihad de Paul y el programa de terraformación de los Fremen sean visibles

El sueño de los Fremen, iniciado por Pardot Kynes y continuado por Liet-Kynes, de convertir Arrakis en un planeta verde, empieza a materializarse. En el tráiler se puede observar la presencia de lluvia, un fenómeno que antes parecía imposible en Arrakis. Esta humedad altera la atmósfera y la dispersión de la luz. Mientras que en las dos primeras películas predominaba la dispersión de Mie (fenómeno físico de la luz) por partículas de polvo y especia, que generaba tonos ocres y sombras densas, la llegada del vapor de agua introduce dispersión de Rayleigh, aumentando la separación cromática y suavizando las sombras. La luz se vuelve más fría, los cielos adquieren un azul más profundo y los verdes emergentes contrastan con las arenas, creando un paisaje más dinámico y menos monótono.

Liet-Kynes en Dune: Parte Uno

Del legado de Fraser al estilo vibrante de Sandgren

Si la narrativa proporciona la justificación biológica y climatológica, la transición de Greig Fraser a Linus Sandgren explica el cambio técnico. Fraser, ganador del Oscar por la primera película, no pudo regresar por sus compromisos con el biopic de The Beatles dirigido por Sam Mendes y Proyecto Salvación. Su sucesor, Sandgren, trae una sensibilidad distinta, marcada por su predilección por el color saturado y la fotografía analógica. Mientras Fraser empleaba cámaras digitales con transferencia a película, Sandgren apuesta por rodaje íntegramente en 65 mm, incluyendo formato IMAX de 15 perforaciones. Según explican en Y.M. Cinema, esta decisión ofrece una separación de color, un manejo de las altas luces y una textura que el digital no puede igualar. La película de 65 mm permite una mayor riqueza en los tonos de piel y viveza en los cielos. Sandgren convierte el grano en parte integral de la imagen, confiriendo a Arrakis una cualidad más "viva". 

Imagen de Dune: Parte Tres

La transición técnica también refleja la narrativa: mientras las dos primeras películas se centran en la guerra y la supervivencia, Mesías de Dune, la novela que sirve de eje narrativo de esta tercera película, es más introspectiva, enfocada en la política y la desilusión de Paul, y la fotografía de Sandgren captura cada detalle del envejecimiento y desgaste de los personajes. El rodaje en Budapest y Abu Dhabi implicó un desafío técnico: la disciplina extrema necesaria para rodar en 65 mm. A diferencia del digital, donde los errores se corrigen en postproducción, la película requiere precisión en cada fotograma. Cada secuencia de exteriores, con la luz intensa del sol sobre la arena, exige un manejo experto del rango dinámico. Las cámaras IMAX de 15 perforaciones se reservan para los momentos más espectaculares: la guerra santa y los gigantescos gusanos de arena. En contraste, las cámaras de 5 perforaciones capturan la intimidad de los pasillos de Arrakeen y los rostros de los personajes, acentuando la topografía emocional de sus expresiones.

Este enfoque técnico se transforma un efecto semántico: el color y la luz se convierten en metáforas de la transformación de Arrakis y del poder de Paul. La introducción de verdes y amarillos más vivos señala la decadencia y complejidad del imperio, mientras que los antagonistas, como Scytale interpretado por Robert Pattinson, se presentan con sombras teatrales que reflejan su naturaleza engañosa y camaleónica. El resultado es un cambio visual que no es caprichoso, sino profundamente lógica con la historia. La trilogía cierra así de manera coherente: de la brutalidad lumínica de Fraser a la vibrancia fotoquímica de Sandgren, del desierto a la lluvia, del digital al analógico, capturando no solo la historia de Paul, sino la evolución de un planeta entero. 

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