Jane Goodall te enseñó a amarlos y respetarlos, ahora el cine te demuestra que no has entendido nada
Según datos de IERE (The Institute for Environmental Research and Education), en Estados Unidos se registraron entre 2000 y 2020 al menos 30 ataques graves protagonizados por grandes primates en zoológicos, laboratorios o propiedades privadas. En África no existen estadísticas oficiales contrastables, pero la expansión humana hacia los hábitats de estos primos evolutivos ha provocado no pocos conflictos entre personas y colonias de chimpancés. Y es que seguimos sin interiorizar una obviedad incómoda: hablamos de animales emocionalmente complejos, territoriales, extremadamente inteligentes y con una fuerza física tremenda, capaces de levantar hasta 300 kilos y ejercer una presión que supera los 500. Sin ser yo especialista en la materia, intuyo además que tienen ciertos problemas con la gestión de la ira.
Soy de la opinión de que los animales, y cuanto más inteligentes, con más motivos, deben disfrutar de una vida en libertad en sus entornos naturales. Aun así, hay quien cree que son una mascota estupenda. No voy a juzgar a nadie, pero a veces la cosa sale mal, por mucho que tengas a tu disposición una lujosa mansión en Hawái. Ese es, precisamente, el argumento y escenario de Primate, una de las últimas sensaciones del cine de susto y gore que llega a nuestras pantallas con algo de retraso este próximo 6 de febrero.
Un mono, una casa de lujo, gente guapa y una idea muy clara
Dirigida por Johannes Roberts y coescrita junto a Ernest Riera, Primate no engaña a nadie desde su primer minuto. Aquí hay un chimpancé doméstico, Ben, integrado en el seno de una familia acomodada, y hay rabia. Literalmente. Tras ser mordido por una mangosta infectada, el animal se convierte en una amenaza imprevisible que obliga a un grupo de jóvenes a refugiarse en el único lugar seguro de la casa: una piscina suspendida al borde de un acantilado.
Johnny Sequoyah encabeza el reparto como Lucy, la hija que regresa a casa tras años fuera; Troy Kotsur, ganador del Oscar por CODA, interpreta a un padre ausente, escritor de éxito y sordo, cuya condición no es un truco narrativo sino un elemento de tensión real; y Miguel Torres Umba se mete, literalmente, en la piel de Ben a través de un trabajo físico y de efectos de maquillaje que sorprende por su credibilidad. Todo ocurre en menos de 90 minutos, con un ritmo que no concede tregua y una premisa que se explica sola: alguien bajito y peludo con muy mala leche haciendo todo tipo de barrabasadas.
Eficacia, mala leche y un oficio incuestionable
Lo mejor de Primate es su claridad de intenciones. Roberts sabe exactamente qué película quiere hacer y cómo hacerla. Hay un amor evidente por el cine de terror de los 80 y 90, por los creature features sin complejos, por Cujo, por ejemplo, por ese terror de asedio (aquí una piscina) que se convierte en una trampa mortal. Es una película sincera, tampoco pretende engañar a nadie. Vas a ver una peli de un mono que mata gente, y ya.
La violencia es explícita, inventiva y francamente desagradable. Mandíbulas arrancadas, cráneos aplastados, caídas con remate incluido. Es tan exagerado que uno no puede evitar reírse, claro. Primate aprovecha su calificación R en Estados Unidos y no mira atrás. La puesta en escena, el trabajo con la oscuridad, el sonido, o su ausencia, en las escenas que adoptan el punto de vista del personaje de Kotsur, y una banda sonora de sintetizadores muy a lo John Carpenter, hacen el resto. Como ejercicio de género, es eficaz y, para quien busque ese tipo de experiencia, incluso disfrutable.
si eres habitual de 3DJuegos, sabrás que no soy fan de este tipo de cine y no disfruto viendo como le arrancan la cara a nadie de un tirón, por muy mono que sea el protagonista, así que nos comparto el entusiasmo de algunos colegas de la prensa, como mi compañero Tomás Andrés de Sensacine, que se lo ha pasado estupendamente con ella. Pero entiendo que a pesar de ser una película con una premisa muy tonta y que no quiere más que entretenernos durante algo menos de 90 minutos, hay cierta crítica a temas interesantes como las enfermedades mentales degenerativas en el núcleo familiar, la violencia sexual o los padres ausentes.
También creo que, sin esforzarse demasiado, la película lanza un mensaje bastante claro: quizá no sea la mejor idea tener como mascota a un animal capaz de reventarte la cabeza a puñetazos. No es exactamente una tesis revolucionaria, pero en tiempos de vídeos virales y exotización de lo salvaje, tampoco está de más recordarlo.
Terror, mascotas y una tendencia inquietante
No quiero ser yo un paladín de la primatefobia. Confieso que los primates me generan tanta ternura como respeto, y me duele infinito verlos atrapados en circos y zoológicos en lugar de correteando por sus junglas, que es donde pertenecen. Pero entre el estreno de Primate y la también reciente Good Boy, empiezo a preguntarme hasta dónde va a explotar Hollywood el filón del terror con animaletes de compañía. Porque no nos engañemos: hay gente con iguanas, servales, suricatos, mapaches… y, si eres torero, incluso un tigre. y mientras haya beneficios, la industria del cine parece no hacerle ascos a nada. El género de terror, además, siempre está especialmente atento a las ansiedades colectivas, y parece haber encontrado aquí un nuevo espejo incómodo.
Para terminar, dos curiosidades: Históricamente nunca ha tenido un caso indígena de rabia hay registros de casos humanos o animales de casos importafos, y Joe Abercrombie, uno de mis escritores de género favoritos, y cada día el de más gente, tiene un pequeño cameo en Primate. Un detalle simpático en una película que, con todas sus limitaciones, sabe exactamente a qué ha venido. Después de verla, eso sí, es muy probable que el chiste de tienes más peligro que un mono con un cuchillo (y sus infinitas variantes) deje de hacerte gracia durante una buena temporada.
En 3DJuegos | She no es una película para recordar, pero hace 30 años ya adelantaba todo lo que me gusta hoy de Fallout
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